lunes, 28 de agosto de 2017

Polinización y dispersión ¿Amenazada?

"Solo se protege lo que se ama, y solo se ama lo que se conoce."
-Anónimo.

Anteriormente comenté en este blog sobre la polinización de las flores y dispersión de las semillas en las plantas con flor o angiospermas. Estas interacciones planta-animal son sumamente importantes para la vida, llegando a impulsar la creación de nuevas especies y a crear ecosistemas más ricos en especies y resilientes. Hoy en día, sin embargo, la polinización y dispersión podrían verse perturbadas por le ser humano. Seguramente muchos han escuchado del colapso de la colmenas o bien que "las abejas se están extinguiendo". Esto se refiere a una serie de problemáticas que están pasando las abejas melíferas o domésticas (Apis mellifera) relacionados con parásitos como la Varroa destructor, la contaminación con pesticidas neonicotinoides, y el mal manejo que se hace en ocasiones de las colmenas como es la trashumancia en busca de cultivos en flor, y quién sabe cuantos otros factores las estén afectando. Resulta lógico conocer a las abejas y su problemática: son animales domésticos y que podemos ver con relativa facilidad, además de darnos un alimento muy nutritivo como es la miel. Lo que no resulta lógico, sin embargo, es que la mayoría ignore que en Chile hay más de 450 especies de abejas nativas, que varían en tamaño, forma, color y hábitos de la abeja doméstica.

Diversidad de abejas nativas (foto de Pablo Vial).

Siendo la abeja de miel un animal doméstico necesario para la industria de frutales y apicola, es lógico pensar que se tomarán medidas para su protección pero ¿Y qué hay del resto de abejas en Chile? Pues como cabe pensar, los mismos factores que afectan a las domésticas pueden afectar a las salvajes y a ellos se les agrega la pérdida de hábitat, pues algunas requieren condiciones específicas que no pueden encontrar en el campo o las ciudades. El medioambientalista Pablo Vial, quien aporta con fotos para este blog, lleva años con la misión de fotografiar a todas las especies de abejas nativas con el fin de darlas a conocer y promover así su conservación. Parte de su trabajo puede ser visto en el siguiente blog:


Si las abejas nativas son desconocidas por sus labores imagínense las moscas. Muchas de ellas cumplen funciones de polinización en estado adulto y científicos del Instituto de Entomología de la UMCE llevan en marcha el proyectos Moscas florícolas de Chile, el cuál invita a la comunidad a colaborar subiendo fotos de moscas visitando flores indicando datos como la localidad, especie de planta, época del año, etc. Gracias a los aportes de gente común han ido generando una base de datos que no ha hecho mas que aumentar el conocimiento que se tiene sobre estos insectos y su rol como polinizadores. Uno de sus aportes mas significativos ha sido la identificación de una especie de mosca que había desaparecido para la ciencia desde hace más de 40 años: Myopa metallica. Invitamos a los lectores del blog a unirse a su grupo en Facebook y colaborar con fotografías.

Lasia corvina, una peculiar mosca nativa que gusta de visitar flores (foto de Bernardo Segura).

Podríamos esperarnos que distinta abejas polinicen, incluso moscas pero ¿Y qué hay de las baratas? ¿O mamíferos, o reptiles? Resulta que existen en Chile baratas o cucarachas pertenecientes al Género Moluchia que visitan flores nativas y se piensa que pueden estar implicadas en los procesos de polinización. El proyecto Molukia, pequeños guardianes del litoral, llevado a cabo por los entomólogos Constanza Schapheer, Cristián Villagra y Alejandro Vera, se ha dedicado a estudiar las baratas molukia con el fin de revelar su posible labor polinizadora. Los dejamos invitados, nuevamente, a seguirlos en su página homónima en Facebook para que se vayan enterando de esta y otras labores que cumplen.
Por su parte los mamíferos tienen un representante polinizador en Chile, en el extremo norte: el murciélago longirostro o de nariz larga (Platalina genovesium) poliniza flores mientras las visita en busca de néctar y su rostro se cubre de polen. Si la mayoría ignoraba que murciélagos o baratas visiten flores imagínense cuantos otros animales lo hacen y no se sabe nada sobre ellos. ¿Quien sabe si pequeños mamíferos como roedores o marsupiales visiten flores en los árboles o a ras del suelo, o si lagartijas las visitan en busca de insectos y terminan polinizando, o hasta babosas y caracoles del desierto florido? ¿Quien sabe qué otros animales ayudan en uno de los procesos más importantes de la naturaleza y que en Chile, para variar, está tan poco estudiado?

Molukias sobre flor nativa (foto sacada del siguiente link: http://www.molukia.cl/)

La destrucción del hábitat es una problemática importante para todos estos animales y, obviamente, para las especies vegetales que son destruidas por la acción de maquinarias en los procesos de urbanización o para dejar paso a cultivos o zonas ganaderas con herbívoros que las depredan hasta hacerlas desaparecer. Y estamos perdiendo todo ello ignorando los procesos que se dan allí.
Urge replanetear la forma como construimos las ciudades de modo que su avance protega las áreas ricas en vegetación o, incluso, deje áreas de poca vegetación sin tocar pues pueden ser refugio o zonas de cría de polinizadores. Para las zonas ya urbanizadas, podrían recuperarse espacios en desuso para la colocación de especies vegetales nativas y así como el arbolado urbano. Tenemos a lo largo de Chile multitud de especies adaptadas a los diversos climas y que pueden usarse para este fin. Eso volvería las ciudades, que tradicionalmente son zonas pobres en biodiversidad, mas amigables con estos animales a la vez que brindan nuevos territorios a la flora que fue extirpada en los procesos de urbanización. Cada uno puede aportar en sus casas plantando esta flora incluso en departamentos con flora nativa.


Diversos polinizadores en flora, todos nativos, en un jardín en Santiago (foto de Juan Pablo Salgado).

La continua alteración medioambiental por las causas mencionadas ha generado una pérdida de polinizadores, lo que ha traído en consecuencia el uso de especies exóticas para cumplir su función como es la abeja doméstica. Es decir, un servicio que antaño la naturaleza entregaba gratuitamente como es la polinización de cultivos (recordemos que papas, choclos, porotos, etc son cultivos prehispánicos) ahora debe pagarse. Mas simple aún: la degradación ambiental se traduce en el pago por servicios que antes eran gratuitos.

Abeja muy posiblemente nativa en una planta, al parecer, romero, planta introducida (foto de Pedro Va).

Recordemos que luego de la polinización las flores generan el fruto y con ello las semillas. Las semillas recurren a diversas estrategias para diseminarse: ser arrastradas por agua o viento, dejarse caer y que la pura gravedad las lleve a otros sitios o bien recurrir a algún animal para que la transporte ya sea enganchado en alguna parte de su cuerpo, enterrándolo bajo tierra o en su tracto digestivo para ser defecado junto a una porción de fertilizante. Muchos de nuestros frutos nativos son pequeños y se ven dispersados por aves. La ventaja de esto es que las aves pueden desplazarse una gran distancia y sortear incluso las agrestes ciudades, defecando las semillas en tierras lejanas propicias para estas semillas. ¿Qué pasa con aquellas semillas demasiado grandes para ser dispersadas por aves, viento, o agua? Existen ciertas especies en Chile que tienen este problema: el keule, el lúcumo chileno, belloto del norte y belloto del sur, la palma chilena, entre otras.

Der: palma chilena (Jubaea chilensis); Izq: lúcumo chileno, ambas especies con problemas al carecer de dispersor, aunque se piensa que la palma chilena pueda ser dispersada por el degú (Octodon degu) (fotos de Juan Pablo Salgado).

Muchos creen, con justa razón, que corresponden a anacronismos evolutivos, es decir, poseen adaptaciones para interactuar con especies animales ahora extintas. Resulta que hasta hace mas o menos 10.000 años en Chile vivían especies de grandes mamíferos comos los perezosos gigantes (Megatherium medinae y Mylodon darwini), caballos americanos (Hippidion sp. y Equus sp.), macrauquenias (Macrauchenia sp.) y gonfoterios (Cuvieronius hyodon y Stegomastodon platensis). Estos grandes animales pudieron haber hecho el rol de dispersores de estas semillas, del mismo modo que grandes animales como búfalos, elefantes o hippopotamos desempeñan la misma función en otros lados del mundo. La ausencia de estos animales ha dejado sin dispersores a estas plantas y como resultado su dispersión es casi nula y se han visto recluidos en su mayoría a la cordillera de la costa.

Representaciones de gonfoterios en el Parque pleistocénico, en Osorno (foto sacada del siguiente link: http://www.latercera.com/noticia/municipio-de-osorno-inicia-construccion-de-museo-prehistorico/).

Hoy en día quedan en Chile pocos grandes mamíferos nativos: camélidos (Lama sp. y Vicugna sp.) y ciervos (Hippocamelus sp.) que no son lo suficientemente grandes como para comerse entero con semilla y todo uno de los frutos que mencioné. Quizá el guanaco (Lama guanicoe) haya sido uno de los mas importantes diseminadores de algunas semillas, considerando que antaño habitó casi todo el territorio chileno. Actualmente existe un equipo de científicos del Instituto de Ecología y Biodiversidad de Chile que ha estudiado el rol que estos animales en el espinal. Actualmente se encuentran recaudando fondos para trasladar los guanacos desde su área de estudio, con condiciones más controladas, al Santuario de la Naturaleza Cascada de las Ánimas, en el Cajón del río Maipo, Región Metropolitana, con el fin de ver sus efectos en el bosque nativo. Dejo un link respecto al proyecto a continuación:


Guanacos y llamas (Lama glama) silvestres en la Reserva Nacional Lago Peñuelas (foto de Daniel Cuevas).

Hoy en día el cambio climático puede significar una nueva amenaza para estas y otras especies. Desde hace mas o menos 2 millones de años que la tierra ha pasado por procesos de glaciaciones intermitentes: la tierra se enfría y calienta en ciclos que duran miles de años. A medida que se pasa de glaciación a período interglaciar el clima cambia y la vegetación se desplaza paulatinamente de un lado a otro gracias a sus dispersores. Esa es la razón por la que en el norte chico pueden encontrarse remanentes de bosques similares a los del sur del país como es el bosque de niebla del Parque Nacional Fray Jorge que posee especies más propias de la selva valdiviana y que perduraron allí por la camanchaca que les provee de humedad, mientras que en los alrededores el clima se desertizó.
Sin los grandes animales, ya sea por extinguirse hace miles de años o por ser cazados casi hasta la extinción en tiempos históricos, muchas plantas podían verse en aprietos. Incluso si reintrodujeramos los grandes dispersores ¿Cómo se desplazarían en un Chile altamente intervenido? Lleno de ciudades, carreteras, poblados y zonas con depredadores foráneos como son los perros vagos y asilvestrados. Si nos vamos a replantear la forma como intervenimos el paisaje, como mencioné más arriba, debemos también considerar este proceso. Posibles soluciones son la implementación de corredores biológicos que unan poblaciones animales separadas por carreteras, además de la creación de contínuos de hábitats nativos que permitan también el intercambio genético. Otra solución, muy polémica, es erradicar los perros asilvestrados que predan la fauna nativa y en eso a mi juicio, aunque le duela a los biólogos, los grupos animalistas tienen mucho que aportar al promover continuamente la tenencia responsable, con la creación de centros de rescate de animales abandonados y promoviendo la esterilización de las mascotas. Bueno, entonces ¡A replantearnos todo con tal de conservar la polinización y dispersión de nuestras especies nativas!

domingo, 20 de agosto de 2017

Bioluminiscencia

Medusa peine Beroe gracilis, una especie que se puede encontrar en aguas marinas de Chile central (foto sacada del siguiente link: https://www.scubaboard.com/community/threads/el-no-vis-has-not-left-the-building.453231/)

La bioluminiscencia consiste en la capacidad de algunos seres vivos de generar luz propia. Sorprende la diversidad de especies que pueden generar luz, aunque no está del todo claro para que la usan en algunos casos y, aunque no muchos lo saben, en Chile también están presentes estas singulares criaturas.
¿Cómo se genera la bioluminiscencia? Deben estar presentes tres moléculas: luciferina, luciferasa y oxígeno. La primera es oxidada gracias al oxígeno, reacción acelerada por medio de la luciferasa y ¡Voila!: Se genera luz. Los órganos encargados de generar luz son llamados fotóforos y puede generarla el organismo mismo o bacterias que vivan en su interior.

Partamos por los hongos: sabemos que algunos generan luz en sus cuerpos fructíferos (callampas), y se piensa que pueden estar ligados a la reproducción al atraer insectos que se posan sobre ellos y quedan cubiertos de sus esporas, las cuales transportarán luego a otros lados. Los hongos saben cuando brillar gracias al ritmo circadiano que les permite percibir luz y temperatura y saber cuando es de noche y así brillar.


En los bosques del sur de Chile se han encontrado también hongos luminosos creciendo en la hojarasca de meli (Amomyrtus meli), un árbol nativo. Lo curioso es que este hongo no brilla a través de sus cuerpos fructíferos, si no a través de su micelio, su tejido que se alimenta descomponiendo la hojarasca. El biólogo Benito Rosende, quien colabora con fotografías para este blog, tuvo la oportunidad de ver dichos hongos brillando, aunque previamente debió estar varios minutos contemplando el suelo del bosque de noche, en plena oscuridad pues la sola vista de la luz de las estrellas opacaban la luz de los hongos y volvía difícil encontrarlos. ¿Existirán otras especies chilenas cuyo brillo sea demasiado tenue como para detectarlas a simple vista? ¿Podrán otros animales detectarlas más fácilmente y contribuir a su reproducción? Quizá incluso sirvan a los hongos para espantar predadores. Queda mucho por investigar. 

Los mismos insectos pueden usar la luz para la reproducción. Chile cuenta con diversas especies de luciérnagas o candelillas, como las de los Géneros Nyctophyxix y Pyrophorus, de la familia Elateridae, y varias especies de la familia Lampyridae, las luciérnagas "verdaderas". Dentro de esta familia cada especie posee un brillo característico, así como su propio código de comunicación basado en la intermitencia con que encienden sus luces, la altura a la que vuelan y la trayectoria que describen. Las luces de las luciérnagas Lampyridade provienen de su abdomen y se ven reflejadas por cristales de ácido úrico que las intensifican. Si bien en Chile las especies solo generan luz cuando son larvas, en Norteamérica existen incluso especies capaces de imitar las señales de otras especies para atraerlas y devorarlas.

Fotografía de ejemplares de la colección del naturalista y periodista chileno Sergio Castro Martínez, expuesta en el Pueblito de los Dominicos (foto de Juan Pablo Salgado).

Larva de Lampyridae (foto de Bernardo Segura).

Vesta cincticollis, luciérnaga nativa (foto de Bernardo Segura).

El dominio indiscutido de las criaturas luminosas son las profundidades del océano. Allí la luz solar no penetra y sus habitantes viven en una noche perpetua. Es un ambiente extremo y pocas especies pueden vivir en él, pero sorprendentemente la mayoría de las que si lo hacen generan luz propia, estimando algunos científicos que entre un 80 y 90% de ellos son capaces de hacerlo. No es solo la oscuridad la limitante para la vida: también las altas presiones a las que se ve sometida, por lo que la vida aquí es escasa. Estos tres factores han propiciado la aparición de predadores que utilizan la luz para atraer a sus presas en vez de gastar energía en buscarlas. Algunos de los mas conocidos son los rapes o pejesapos, de cuerpo compacto y con una aleta en su frente similar a una antena con un señuelo en su extremo que contiene bacterias luminosas que el rape enciende  a voluntad. Solo las hembras brillan y sus señuelos varían en forma según la especie. Antaño se creía que la forma buscaba atraer presas diferentes pero análisis del contenido en los estómagos de estos peces muestra que comen mas o menos lo mismo, por lo que se ha postulado que la forma del señuelo le ayuda a ser identificada por el macho de la especie correcta, el cual no brilla y necesita a la hembra para sobrevivir. El macho es mucho más pequeño y no posee fotóforos. Se la pasa buscando una hembra y al encontrarla la muerde y queda fijo a ella. Con el tiempo su cuerpo se funde al de ella e incluso sus sistemas circulatorios se unen. Así la hembra obtendrá del macho esperma cada vez que lo requiera.
Existen muchas especies de rape, y en Chile contamos con Melanocetus johnsonii, en el norte del país*, especie en la cual el macho no se funde a la hembra y luego de fertilizarla se desprende, no sabiendose que es lo que hace luego para sobrevivir

Melanocetus johnsonii frente a las costas de Norteamérica.

Los peces víbora o peces diablo (Chauliodus sloani y Ch. vasnetzovi) también son predadores que se valen de la bioluminiscencia para cazar en las profundidades en el norte de Chile. Estos peces poseen fotóforos a lo largo de su cuerpo que le ayudan a cazar. Pertenecen al Orden de los Stomiiformes, al cuál pertenecen diferentes especies bioluminiscentes presentes en Chile, como los peces hacha de plata, con especies como las del Género Argyropelecus o Sternoptyx que usan la luz no para cazar, si no para esconderse. En las profundidades, a medio camino entre la superficie y el fondo marino, no existen lugares donde esconderse y los peces que nadan en estas aguas pueden ser vistos desde a bajo por predadores que ven su silueta a contraluz con el débil brillo que llega desde arriba. Los peces hacha de plata han solucionado este problema adoptando una silueta esbelta y por si fuera poco, poseen fotóforos en su vientre que emiten luz idéntica a la que llega desde la superficie.


Ejemplos de anzuelos bioluminiscentes, todos tienen en común el color azúl (fotocapturas de la serie "Planeta Azul", de la BBC, episodio 2).

La mayoría de las luces de estos animales son azules, ya que son más visibles en las oscuras aguas. Por lo mismo la única luz que perciben es la azul. Por lo mismo también  muchos animales son de color rojo, el cuál no es visible para muchos predadores y así evitan ser descubiertos. Un predador nativo, sin embargo, es capaz de verla e incluso posee fotóforos que emiten luz roja. Se trata de Pachystomias microdon, cuyos fotóforos se encuentran cerca de sus ojos y con ellos busca iluminar criaturas rojizas que, ignorando que son visibles al predador, ni siquiera intentan huir.


Existen especies marinas que usan la luz como defensa:  algas microscópicas que brillan cuando las captura un predador, copépodos que emiten sustancias que brillan después de algunos segundos y confunden al predador o que brillan para comunicarse, camarones, ostrácodos y peces que segregan mucosas luminosas que confunden a su predador e incluso lo dejan visible a sus propios predadores. Pero al parecer ninguno de ellos está presente en Chile**... ¿O sí? Chile cuenta con miles de kilómetros cuadrados de Océano, dentro de los cuales está la Fosa de Atacama, con hasta 5.560 metros de profundidad, y la Triple Unión, donde convergen las placas de Nazca, Sudamericana y Antártica. Solo es cuestión de tiempo para que los investigadores encuentren más de estas maravillosas criaturas luminosas.

* Esta información la obtuve del libro "Océano", de la editorial Cosar.
**Por lo que pude investigar

miércoles, 19 de julio de 2017

Rescatados de la extinción

Huemul (Hippocamelus bisulcus) uno de los mayores íconos de la conservación en el país (foto de Bernardo Segura).

Hace tiempo escribí una entrada acerca de las especies extintas en Chile en tiempos históricos. Casos lamentables que se dieron en nuestro país y que significan una pérdida irrecuperable. Hoy en día, y cada vez más, se toma conciencia acerca de la importancia de mantener la biodiversidad y evitar la extinción de las especies tanto por un valor intrínseco que poseen, como por su relevancia para el normal funcionamiento de los ecosistemas, lo cuál repercute en nuestras vidas.

Pero en un ambiente de pesimismo general muchas personas dan por sentado que la extinción de animales y plantas es una consecuencia del "progreso" y que es poco o nada lo que se puede hacer para evitarlo. Pues bien, les mostraré casos en que una gestión adecuada y fuerza de voluntad pueden revertir la situación crítica de algunas especies que estuvieron a punto de extinguirse.

Uno de los ejemplos más conocidos es el del oso panda (Ailuropoda melanoleuca), especie carismática que estuvo a punto de desaparecer si no es por el esfuerzo de entidades de varios países que aunaron fuerzas para el desarrollo de planes de reproducción en cautiverio que ayudaron a aumentar su reducido número. Incluso se creó un algoritmo para reproducirlos entre ejemplares de tal manera que tuviera la mayor diversidad genética posible y así disminuir el riesgo de enfermedades congénitas. Años de esfuerzo han dado frutos y el 2016 esta especie pasó de considerarse En Peligro de Extinción a Vulnerable según la UICN ¡Incluso se han liberado ejemplares en sus antiguos bosques! Todo el trabajo realizado por tanta gente durante tanto tiempo seguramente harán volver este bello animal a sus bosques primigenios en China, Birmania y Vietnam.


Otra especie que estuvo a punto de desaparecer fue el orix árabe (Oryx leucoryx), nativa los desiertos de la Península Arábiga. La caza excesiva hizo desaparecer esta especie de gran parte de su territorio natural llegando a quedar 8 ejemplares en libertad, siendo necesaria la reproducción en cautiverio a partir de ejemplares de zoológicos. Nuevamente el trabajo dio frutos y actualmente mas de 500 ejemplares vuelven a vagar en los desiertos árabes en busca de pastos entre las arenas del desierto, como hicieron desde siempre.

Manada de oryxes en libertad (fotocaptura de la serie "Arabia salvaje" de la BBC, episodio 1).

El caballo de przewalski (Equus ferus prxewalskii) también se salvo gracias al trabajo en conjunto de diversos zoológicos que los reprodujeron en cautiverio. Este equino nativo de las estepas de Asia central tiene la particularidad de ser el único caballo 100% salvaje, diferenciándose de aquellos caballos como los encontrados en libertad en Norteamérica que descienden de caballos domésticos.
El caballo de przewalski llegó a extinguirse por completo en estado salvaje, pero actualmente existen algunos cientos de ejemplares bien adaptados a las estepas luego de su reintroducción, llegando incluso a reproducirse en libertad.


Ni las aves se salvan: producto del envenenamiento por comer cadaveres de animales cazados con balas de plomo, así como el choque eléctrico con cables de luz casi hacen desaparecer al cçondor de california (Gymnogys californianus), el ave voladora más grande de Norteamérica y muy importante en el folclore de pueblos nativos de su zona de distribución, en California y Baja California. En un momento se capturaron y reprodujeron en cautiverio los últimos ejemplares silvestres, aumentando su población, siendo en ocasiones asistidos por veterinarios quienes alimentaban a los polluelos usando títeres, para que las aves no terminaran "creyéndose" humanos. Actualmente ya ha sido reintroducido en Estados Unidos y México.

Polluelo de cóndor de California (foto sacada de www.wikipedia.org).

Los ecosistemas insulares son proclives a generar especies nuevas, y muchas veces las especies que surgen no desarrollan medios para defenderse de predadores foráneos, pues en las islas no suele haber muchos predadores. Fue así como la petroica de la Chatham (Petroica traversi) estuvo al borde de la extinción, llegando a contar con solo 5 individuos. Nativo de las islas Chatham, en Nueva Zelanda, libres de predadores naturales, esta pequeña ave nunca se enfrentó a los predadores foráneos que introdujera el ser humano en su hábitat. Sumado a eso se talaron los bosques donde esta especie habitaba para habilitar terrenos agrícolas. Esta especie tenía un inconveniente: se reproducía muy lento. A algún ingenioso se le ocurrió asistir a las petroicas robando sus huevos y colocándolos al cuidado de otras aves. Las petroicas hembras al ver su nido sin huevos colocaba mas de modo que se aumentó al doble su tasa reproductiva. Actualmente hay cerca de 250 individuos.

Foto sacada de www.wikipedia.org

Lamentablemente Chile también tiene historias de especies al borde de la extinción. ¡Pero hay esperanza! Del mismo modo que en los casos anteriores se logró salvar a aquellas especies, en Chile hemos tenido grandes éxitos. ¡Incluso hemos ayudado a otros países a hacerlo! En Ecuador la vicuña (Vicugna vicugna) se vio extinguida producto de la actividad humana. Para traerla de vuelta, Perú y Chile aportaron con 1600 ejemplares que fueron reintroducidos a su hábitat y hoy la especie está completamente reinserta en dicho país.

Foto de Bernardo Segura.

Otro ejemplo notable es el de los guanacos del Parque Nacional Torres del Paine. Poco después de creado este parque se realizó el primer censo de guanacos, que contabilizó 280 ejemplares. Siete años después, en 1983, más tarde su numero alcanzó los 812. En agosto del año 1994 se contabilizaron 2645 guanacos, y en el censo de 2010 realizado para la COMUNA (no el parque) Torres del Payne se contabilizaron cerca de ¡4 mil guanacos! Ciertamente esto se debe a la creación del parque, en donde estos animales no deben temer al hombre pues adentro su caza está prohibida.

Guanacos en Torres del Paine (foto de Bernardo Segura).

Otro gran animal nativo que se está luchando por proteger es el huemul, uno de los tres ciervos nativos el cual ha sido criado y reproducido en cautiverio por la Fundación Huilo Huilo, y el año 2016 fueron liberados en la Reserva Huilo Huilo dos ejemplares machos jóvenes. La especie llevaba 30 años ausente en la zona, hasta ese momento. La elección de aquellos ejemplares se debe a que al ser jóvenes debiesen tener mayor capacidad para adaptarse que individuos viejos que han pasado toda su vida en cautiverio. Además, es mejor que hayan sido machos pues las hembras son muy valiosas ya que son ellas quienes tienen a las crías. Se le está haciendo un seguimiento a estos huemules para evaluar que tan bien se adaptan a la vida silvestre, en espera de futuras reintroducciones.


Quizá el ejemplo más notable de una especie chilena rescatada de la extinción total no es de un animal, si no de una planta...el último árbol nativo de Rapa Nui, el toromiro (Sophora toromiro). La deforestación continuada y durante siglos que sufrió la isla, primero por parte de los rapa nui y luego por los afuerinos, llevó a la especie a la extinción en estado silvestre, llegando a quedar un solo ejemplar creciendo en una de las laderas del volcán Rano Kau, el cuál fue eventualmente talado. De manera independiente y sin conocimiento del otro, dos personas extrajeron semillas de este último ejemplar y se las llevaron a Europa en donde fueron reproducidos. Actualmente diversas entidades, entre ellas el Jardín Botánico Nacional y CONAF, se han dedicado a reproducir este singular árbol que incluso se ha vuelto a plantar en la isla.

Excelente documental sobre el toromiro realizado por CONAF Rapa Nui.

A pesar de estos esfuerzos aún queda muchísimo por hacer. En todo Chile los perros asilvestrados son una seria amenaza para el guanaco y el huemul, así como para nuestra fauna en general, al darles caza y matarlos, muchas veces sin siquiera alimentarse de ellos. El toromiro por su parte parece no poder adaptarse bien a los suelos de la isla, y se piensa que quizá había alguna especie de hongo o bacteria simbiótica de la que dependía y que ahora podría estar extinta en la isla.

En todo el mundo diversas organizaciones están luchando continuamente por salvar especies al borde de la extinción. Todos podemos aportar con un granito de arena ya sea donando a dichas organizaciones, o combatiendo los factores que las afectan. Estos ejemplos nos demuestran que con voluntad y acción podemos salvar el preciado patrimonio natural que tenemos ¡El que quiere, puede!

lunes, 10 de julio de 2017

Las aves cantoras de Chile

Siete colores (Tachuris rubrigastra) (foto de Benito Rosende).

Las aves canoras o cantoras son todas aquellas pertenecientes al Orden de los Passeriformes, que involucra muchas familias y especies diferentes. Por decirlo de una forma menos técnica, son casi todos los "pajaritos" que andan volando por allí, en bosques, el campo o la ciudad, aunque la verdad es que han logrado llegar a una gran variedad de hábitats. Para la gente de ciudad, son las aves canoras los animales silvestres que más frecuentemente pueden ver y, por lo mismo, aquellos que suelen quedar en el olvido y despertar poco interés por la cotidianidad con que los vemos. La verdad, es que la diversidad de estas avecillas y sus particulares formas de vida los vuelven dignos de interés y, créanlo o no, me atrevo a presumir que son las pequeñas aves canoras quienes ayudaron a inspirar las sociedad como la vivimos hoy en día.

El nombre "aves cantoras" se debe a su peculiar costumbre de cantar para entregarse mensajes entre sí. Quizá para nosotros parezca cotidiano, pero si se fijan, los animales en general son muy callados. Quizá los únicos igual de parlanchines, además de ellas y nosotros, sean los anfibios. Pero estos cantan solo en época de reproducción. Los pajarillos cantan por esto y más: delimitar territorios, advertir la presencia de un predador, etc.
En Chile es bien conocido el canto del chincol (Zonotrichia capensis), cuyo canto territorial se asemeja a la frase "¿Dónde está mi tío Agustín?", o el ruidoso canto de los tordos (Curaeus curaeus), cuya diversidad de cantos, que además realizan en parvadas, es un verdadero deleite. Las tencas (Mimus thenca) no se quedan atrás y son capaces de imitar el canto de otras aves para complementar el propio. De hecho la tenca pertenece al Género Mimus (como "mímica"), que se llama así por su costumbre de imitar otras aves.
El canto del chincol es un canto territorial que advierte a otros chincoles de su presencia, de modo que debe ser notorio y fuerte. Otros cantos, como el que se emite en presencia de un depredador, son cortos y agudos, de modo que resulta difícil detectar el lugar de donde proviene, a la vez que advierte a otros pájaros de la zona. Por el contrario, cantos estruendosos le hacen saber al depredador que los pájaros lo han descubierto, o buscan distraer a atención de este para que no encuentre las nidadas.
¿Se han fijado que durante las mañanas las aves suelen cantar mucho más? Existen distintas posibles explicaciones a este fenómeno, que no son excluyentes. Algunos dicen que se debe a que en ese momento los insectos aún no están activos y es difíciles detectarlos, de modo que es un buen momento para otras actividades como cantar. Otros a que la contaminación acústica suele ser menor, por lo que se escucharían mejor, sumado a que en el aire frío de la mañana se transmite mejor el sonido.

Chincol cantando.

Habiendo tantos pajaritos por ahí ¿Como diferenciarlos? La mayoría de ellos son pequeños y se mueven rápido. ¿Como se diferencian entre ellos? Se sabe que en la naturaleza a veces las especies se confunden y se cruzan creando híbridos, ¿cómo evitar esto? La respuesta está en el color. Aves como el cometocino (Phrygilus gayi y P. patagonicus) presentan cabeza gris azulada, alas y cola oscura y cuerpo amarillento, mientras que el yal (P. fruticeti), pariente cercano del cometocino, presenta un marcado dimorfismo sexual, es decir, diferente apariencia entre macho y hembra, siendo el primero de tonos grisáceos y oscuros con el pico amarillo y la hembra de color pajizo con el pico pardo oscuro.
¿Y que pasa con aquellas aves que lucen todas de un mismo color? Tordos (Curaeus curaeus), mirlos (Molothrus bonariensis), runrun (Hymenops perspicillatus), triles (Agelasticus thilius), etc. son todos de un color negro, pero se diferencian en detalles como el color de sus ojos, patas, pico, etc. Seguramente entre ellos no se ven completamente negros en plumaje debido a que las aves ¡pueden ver la luz ultravioleta! Y seguro que parte de su plumaje tiene este color.

Der: tordo; Izq: Trile (fotos de Alejandro Aguilar).

La forma del pico nos permite diferenciarlos también, pero no a nivel de especie, si no de Familia. Las avecillas de Icteridae, por ejemplo los tordos, triles y loicas (Sturnella loyca), poseen picos similares a la punta de una flecha. La familia Tyraniidae, donde están el diucón (Xolmis pyrope) y el fifío (Elaenia albiceps) también tiene un pico característico de forma similar en todas las especies y que se acomoda a su dieta insectívora. La excepción de la familia es el mero (Agriornis sp.) cuyo pico termina en un gancho, similar a las aves rapaces, y que ha surgido producto de su alimentación. El mero busca presas más grandes que simples insectos, comiendo arañas pollito y lagartijas. Muchas familias comparten picos cortos y gruesos que sirven por lo general para comer semillas.
El rol en la dispersión de semillas es sumamente importante en las aves cantoras. La mayoría de frutos nativos son pequeños, ideales para estos animales, que los engullen y diseminan luego las semillas en sus excrementos. Las aves son muy buenas dispersoras ya que suelen recorrer mayores distancias más rápido en vuelo que lo que recorren por tierra los mamíferos u otros animales terrestres. Esta labor la desempeñan incluso en las ciudades, donde ayudan a la dispersión de especies ornamentales foráneas como el ligustro (Ligustrum sp.).

Diuca (Diuca diuca), un ave típicamente granívora (foto de Benito Rosende).

Fiofío comiendo frutos de litre (Lithraea caustica) (foto de Paula Vásquez).

Las aves canoras se cuentan entre los animales más adaptables, y muchas especies han probado suerte en campos y ciudades, donde la presencia de depredadores es escasa, contándose entre ellos halcones peregrinos (Falco peregrinus), chunchos (Glaucidium nanum) y peucos (Parabuteo unicinctus) por ejemplo, y por supuesto los gatos domésticos (Felis silvestris catus). Pese a su presencia, que es escasa, las aves canoras medran con mucho éxito en nuestras ciudades, donde muchas especies viven de manera permanente, como los zorzales o las tórtolas, que llegan a nidificar en la ciudad. Estas y otras especies han aprendido a sacar provecho del ordenamiento territorial que ha hecho el ser humano, aprendiendo donde obtener agua para beber y alimento. Muchos se habrán percatado que en jardines inundados al regarlos dan cita a zorzales. Estos han aprendido que en los terrenos inundados es posible obtener alimento, que seguramente consiste en lombrices.
Otras aves visitan las ciudades en ciertas épocas del año, como los cachuditos (Anairetes parulus) que bajan de la precordillera al valle central y en lugares como santiago encuentran comida y refugio.
Puede que haya otros razones menos obvias del por qué los pajaritos se vienen a la ciudad. Resulta que el concreto que cubre gran parte de nuestras ciudades emite el calor absorbido durante el día, generando una isla de calor en medio a los parajes naturales y campos, cuyas variaciones de temperatura son mas abruptas. En Roma, Italia, los estorninos acuden en bandadas de cientos o quizá miles para pasar el invierno por esta razón y es posible que el fenómeno se repita aquí.

Halcón peregrino llevándose a su presa, en Santiago. La presa, sin embargo, no es un ave canora, si no una paloma (Columba livia) (foto de Francisco Lira Cuadra).

Estorninos en Roma.

Sin duda las ciudades pueden ser refugio para avecillas, para deleite nuestro, y quizá les vaya mucho mejor que en la naturaleza. ¿Por qué no ordenar nuestra ciudades para hacerlas más amigables a esta y otra fauna? ¡Que las ciudades sean refugio de vida silvestre! Para ello seguramente habrá que tomar ciertas medidas, como el uso de flora nativa cuyos frutos sean apetecidos por las avecillas, como el maqui (Aristotelia chilensis), el arrayán (Luma apiculata) o el chequén (Luma chequen). Estos árboles tienen en común su follaje perenne que brinda sombra y limpia el aire todo el año, y sus frutos pequeños y morados, apetecidos por las avecillas. Quizá zonas en donde la contaminación acústica sea menor pueda aprovecharse el espacio para llamar a las aves silvestres. Su canto nos recuerda la conexión con la naturaleza que muchos intentamos recuperar y es mucho más fácil hacerlo sin ruidos de fondo. Se sabe que esto afecta incluso a las aves que, al vivir en ciudades ruidosas, han aprendido a cantar más fuerte para poder escucharse entre sí.
Las luces de la ciudad también afectan a las avecillas, y el exceso de esta genera cambios conductuales: ¡Las aves duermen menos!
Aún así hay que considerar que las distintas especies tienen requerimientos distintos e importantes. Por ejemplo, muchas aves consumen hojas o frutos que pueden tener sustancias tóxicas y deben automedicarse consumiendo arcillas que neutralizan los venenos de su dieta, las cuales serían difíciles de conseguir en la ciudad, como hacen al parecer los cometocinos en la siguiente foto:

Foto de Cesar Antonio Martinez Martinez.

La cercanía con estas aves en nuestro diario vivir puede generar un desinterés en algunos, pero lo cierto es que su cercanía ha permeado en la cultura y folclore popular, estando presentes en multitud de mitos y leyendas, como aquellas que asocian al diucón con el mandao, ave leal a los brujos del sur de Chile que es enviado a espiar a la gente. O la historia del por qué la loica tiene  su pecho rojo, ya que se manchó con sangre. ¡Incluso se ve su importancia al llamarle diuca al pene! En la música encontramos referencias a nuestras aves canoras también y necesaria es la mención de Lorenzo Aillapán, miembro del pueblo mapuche y destacado en diversas áreas como la antropología, las artes y, quizá más que por lo anterior, por ser declarado "hombre pájaro" dentro de su cultura al interpretar y rescatar el canto de las aves otorgándoles un significado dentro de su cosmovisión. Búsquedas rápidas en www.google.cl o www.youtube.com permiten ver parte de su obra y entrevistas.

"Cuando fui para la pampa llevaba mi corazón contento como un chirigüe pero allá se me murió. Primero perdí las plumas y luego perdí la voz ¡y arriba quemando el sol!" parte de la letra de "Arriba quemando el sol" de la cantautora Violeta Parra.

Chirihue o chirigüe (Sicalis luteola) (foto sacada de www.avesdechile.cl).

El alcance de las aves canoras va incluso mas allá. Seguramente quienes están leyendo esto están conscientes de la lucha por el medioambiente. Pues bien, parte importante de esta lucha se empezó en Estados Unidos, en los siglos XVIII y XIX con gente como John James Audubon, artista y ornitólogo que recorrió su país pintando la fauna nativa. Él pintó las aves nativas de su tierra en su hábitat natural. La creciente destrucción de los bosques vivida en su época lo llevó a percatarse de que las aves ya no estaban presentes y con ello se sentaron las bases para entender que la destrucción del hábitat traía aparejada la desaparición de la fauna y, con ello, a la larga el estudio de los ecosistemas y la conservación.
Hasta la tierra que pisamos podría deber su nombre a un pájaro. El nombre de "Chile" tiene un uso prehispánico, y muchos piensan que una pequeña avecilla que pasa desapercibida entre los totorales de los cuerpos de agua puede haber originado con su canto el nombre del país. Esa ave es el Trile.

Trile hembra (foto de Alejando Aguilar).

miércoles, 14 de junio de 2017

La Flor de la Perdiz (Oxalis perdicaria)

Foto de Juan Pablo Salgado

Se trata de una pequeña hierba, muy común en la zona central de Chile (presente también en otros países como Brasil y Argentina), pero que por su pequeño tamaño suele pasar desapercibida. Crece a ras de suelo en zonas abiertas del bosque esclerófilo, como los espinales, en donde el espino (Acacia caven) es el árbol dominante y tanto su follaje abierto como el distanciamiento entre árboles permiten la abundancia de flor de la perdiz*.
Como el resto de las plantas del género Oxalis, la flor de la perdiz cuenta con un bulbo que le permite sobrevivir bajo tierra los períodos de vacas flacas, que en la zona central viene a ser el verano, creciendo en invierno y primavera con las lluvias.
Posee una conspicua flor amarilla que se abre en invierno y representa en esta época una de las escasas fuentes de néctar en el bosque esclerófilo y que se encuentra disponible tanto para polinizadores nativos como para la exótica abeja de miel (Apis mellifera).

Ejemplares creciendo en torno a un excremento de zoro (Lycalopex sp.), son las hojas tiernas que parecen de trébol (foto de Juan Pablo Salgado).

Algunas variedades de flor de la perdiz son cultivadas por horticultores debido a la belleza de sus flores, con ejemplares de flores más grandes y con otros tonos de amarillo.
En Bangladesh, India, son usados extractos de esta planta para combatir la diarrea en niños, acorde a lo leído en el link que dejo a continuación. Resulta curioso que se reporte su uso en medicina tradicional en un lugar tan alejado como la India, y quizá corresponda a un error de clasificación de otros Oxalis que pueda ser nativo de allá, o bien que se haya propagado allá a través del cultivo de variedades ornamentales.


*Observación personal

domingo, 23 de abril de 2017

Documental: "Oro chilote"

Dejo este muy buen documental que nos cuenta sobre la problemática en Chiloé de la extracción del ponpón (Sphagnum sp.), musgo nativo muy importante para el ciclo del agua en la Chiloé.


miércoles, 19 de abril de 2017

Monumento Natural El Morado


Muchas personas tienden a sinonimizar los conceptos conservación y preservación, si bien corresponden a cosas diferentes y los alcances de su definición pueden determinar de manera tajante la conformación de un territorio en la medida de que se preserva o conserva. Mientras que la preservación se refiere a la administración de un lugar, objeto, ente o fenómeno lo más intacto posible, sin realizar extracción de recursos de él, ni usarlo de tal manera que se altere, la conservación se refiere a la administración de un lugar, objeto, ente o fenómeno de al manera que podamos extraer sus recursos o proveernos de sus servicios de manera sustentable y sostenible en el tiempo, es decir, que no comprometa la integridad de lo que se conserva, y buscando su restauración.
Bajo estas definiciones surgen las Reservas Nacionales, Parques Nacionales y Monumentos naturales, administrados en Chile por la Corporación Nacional Forestal.
Las Reservas Nacionales tienen fines de conservación del patrimonio natural del país, encontrándose en su interior tanto zonas de bosque nativo, como plantaciones con fines productivos de especies exóticas como pino insigne (Pinus radiata) o eucalipto (Eucalyptus sp.), reflejando su carácter conservativo. Un ejemplo es la Reserva Nacional Lago Peñuelas, ubicada en la V Región.
Los Parques Nacionales tienen un fin preservativo y comprenden grandes superficies, buscando englobar ecosistemas particularmente diversos que muestren gran biodiversidad de modo de dejarlos amparados bajo su protección. Un ejemplo es el Parque Nacional Archipiélago Juan Fernández, ubicado en el archipiélago homónimo y que presenta altísimos niveles de endemismos a nivel de flora y fauna.
Los Monumentos Naturales, al igual que los parques, tienen fines de preservación, sin embargo se diferencian en la superficie que abarcan que es menor y en que buscan proteger un ente o fenómeno natural en particular en vez de una gama de ecosistemas, tanto por su valor ecológico como por su valor cultural.

Bajo el alero de Monumento Natural, el 19 de julio año 1974 se establece el Monumento Natural El Morado el cuál pretende proteger el fenómeno de avance del glaciar colgante San Francisco. Ubicado a 93 kilómetros de Santiago, el área comprende 3009 hectáreas de cordillera que abarcan formaciones vegetacionales como el matorral esclerófilo andino y la estepa altoandina, emplazado en un circo glaciar formado por el San Francisco. Su cumbre más alta es el cerro el Morado, con mas de 5000 metros sobre el nivel del mar y que le da el nombre al lugar, si bien el cerro quizá mas importante sea el cerro San Francisco, donde se ubica el glaciar homónimo, y a cuyos faldeos se encuentra la laguna Morales. Como es de esperarse en la zona, el deshielo de las nieves y el glaciar alimenta numerosos afluentes que finalmente tributan al río Morales.

Posee especies vegetales endémicas como el frangel (Kageneckia angustifolia) especie que marca el límite de la vegetación arbórea, o el cactus Austrocactus spiniflorus endémico de la cordillera de la Región Metropolitana. En total hay alrededor de 300 especies de flora, entre nativa y exótica.


Austrocactus spiniflorus (foto de Juan Pablo Salgado).

En cuanto a la fauna nativa, esta se caracteriza por su pequeño tamaño y por sus altos niveles de endemismo. Un ejemplo es el cururo (Spalacopus cyanus), roedor de color negro que habita en colonias bajo tierra, endémico de Chile, o aves como el picaflor cordillerano (Oreotrochilus leucopleurus) que también se encuentra en Bolivia y Argentina. Si bien la fauna suele ser pequeña, destaca de entre ellas el cóndor (Vultur gryphus), ave carroñera de hasta 2,5 metros de envergadura emblemática de la cordillera y quizá la más fácil de reconocer de entre la avifauna nativa.

Existe evidencia de que el ser humano ha visitado el área desde hace miles de años. El pueblo chiquillán, actualmente extinto y del que no queda ningún descendiente directo, ocupó la zona estacionalmente en busca de piezas de caza tales como el guanaco, que ya no está presente en el Morado, y vegetales comestibles. Es probable que la zona fuese también ocupada de manera esporádica por picunches, rama nortina del pueblo mapuche y actualmente también extinta culturalmente, debido a que se anexó al imperio Inca. Dicho imperio, que ocupó el valle de Santiago, realizaba incursiones en la cordillera, al encontrar en ella sitios ceremoniales sagrados para adorar tanto a las montañas mismas como a Inti, el dios sol, y para lo cuál requería de yanaconas (indios de servicio) pertenecientes a las etnias anexadas al imperio. Recodemos el hallazgo de el Niño de El Plomo, niño dado en ofrenda humana a los dioses en un rito Inca, y que se encontró en el cerro El Plomo, fuera del cajón del maipo.

Si bien actualmente no quedan chiquillanes, picunches o incas que ocupen estos territorios, se pueden ver reminiscencias de su cultura en los huasos del lugar: sus rutas de transhumancia en las que arrean el ganado de una pastura a otra, el folclore e historias relatadas de una generación  a otra o en el uso de hierbas medicinales o para consumo, etc.

Para poder llegar desde Santiago se debe tomar la ruta G-25, de modo que se puede pasar por el sector de Las Vizcachas, El Manzano y San José de Maipo, todos lugares icónicos del cajón. Luego de algunos kilómetros después de cruzar el Puente San Gabriel se encuentra una bifurcación. Se debe seguir el camino de la izquierda de modo que se llega a la localidad de Baños Morales, villorrio cercano a la confluencia del río Morales y el río el Volcán. Si se viaja en vehículo particular, este debe dejarse en el villorrio y caminar hacia el acceso al monumento, que se encuentra en el mismo, y que solo se puede acceder a pie ya que no cuenta con estacionamiento para turistas.


La alameda subre las casa de Baños Morales, visto desde el Morado (foto de Juan Pablo Salgado).

Al ser Monumento está prohibido acampar, si bien cuenta con un sendero que parte desde la administración hasta el glaciar San Francisco y que durante el invierno solo está funcionando los tres primeros kilómetros ya que la nieve del sector vuelve peligroso el tránsito el resto del tramo. Este se debe realizar a pie, quedando prohibido el ingreso de caballos al Monumento, así como cualquier otro tipo de ganado o mascotas. Durante la temporada estival el horario de ingreso del público es de 08:00 a 13:00 hrs, mientras que en temporada de invierno es de 08:00 a 12:30 hrs, de modo que se garantice que las últimas personas en entrar tengan tiempo para llegar al glaciar y volver antes del cierre.

Todas estas medidas son necesarias para la preservación del lugar, evitando que los visitantes consuman leña y haya riesgo de incendios, o que se permita el ingreso e animales que puedan transmitir enfermedades o depreden a la fauna y flora nativa alterando la composición de su ecosistema, y obviamente para la misma seguridad de los visitantes. La preservación del glaciar San Francisco ha traído aparejado un aumento en el desarrollo de la vegetación nativa al excluir total o parcialmente el ingreso de ganado, ofreciendo una vista similar a la que se tenía la vegetación original en la cordillera de la Región Metropolitana. Aún así, ocasionalmente se puede ver ganado caballar o caprino en el interior, debido a que los lugareños los dejan pastando a pesar de la prohibición existente. Según me comentó un funcionario, el ganado caprino es fácil de fiscalizar debido a que son pocas las personas dueñas de esas cabras, pero en el caso de los caballos es más difícil debido a que casi todos los lugareños poseen estos animales. La misma comunidad se ha adaptado a la administración de El Morado y dejan su ganado por la tarde, de modo que pueden pastar toda la tarde y durante la noche dormir allí, ya que los funcionarios sacarán a los animales a la mañana del día siguiente.

Pero no todas las relaciones con la comunidad vienen a generar conflicto: para poder acceder al Monumento se debe llegar y pasar por Baños Morales, poblado que recibe sus nombre de las aguas termales que allí afloran, y que le ha dado la oportunidad de desarrollarse económicamente en base al turismo de aquellas personas que buscan en sus aguas un momento de relajo en tono a la naturaleza. Esta situación se ha visto favorecida por la declaración del Monumento Natural El Morado, al agregarse el afluente de gente que pasa por Baños Morales para llegar a la zona protegida. Así, el poblado no solo se vale de las aguas termales, si no también de su comida tradicional, hospedaje, visitas guiadas a caballo, etc. para desarrollarse económicamente.
Curiosamente, dentro del Monumento está emplazada una cruz de madera en un mirador natural desde donde se puede ver el río, el sector Las Amarillas, el camino que lleva a Baños Morales y el paisaje en general. Dicha Cruz, según se me comentó, ya se encontraba en dicho lugar cuándo se declaró Monumento Natural, y no está claro ni su origen, ni quién le pasa una nueva mano de pintura año a año. En conversaciones con los lugareños, estos han relatado diferentes versiones de su origen: un accidente aéreo en las cercanías, un derrumbe que mató estudiantes más adentro en el sector, entre otros hechos lamentables y que podrían haber motivado a alguien a emplazar la cruz, aunque su origen sigue incierto.

Foto de Camila Torres

No solo las comunidades aledañas tienen un impacto en El Morado: en todo el Cajón del Maipo se vive una tensa situación desde la aprobación e implementación del proyecto Hidroeléctrico Alto Maipo, el cuál involucra la remoción de material rocoso para la instalación de acueductos y otras instalaciones, sin mencionar el uso no consuntivo de las aguas de algunos afluentes en el sector. Las consecuencias ecológicas de semejantes alteraciones se verán en los próximos años, pero socialmente tuvieron un efecto aún antes de su aprobación, generando disputas intestinas por los efectos que traerá a la comunidad. La mayor parte de la energía eléctrica generada en Alto Maipo no está destinada a los poblados del cajón, ni a la población creciente de Santiago, si no a la minera Los Pelambres, que la requiere para sus faenas productivas.
Incluso más allá de las fronteras nacionales, las actividades de la sociedad globalizada surten efecto en los parajes naturales aparentemente imperturbables. El cambio climático global ha generado un aumento en las temperaturas medias anuales, así como una disminución en las precipitaciones, y una mayor concentración de estas en menos eventos al año. Todo ello ha causado que el glaciar San Francisco haya disminuido su volumen y se encuentre actualmente en un proceso de retroceso. Así, el avance continuo de los glaciares desde hace mas de 10.000 años en la ultima glaciación se ha empezado a detener e incluso a retroceder en casos como este.

lunes, 17 de abril de 2017

El pequeño gran universo de los ácaros

Ácaro atrapado en una telaraña (foto de Bernardo Segura).

Más allá de lo que aprecia el común de la gente existe un universo completo a diminuta escala habitado por miles de millones de animales de pequeñísimas dimensiones, tan interesantes como las criaturas que vemos en los documentales del Serengeti africano.
Es el universo de los ácaros: arácnidos de diminutas dimensiones que representan quizá uno de los grupos animales más exitosos, ocupando casi todos los nichos que pudiesen imaginar. De hecho podríamos decir que no es un solo pequeño gran universo de los ácaros, si no muchos, pues cada hábitat que conciban probablemente tenga al menos una especie de ácaro: materia orgánica en descomposición, flores, el subsuelo, entre las plumas, escamas y pelos de diferentes animales, charcos, e incluso en los orificios y dentro del cuerpo de otros animales.
¿Qué son los ácaros? Pues bien, los ácaros son todas aquellas especies que pertenezcan a la Subclase Acari o Acarina, una clasificación taxonómica de las especies. Esta Subclase se divide a su vez en otras clasificaciones pero no viene al caso detallarlas todas.

Estos invertebrados poseen los más variados estilos de vida y adaptaciones que les permiten desenvolverse en su pequeño gran universo. Ciclos de vida acelerados, endogamia forzada, piezas bucales especializadas, garras, generar hilos de seda, ventosas etc., se cuentan entre estas adaptaciones. 
El animal más rápido del mundo es, de hecho, un ácaro. La especie es Paratarsotomus macropalpis, endémico de California, es capaz de recorrer una distancia equivalente a 171 veces la longitud de su cuerpo en un segundo.
Incluso en nuestro rostro viven al menos tres especies de ácaros, Demodex folliculorum es una de ellas. Estos animalillos, que ni siquiera se parecen a los ácaros mostrados en las fotos de este post, viven en el rostro de Homo sapiens, donde descansan en nuestros folículos capilares y salen por la noche para aparearse bajo nuestras narices (y a los lados, y arriba).

El primer par de patas de este ácaro, tan largo, seguramente sirve para percibir su entorno que para caminar (foto de Bernardo Segura).

Estos arácnidos pueden estar muchos mas presentes en nuestras vidas de lo que uno podría imaginar. Por ejemplo, no muchos saben que las garrapatas son en realidad ácaros parásitos. En Chile tenemos especies introducidas como la garrapata del perro (Rhicephalus sanguineus) que parasita a nuestras mascotas y es un chupador de sangre de cuidado. Por supuesto que tenemos garrapatas parásitas nativas, por ejemplo Amblyomma tigrinum encontrada tanto en perros como en zorros o A. parvitarsum, que parasita camélidos como la llama (Lama glama) y la alpaca (Vicugna pacos), ambas encontradas también en ganado doméstico. Incluso el amenazado monito del monte (Dromiciops sp.) es parasitado por Ixodes neuquenensis.
Como ya se comentó, los ácaros han ocupado todos los nichos imaginables y existen ácaros chupasangre en aves, lagartijas y otros invertebrados como la escolopendra chilena (Akymnopellis chilensis) o incluso otros arácnidos como los opiliones.

Izq: Lagartija Liolaemus monticola con dos ácaros sobre su párpado, quizá alimentándose de su sangre; Der: opilión con ácaros color naranja sobre él (fotos de Bernardo Segura).

Además de ser una molestia para otros animales, algunas especies pueden causar dolores de cabeza en la agricultura. En Chile contamos con diferentes ácaros de interés agronómico pues se alimentan de nuestros cultivos. De hecho hay una grupo de ácaros rojos pequeños como un punto que se denominan genéricamente "arañitas rojas", de las cuales comentaré sobre la "falsa arañita roja de la vid" (Brevipalpus chilensis), por ser nativa. La falsa arañita roja es capaz de vivir de diferentes cultivos: vid, cítricos, kiwis, almendros, etc., en donde se ocultan las hembras en otoño, en las partes leñosas como bajo la corteza. En primavera, con los brotes nuevos de las plantas, despiertan y van hacia los brotes para alimentarse. Al alimentarse de los brotes nuevos generan un daño reduciendo el vigor de la planta y disminuyendo su capacidad productiva. Se ha calculado que el rendimiento de los cultivos puede  disminuir entre un 30 y un 40% cuando la falsa arañita roja se encuentra en altas densidades.
Para controlarla se recurre a diferentes medios entre ellos un aliado inesperado: ¡otros ácaros! Se usan en el llamado control biológico, método de control de plagas en el cuál se recurre a predadores para mantener a raya las especies que puedan considerarse dañinas, tanto en agricultura como para la salud humana o en otras situaciones. Para este caso se requiere de los servicios de diferentes especies de ácaros, entre las cuales está Chileseius camposi, que también es nativo.


Pero los ácaros van muchísimo mas allá de las garrapatas y las plagas agrícolas, y nuestros ecosistemas albergan especies que desempeñan diferentes roles.
Nuestras playas, por ejemplo, albergan la llamada meiofauna, que son aquellos invertebrados de pequeñísimo tamaño que viven entre los granos de arena de la zona intermareal. Dentro de estas especies hay ácaros, los cuales destacan porque, a diferencia del resto de meiofauna, éstos tienen un origen terrestre y no marino.

Ácaro en la playa, pasando cerca de un caracol de la zona intermareal (foto de Fernando Medrano).

En tierra firme los ácaros están presentes en el suelo y la hojarasca de los bosques. En los bosques esclerófilos de la zona central puede que los ácaros jueguen un papel importante en el ciclo de los nutrientes. Resulta que en los bosques de la cuenca del mar mediterráneo existen muchas especies vegetales cuyos cuerpos están llenos de aceites esenciales y otros compuestos, muchas veces aromáticos, y al morir las plantas o caer sus hojas, los organismos que generalmente realizan la descomposición no toleran la alta concentración de estas sustancias químicas. Son entonces los ácaros quienes consumen esta materia orgánica y la reintegran a la red trófica. Los bosques esclerófilos de la zona central son muy parecidos a los del mediterráneo porque tenemos el mismo clima y las plantas se adaptan de maneras similares. Haciendo esta comparación podríamos esperar que los ácaros de aquí desempeñen la misma función.

Ácaro aterciopelado del bosque esclerófilo (foto de Bernardo Segura)

¿Recuerdan cuándo les dije que los ácaros estaban en todas partes? En Chile se han encontrado especies incluso dentro de los tallos del junquillo (Juncus procerus), una planta acuática que crece en humedales. El descubrimiento de estos ácaros es llamativo no solo porque se encontraban dentro del parénquima de los tallos, o sea de los tejidos dentro del tallo, si no porque se descubrieron especies que no se sabía que estaban presentes en Chile, ni siquiera que vivían en estos ambientes acuáticos. Dentro del junquillo se encontraron ¡9 Géneros de ácaros! Es decir: por lo menos 9 especies. Dentro de los Géneros encontrados se pueden mencionar Holoparasitus, Cyta y Balaustium, de los cuales no se tenía registro previo en Chile. También se encontraron ácaros del Género Eupodes, el cuál se supone que se encuentra también en la Antártida Chilena con la especie E. wisei. Arrenurus fue otro ácaro encontrado, el cuál pertenece a la familia de los hidracnidos (Hydrachnidae), una familia de ácaros de vida acuática, y que en Chile se cuenta con las especies A. valdiviensis, A. solitarius, A. tenuicollis A. boettgeri.

Junquillo (foto sacada del siguiente link: https://www.flickr.com/photos/fjbn/5500593589).

Dentro del parénquima de las plantas, o dentro las narices de los picaflores, incluso. Por curioso que suene, cuándo los picaflores visitan una flor, pequeñas tropas de ácaros que esperan en la flor se suben a su pico y caminan raudos hacia los orificios nasales del ave, alojándose en su interior. Cuándo el picaflor visite otra flor, los ácaros se bajarán igual de rápidos. Los ácaros podrán alimentarse de néctar o polen que tengan las flores y al hacerlo sus cuerpos podrían verse cubiertos de polen que llevarán a otra planta y contribuir así a la polinización.

Ácaros sobre la flor de una Euphorbia (foto de Bernardo Segura).

Con las diversidad de hábitats que tenemos en Chile: desiertos, bosques mediterráneos, templados, savanas, matorrales, playas de todo tipo, etc., es de esperar que cada hábitat posea sus ácaros específicos, y estos alcancen una gran diversidad. No solo eso, sabemos también que los parásitos muchas veces son específicos para una especie de hospedero (a la que parasitan), y tomando en cuenta que Chile cuenta con un gran porcentaje de especies endémicas, podría esperarse algo similar para sus ácaros parásitos. Pues bien, la respuesta es: no lo sabemos. 
Pasa que la diversidad de ácaros nativos está escasamente estudiada, sobre todo si la comparamos a la asociada a cultivos agrícolas. Urgen especialistas y estudios que nos revelen y clarifiquen la que seguramente es una acarofauna riquísima en endemismos adaptados a nuestras únicas condiciones como país. Esto podría beneficiar tanto a la agricultura como a los proyectos de restauración de ecosistemas, así como la salubridad humana. Tenemos mucho trabajo por hacer.

Foto de Bernardo Segura.