lunes, 12 de febrero de 2018

Un vistazo a las relaciones de Comensalismo en Chile

Homocopris torulosus, una especie comensalista nativa (foto de Benjamín Diaz Núñez).

Ya se habló en este blog sobre el parasitismo y el mutualismo en especies chilenas, ahora llegó el turno del comensalismo, que es un tipo de relación interespecífica (entre diferentes especies) en el que una especie se beneficia de otra sin generarle ningún daño. El ejemplo clásico es el de la rémora y los tiburones. En Chile contamos con las especies Remora crachyptera, Echeneis australis y Echeneis remora. Las remoras poseen en la parte superior de sus cabezas un disco que les permite adherirse a distintas superficies. Estos peces se pegan a tortugas marinas, rayas, tiburones, etc., para desplazarse con facilidad por largas distancias y, en el caso de que los transporte un predador, obtienen alimento de las sobras de la comida de este. Es un claro ejemplo en que un animal se beneficia de otro sin dañarlo. Otro ejemplo clásico es el de las garzas boyeras (Bubulcus ibis), que se acercan al ganado que pasta. Cuando los animales se mueven a través de los campos espantan bichos que escapan de sus pisadas o sus mandíbulas y son detectados y atrapados por las garzas. 

Remoras pegadas a un cetáceo (foto sacada del siguiente link: http://doris.ffessm.fr/Especes/Remora-australis-Remora-des-cetaces-4450)

Un caso similar al de la rémora es el de diversos ácaros que se transportan de flor en flor, donde obtienen su alimento, gracias a los picaflores. Cuando un picaflor visita una flor, entran y salen de sus orificios nasales multitud de ácaros. Algunas especies de pseudoescorpiones hacen algo parecido: con sus pinzas se afirman a una mosca que se pose cerca y la usan para transportarse de un lugar a otro. Estas dos interacciones no están estudiadas en Chile, pero es muy probable que ocurran. Después de todo, no es que en Chile no tengamos especies interesantes, lo que pasa es que falta investigarlas para develar estos y otros comportamientos. A estas formas de comensalismo, en el que una especie usa a otra para transportarse, se le llama foresis.

Pseudoescorpión (foto de Bernardo Segura).

Las plantas también pueden tener relaciones de comensalismo: numerosas especies se han adaptado a crecer sobre plantas de mayor tamaño sin causarle, aparentemente, un daño. Muchos árboles crecen hasta alcanzar grandes tallas, lo que permite la acumulación de hojarasca y tierra en sus ramas, lo que crea un suelo en donde pueden echar raíces otras plantas, que son conocidas como epífitas. Los musgos podrían ser muy importantes en este proceso. Estas plantas no poseen raíces "verdaderas", y en botánica se les llaman "rizoides", y no absorben por ahí los nutrientes. En vez de eso, los absorben a través de sus tejidos verdes: absorben por allí el agua con los nutrientes que vengan disueltos en ella. Como los rizoides solo les sirven para anclarse a un sustrato, pueden crecer directamente sobre la roca u otras plantas, y a medida que mueren se descomponen y llega más musgo, creando suelos que permiten establecerse a plantas más exigentes. En los bosques sureños se puede encontrar multitud de musgos, helechos y planta con flor epifitas que le dan verde al bosque en todas sus alturas. Esto es muy importante pues, de hecho, ahora se sabe que los bosques, principalmente los tropicales eso si, albergan su mayor biodiversidad en las alturas, ya que se aprovecha mejor el espacio disponible y brindan cobijo y alimento a mayor cantidad de animales.

Musgos sobre tronco, y un carpintero negro (Campephilus magellanicus) (foto de Bernardo Segura).

Al comensalismo que consiste en que una especie le brinde hogar a otra sin sufrir daños se le conoce como inquilinismo, y está presente también en nuestra fauna: el cangrejo de porcelana Allopetrolisthes spinifrons se asocia a anémonas Phymactis clematis y P. papillosa, ya que estas poseen tentáculos venenosos que protegen, involuntariamente, al cangrejo. Al parecer los cangrejos de porcelana tendrían un comportamiento territorial y cada anémona solo tendría un ejemplar adulto que, en ocasiones, toleraría la presencia de uno o dos ejemplares pequeños. Aún así, cuando son pequeños, estos crustáceos viven asociados a estrellas de mar hasta que son suficientemente grandes para conseguirse su propia anémona.


Un tercero tipo de comensalismo es la tanatocresia, en el que una especie se beneficia de los restos de otra: su cadáver, restos de su cuerpo, excrementos, etc. Hay multitud de ejemplos en invertebrados nativos. Los escarabajos estercoleros, por ejemplo, muchas veces llamados "toritos" ya que los machos de muchas especies cuentan con un par de "cuernos", se alimentan de y se reproducen en los excrementos de otros animales. Estos bichos poseen adaptaciones como una cabeza con forma de pala que le permite escarbar en la caca, además de un desarrollado sentido del olfato para encontrarla. Algunas especies, como Megathopa villosa, arman bolitas con la caca con la cuál el macho impresiona a la hembra y entierran la bolita donde ponen sus huevos. Otras especies hacen lo mismo en la bosta misma o bajo esta.


Escarabajos estercoleros, vaquitas o toritos (Homocopris torulosus), hembra a la izquierda y macho a la derecha (fotos de Andrés Ramirez Cuadros y Benjamín Díaz Núñez respectivamente).

Los paguros o cangrejos ermitaños hacen lo propio: usan conchas de caracoles muertos para vivir. El cuerpo del cangrejo está hecho para eso: es alargado para enroscarse en la concha, y es suave ya que esta lo protege. A medida que el paguro crece, la concha le va quedando chica y busca otra más grande, llegando en ocasiones a pelearse con otros por un mismo hogar. En algunas islas tropicales existen cangrejos ermitaños terrestres y se piensa que pudieron evolucionar en un inicio ya que al salir del agua, las conchas retenían lo suficiente como para mantenerse cierto tiempo fuera del agua. El cangrejo cocotero (Bijus latro) es una especie tropical (no presente en Chile) de cangrejo ermitaño gigante, de hasta 1 metro de largo con las patas estiradas que se adaptó lo suficiente a la vida terrestre y se volvió un gigante al punto de que ya no usa conchas de caracol. En Chile existen distintas especies, como Pagurus edwarsi, entre otras.

Pagurus edwarsi (foto de Bernardo Segrua).

Una araña aprovechó el exuvia (piel muerta) de una larva de matapiojos que hizo la metamorfosis, para hacer su hogar (foto de Bernardo Segura).

Las hormigas del género Pogonomyrmex son laboriosos insectos coloniales que cosechan semillas y otros alimentos vegetales para alimentar a la colonia. Hasta ahí todo normal para una hormiga, pero lo curioso es que los desechos y restos vegetales son depositados en una suerte de "vertederos" a los cuales asisten otros insectos como escarabajos e incluso otras especies de hormigas para hurgar en busca de alimento. Es notable, a mi parecer, porque es comparable a lo que pasa en vertederos creados por el ser humano que son visitados por palomas, gaviotas e incluso cóndores.

Vídeo de Juan Pablo Salgado.

domingo, 14 de enero de 2018

Litoral chileno: praderas marinas

Pradera marina en Chile (foto sacada del siguiente link: http://www.ed3p.cl/community/news/?locatn=news&action=view_comments&to=76).

Las praderas marinas son ecosistemas poco conocidos que se dan en los litorales de aguas someras en pocos lugares del mundo. Se componen principalmente de plantas con flores, de ancestros terrestres, que han evolucionado para vivir sumergidas en aguas marinas poco profundas. Las hierbas marinas NO son algas. Diferentes especies de "pastos" o "hierbas marinas" crean estos hábitats y para Chile la especie Zoztera chilensis, a veces llamada Heterozoztera chilensis y antaño Heterozostera o Zostera tasmanica, es la responsable de crearlos en unas pocas localidades costeras de las regiones III y IV.

Las praderas marinas alrededor del mundo se componen de especies que se reproducen vegetativamente de forma muy abundante generando rizomas, que son tallos subterráneos, que crecen bajo el sustrato marino, brotando con hojas y raíces y generando así una pradera. Esto tiene dos efectos positivos: anclar la arena y sedimentos del lecho marino con sus raíces, y aprovechar sus nutrientes de manera directa incorporándolos así a la red alimenticia, a diferencia de las algas que no obtienen los nutrientes del suelo marino si no aquellos que están disueltos en el agua. Además, el movimiento ondulante de las hojas de los pastos marinos reduce la potencia de los movimiento de las aguas, volviéndolas más calmas. Estos ecosistemas no solo brindan cobijo a una gran biodiversidad, si no que pueden ser vitales en la lucha contra el cambio climático: estudios en las praderas marinas de Australia han revelado que absorben el doble de dióxido de Carbono disuelto en el mar que la misma superficie de selva tropical, y es posible que ocurra algo similar con las praderas marinas chilenas, tomando en cuenta que las australianas se componen de especies del mismo género, Zostera. Los valores promedio para las praderas marinas son de producción de 1 kg de Carbono en un metro cuadrado al año, es decir, crecen de tal manera que almacenan 1 kg de carbono en los tejidos que generan: raíces, hojas y rizomas.

En Bahía Tiburón, Australia, se extiende una pradera marina de alrededor de 2400 km2 (fotocaptura de la serie de la BBC Planet Earth, episodio Shallow Seas).

De manera paralela a las praderas y sabanas terrestres, las praderas marinas conforman ecosistemas ricos que dan sustento a multitud de animales que se nutren o buscan cobijo en ellas. En el Viejo Mundo los pastos marinos brindan hábitat a grandes rebaños de dugongos (Dungong dugon), y en el Nuevo Mundo grupos de manatíes hacen lo mismo. Estos animales se alimentan casi exclusivamente de hierba marina y son depredados, cuán ñu por un león, por los tiburones que patrullan las praderas.

Izq: dugongo alimetándose; Der: manada de dugongos en Bahía Tiburón (fotocapturas de la película Oceanos, y del episodio Shallow Seas de la serie Planet Earth respectivamente).

Aunque en Chile no tenemos ni manatíes ni dugongos, si contamos con un habitante de las praderas marinas de todo el mundo: la tortuga verde (Chelonia mydas), aunque la subespecie Ch. m. agassizii, del norte de Chile, es llamada tortuga negra por su coloración oscura. Este reptil marino se alimenta de algas, ocasionalmente de pequeños animales marinos y, por supuesto, pasto marino. En nuestro país visitan las praderas de Zostera chilensis los ejemplares juveniles de tortuga negra, mientras que los adultos y subadultos se encuentran en las costas de Norte y Centroamérica según parecen indicar cada vez mas estudios. Estas tortugas provienen de diferentes partes del Océano Pacífico, aunque para Chile y Perú parecen venir aquellas nacidas en el Archipiélago de las Galápagos principalmente. En Isla de Pascua es posible ver a la tortuga verde de la subespecie Ch. m. mydas, llamada localmente "honu", la cual seguramente visita praderas marinas de otras zonas del globo. Quizá fueron estas pasturas las que dieron sustento también al hoy extinto perezoso acuático (Thalassocnus sp.), mamífero cuyos restos fósiles fueron encontrados en Bahía Inglesa.

Tortugas negras en pradera de Zostera chilensis (fotocapturas de la serie Wild Chile, en su episodio "Animalis chilensis", en el siguiente link: https://www.youtube.com/watch?v=D7xEBqIusvI&t=1009s)*

Reconstrucción digital del perezoso acuático (Ilustración sacada del siguiente link: https://alchetron.com/Thalassocnus)

Las praderas marinas constituyen una zona de cría para diferentes peces y mariscos, por lo que tienen una gran importancia al ser las guarderías de especies comerciales como el ostión del norte (Argopecten purpuratus). De hecho, en la localidad de Puerto Aldea las mayores concentraciones de ostión del norte se dan en su pradera marina. Incluso los tallos les sirven de anclaje a algas verdes y rojas que, a su vez, dan sustento a invertebrados marinos como crustáceos caprélidos, jaibas, etc.

Es muy poco lo que sabemos de este ecosistema. De hecho aun no se sabe a ciencia cierta su origen: algunos creen que tiene un origen en Gondwana, el continente prehistórico que contenía a Sudamérica, India, Antártica y Australia, y que eso explicaría por qué en esta última existe una especie similar; otros platean que llegó una semilla de pasto marino de algún otro lugar y que al llegar a Chile se asentó y originó una nueva especie; algunos incluso piensan que puede haber sido introducida accidentalmente por el ser humano producto de sus viajes oceánicos, aunque esta última opción parece la menos fiable al tratarse de una especie endémica y de la relación que tiene con la fauna local.

Pradera marina en el norte de Chile (fotocaptura del siguiente video: https://www.youtube.com/watch?v=8YfwHDbpUbw&t=417s).

Una vez más nos encontramos ante un ecosistema amenazado por la acción humana: a nivel mundial las praderas marinas están sufriendo una disminución en su superficie debido a distintos factores entre los que se encuentran la alteración de su hábitat por un cambio en la temperatura de las aguas o en la turbiedad de estas de modo que dificulta su fotosíntesis. En Chile poco y nada se sabe de estos ecosistemas, y algunas praderas se han visto amenazadas por proyectos energéticos. Destruir estos ecosistemas sería una pérdida por la biodiversidad que albergan, por ser vitales en la renovación de recursos pesqueros, por su ayuda en la lucha contra el cambio climático y seguramente por mucho y mucho más.



*Gente de Wild Chile y de Chilevisión por favor no me maten ni demanden por poner imágenes de su serie documental :(((((((

jueves, 4 de enero de 2018

El litoral chileno: estuarios y lagunas costeras


Los estuarios son ecosistemas que se forman en la desembocadura de los ríos en el mar. Por su localización y la mezcla de aguas dulces y saladas se genera un ecosistema muy rico que contiene elementos de tierra firme y del mar: el embotellamiento de las aguas al desembocar genera una gradiente de salinidad que permite la presencia de peces de agua dulce como diversas especies de pejerreyes o la lamprea de bolsa (Geotria australis) que remonta río arriba desde el mar para reproducirse, o aves marinas como pelícanos (Pelecanus thagus) y muchas especies de gaviotas. Existe mucha vida, razón por la cuál diversas aves migratorias eligen estos lugares como sitios de descanso en sus viajes desde sitios tan lejanos como Norteamérica. Este es el caso de la gaviota de Franklin (Leucophaeus pipixcan) o el zarapito (Numenius phaeopus) que ven en estos lugares sitios de descanso y alimentación. En lugares como la desembocadura del río Aconcagua, entre Concón y Quinteros, se han registrado simultáneamente hasta 30 mil ejemplares de gaviota de Franklin descansando mientras realizan su migración hacia el sur del país.

Cientos de gaviotas de Franklin en el Humedal de Mantagua.

La vegetación puede constar de agrupaciones de totoras (Scoenoplectus californicus) formando totorales, juncos (Juncus sp.) formando juncales, carrizos (Phragmites australis) formando carrizales y vatros (Thypha angustifolia), aunque en su conjunto muchas veces a todas se les llama simplemente totorales. Estas y otras plantas se distribuyen dependiendo de la profundidad del agua, el grado de salinidad o la temporalidad con que están sumergidas y son vitales para mantener estabilizados los bordes del río. Allí anidan multitud de aves como el Siete colores (Tachuris rubrigastra) que es, como dicen algunos, imposible de ver si no es en los totorales. En las lagunas costeras que se forman por barreras físicas que impiden que el río llegue directamente al mar, es posible ver también ver a la tagua común (Fulica armillata), la tagua chica (F. leucoptera) y la tagua de frente roja (F. rufifrons). Estas tres especies pueden tener requerimientos similares, y pueden convivir sin competir eligiendo vivir en zonas diferentes de la laguna: las taguas de frente roja viven en los bordes de las lagunas, las taguas comunes en el centro y las taguas chicas entre medio de estas dos.

Der: taguas comunes; Izq: taguas de frente roja (fotos de Juan Pablo Salgado).

En algunos sitios de los estuarios pueden crecer bosques de sauce chileno (Salix humboldtiana) y diversos matorrales como la chilca (Baccharis salicifolia) que brindan espacios donde las garzas pueden anidar. Un ejemplo notable es el estuario formado por la desembocadura del río Huasco, en la III Región, que alcanza una gran extensión de totorales, praderas inundadas, aguas corrientes y calmas y bosquecillos de sauces. Al encontrarse en una zona desértica, todas las aves acuáticas de la zona se congregan allí, tanto por su gran tamaño como por la escasez de otros humedales. El humedal del río Lluta, en la desembocadura de dicho río, se congrega también mucha fauna y tiene la particularidad de encontrarse prácticamente en el límite Norte de Chile, colindando con Perú, de modo que allí es posible ver aves que no son frecuentes de ver más al sur: habitantes del desierto o ejemplares errantes que llegan de casualidad.

Desembocadura del río Huasco (foto de Juan Pablo Salgado).

Desembocadura del río Lluta (foto sacada de www.wikipedia.org).

Cuando el agua del río se descarga en el mar aporta multitud de nutrientes que enriquecen las aguas y pueden favorecer el crecimiento de bosques de algas que sustentan una variada fauna, e influyen en el crecimiento de plancton: animales o plantas microscópicos que sirven de alimento al krill y otros animales y estos a su vez alimentan a predadores más grandes como las ballenas, incluyendo a las ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae) o la ballena azul (Balaenoptera musculus). Incluso el endémico delfín chileno (Cephalorhynchus eutropia) parece preferir vivir cerca de estuarios, al menos en la zona costera entre Chiloé y Valparaíso.


El ser humano ha venido usando estos espacios naturales desde hace miles de años sin alterarlos de tal manera que se comprometa su calidad de refugio de biodiversidad, pero en los últimos siglos las cosas han cambiado. Al arrastrar todo el material desde río arriba, muchas veces los estuarios vienen cargados con sustancias contaminantes que vierten los asentamientos humanos en los ríos. Estudios realizados en la desembocadura del río Aconcagua han mostrado daños genéticos en el pejerrey de mar (Odontesthes regia) y en la lisa (Mugil cephalus), ambos peces que allí viven y que podrían tener estos daños por las diversas sustancias contaminantes presentes. Además, el continuo desarrollo inmobiliario y cambios en los usos de suelo puede afectar estos ecosistemas al extraer o depositar áridos, desechos de construcciones y basuras varias lo que permite la proliferación de flora exótica invasora capaz de tolerar estas intervenciones en desmedro de la flora nativa. La intervención que se haga aguas arriba puede disminuir el caudal del río o el flujo de nutrientes, afectando las poblaciones de plancton en el mar y con esto, en última instancia, a las ballenas. La destrucción de estuarios dificulta a las aves migratorias realizar sus viajes pues se quedan cada vez con menos sitios de descanso y los que van quedando están mas espaciados entre sí. Es necesario proteger estos importantes enclaves de biodiversidad, que unen la vida marina, terrestre y de agua dulce. Una correcta planificación territorial que contemple estos sitios como prioritarios para la conservación, junto a una efectiva fiscalización para que no sean destruidos de manera ilegal y, por sobre todo, una puesta en valor de estos lugares para el común de la población, son cruciales.

domingo, 24 de septiembre de 2017

El Desierto Florido

Foto de Javier Cruz.

En el norte de Chile se encuentra el desierto de Atacama, el más árido del mundo. Esto quiere decir que es el que posee menos precipitaciones. A consecuencia de esto es también el desierto con menor actividad biológica del mundo, es decir, con menos vida en él.
Cada tantos años ocurre el fenómeno de El Niño: llegan corrientes de aguas cálidas a las costas frente al desierto. Todo esto favorece la evaporación de las aguas superficiales y la formación de nubes, haciendo posible que llueva en el desierto.
El agua que nutre la tierra genera un milagro: el desierto se vuelve una enorme pradera florida con plantas que pueden haber llevado años dormidas. Algunas especies como las patas de guanaco (Cistanthe sp.), y las malvillas (Cristaria sp.) germinan a partir de semillas que permanecían latentes en el suelo, mientras que añañucas (Rhodophiala sp. y Phycella sp.) y huillis (Leucocoryne sp.) poseen estructuras subterráneas desde donde brotan cada vez que hay agua suficiente.

Izq: abeja nativa en flor de malvilla; Der: ácaros en flor de garra de león (Bomarea ovallei) (fotos de Bernardo Segura).

Las plantas son la base de los ecosistemas terrestres y su repentina abundancia en el desierto genera una explosión de vida animal: multitud de insectos se alimentan de las hojas, néctar y polen de las flores; las pajaritos y reptiles se alimentan de estos insectos y son a su vez presa de zorros, aves rapaces y culebras. Algunos de los mayores animales terrestres de Chile: los guanacos (Lama guanicoe), aprovechan también esta sobreoferta de vegetación y se vuelven presa del puma (Puma concolor).

Crías de ratón orejudo (Phyllotis darwini) en su nido (foto de Cristofer Canipane).

Dentro de las especies más características del desierto florido hay que mencionar a las vaquitas del desierto (Gyriosomus sp.), escarabajos endémicos de las zonas áridas de Chile desde la II hasta la V Región. Existen varias especies, todas de color negro con patrones de manchas o rayas blancas que caminan por el suelo, ya que no pueden volar, durante los eventos de floración del desierto, buscando alimento que puede ir desde animales muertos hasta materia vegetal. 

Vaquitas del desierto escondidas en la hojarasca (fotod e Juan Pablo Salgado).

La garra de león es muchas veces cortada por la gente para llevársela a casa, ignorando que impide a la planta reproducirse (foto de Javier Cruz).


Fotos de Juan Pablo Salgado.

Lamentablemente el desierto florido enfrenta varias amenazas. Existe gente que asiste a este espectáculo natural y corta las flores nativas para llevarse un ramo de flores a su casa o solo para tomarse una foto, ignorando el daño que genera al impedir a esas plantas poder reproducirse: es la flor la que da el fruto con sus semillas, al cortarla se interrumpe este proceso. Además, mucha gente pasa en vehículos motorizados por los prados floridos, aplastando, cortando o hasta desenterrando las endebles hierbas. Para el desierto florido del 2017 inclusive se supo de avionetas que aterrizaron en mitad de uno de estos prados, si bien declararon haber tenido fallas técnicas que los obligaron a tal acto. Otro problema lo causan los perros vagos, asilvestrados y domésticos que la gente lleva e incluso abandona en el desierto, y que dan caza a la fauna autóctona, que no sabe como defenderse de estos predadores tan agresivos. A escasa distancia del nido de ratoncitos de la foto de más arriba se encontró una hembra muerta recientemente, con el pelaje babeado, muy seguramente atrapada y muerta por unos perros que andaban en la zona. Un predador como un zorro o un ave rapaz no habría dejado el cuerpo entero tirado.

Ratón orejudo hembra, muerta (foto de Cristofer Canipane).

En otros desiertos también hay floraciones masivas cuando llueve, pero no alcanzan a durar un mes. En el desierto de Atacama, a pesar de ser el desierto más árido del mundo la floración puede durar ¡hasta más de dos meses! Sin duda es un patrimonio que debemos proteger.

lunes, 28 de agosto de 2017

Polinización y dispersión ¿Amenazada?

"Solo se protege lo que se ama, y solo se ama lo que se conoce."
-Anónimo.

Anteriormente comenté en este blog sobre la polinización de las flores y dispersión de las semillas en las plantas con flor o angiospermas. Estas interacciones planta-animal son sumamente importantes para la vida, llegando a impulsar la creación de nuevas especies y a crear ecosistemas más ricos en especies y resilientes. Hoy en día, sin embargo, la polinización y dispersión podrían verse perturbadas por le ser humano. Seguramente muchos han escuchado del colapso de la colmenas o bien que "las abejas se están extinguiendo". Esto se refiere a una serie de problemáticas que están pasando las abejas melíferas o domésticas (Apis mellifera) relacionados con parásitos como la Varroa destructor, la contaminación con pesticidas neonicotinoides, y el mal manejo que se hace en ocasiones de las colmenas como es la trashumancia en busca de cultivos en flor, y quién sabe cuantos otros factores las estén afectando. Resulta lógico conocer a las abejas y su problemática: son animales domésticos y que podemos ver con relativa facilidad, además de darnos un alimento muy nutritivo como es la miel. Lo que no resulta lógico, sin embargo, es que la mayoría ignore que en Chile hay más de 450 especies de abejas nativas, que varían en tamaño, forma, color y hábitos de la abeja doméstica.

Diversidad de abejas nativas (foto de Pablo Vial).

Siendo la abeja de miel un animal doméstico necesario para la industria de frutales y apicola, es lógico pensar que se tomarán medidas para su protección pero ¿Y qué hay del resto de abejas en Chile? Pues como cabe pensar, los mismos factores que afectan a las domésticas pueden afectar a las salvajes y a ellos se les agrega la pérdida de hábitat, pues algunas requieren condiciones específicas que no pueden encontrar en el campo o las ciudades. El medioambientalista Pablo Vial, quien aporta con fotos para este blog, lleva años con la misión de fotografiar a todas las especies de abejas nativas con el fin de darlas a conocer y promover así su conservación. Parte de su trabajo puede ser visto en el siguiente blog:


Si las abejas nativas son desconocidas por sus labores imagínense las moscas. Muchas de ellas cumplen funciones de polinización en estado adulto y científicos del Instituto de Entomología de la UMCE llevan en marcha el proyectos Moscas florícolas de Chile, el cuál invita a la comunidad a colaborar subiendo fotos de moscas visitando flores indicando datos como la localidad, especie de planta, época del año, etc. Gracias a los aportes de gente común han ido generando una base de datos que no ha hecho mas que aumentar el conocimiento que se tiene sobre estos insectos y su rol como polinizadores. Uno de sus aportes mas significativos ha sido la identificación de una especie de mosca que había desaparecido para la ciencia desde hace más de 40 años: Myopa metallica. Invitamos a los lectores del blog a unirse a su grupo en Facebook y colaborar con fotografías.

Lasia corvina, una peculiar mosca nativa que gusta de visitar flores (foto de Bernardo Segura).

Podríamos esperarnos que distinta abejas polinicen, incluso moscas pero ¿Y qué hay de las baratas? ¿O mamíferos, o reptiles? Resulta que existen en Chile baratas o cucarachas pertenecientes al Género Moluchia que visitan flores nativas y se piensa que pueden estar implicadas en los procesos de polinización. El proyecto Molukia, pequeños guardianes del litoral, llevado a cabo por los entomólogos Constanza Schapheer, Cristián Villagra y Alejandro Vera, se ha dedicado a estudiar las baratas molukia con el fin de revelar su posible labor polinizadora. Los dejamos invitados, nuevamente, a seguirlos en su página homónima en Facebook para que se vayan enterando de esta y otras labores que cumplen.
Por su parte los mamíferos tienen un representante polinizador en Chile, en el extremo norte: el murciélago longirostro o de nariz larga (Platalina genovesium) poliniza flores mientras las visita en busca de néctar y su rostro se cubre de polen. Si la mayoría ignoraba que murciélagos o baratas visiten flores imagínense cuantos otros animales lo hacen y no se sabe nada sobre ellos. ¿Quien sabe si pequeños mamíferos como roedores o marsupiales visiten flores en los árboles o a ras del suelo, o si lagartijas las visitan en busca de insectos y terminan polinizando, o hasta babosas y caracoles del desierto florido? ¿Quien sabe qué otros animales ayudan en uno de los procesos más importantes de la naturaleza y que en Chile, para variar, está tan poco estudiado?

Molukias sobre flor nativa (foto sacada del siguiente link: http://www.molukia.cl/)

La destrucción del hábitat es una problemática importante para todos estos animales y, obviamente, para las especies vegetales que son destruidas por la acción de maquinarias en los procesos de urbanización o para dejar paso a cultivos o zonas ganaderas con herbívoros que las depredan hasta hacerlas desaparecer. Y estamos perdiendo todo ello ignorando los procesos que se dan allí.
Urge replanetear la forma como construimos las ciudades de modo que su avance protega las áreas ricas en vegetación o, incluso, deje áreas de poca vegetación sin tocar pues pueden ser refugio o zonas de cría de polinizadores. Para las zonas ya urbanizadas, podrían recuperarse espacios en desuso para la colocación de especies vegetales nativas y así como el arbolado urbano. Tenemos a lo largo de Chile multitud de especies adaptadas a los diversos climas y que pueden usarse para este fin. Eso volvería las ciudades, que tradicionalmente son zonas pobres en biodiversidad, mas amigables con estos animales a la vez que brindan nuevos territorios a la flora que fue extirpada en los procesos de urbanización. Cada uno puede aportar en sus casas plantando esta flora incluso en departamentos con flora nativa.


Diversos polinizadores en flora, todos nativos, en un jardín en Santiago (foto de Juan Pablo Salgado).

La continua alteración medioambiental por las causas mencionadas ha generado una pérdida de polinizadores, lo que ha traído en consecuencia el uso de especies exóticas para cumplir su función como es la abeja doméstica. Es decir, un servicio que antaño la naturaleza entregaba gratuitamente como es la polinización de cultivos (recordemos que papas, choclos, porotos, etc son cultivos prehispánicos) ahora debe pagarse. Mas simple aún: la degradación ambiental se traduce en el pago por servicios que antes eran gratuitos.

Abeja muy posiblemente nativa en una planta, al parecer, romero, planta introducida (foto de Pedro Va).

Recordemos que luego de la polinización las flores generan el fruto y con ello las semillas. Las semillas recurren a diversas estrategias para diseminarse: ser arrastradas por agua o viento, dejarse caer y que la pura gravedad las lleve a otros sitios o bien recurrir a algún animal para que la transporte ya sea enganchado en alguna parte de su cuerpo, enterrándolo bajo tierra o en su tracto digestivo para ser defecado junto a una porción de fertilizante. Muchos de nuestros frutos nativos son pequeños y se ven dispersados por aves. La ventaja de esto es que las aves pueden desplazarse una gran distancia y sortear incluso las agrestes ciudades, defecando las semillas en tierras lejanas propicias para estas semillas. ¿Qué pasa con aquellas semillas demasiado grandes para ser dispersadas por aves, viento, o agua? Existen ciertas especies en Chile que tienen este problema: el keule, el lúcumo chileno, belloto del norte y belloto del sur, la palma chilena, entre otras.

Der: palma chilena (Jubaea chilensis); Izq: lúcumo chileno, ambas especies con problemas al carecer de dispersor, aunque se piensa que la palma chilena pueda ser dispersada por el degú (Octodon degu) (fotos de Juan Pablo Salgado).

Muchos creen, con justa razón, que corresponden a anacronismos evolutivos, es decir, poseen adaptaciones para interactuar con especies animales ahora extintas. Resulta que hasta hace mas o menos 10.000 años en Chile vivían especies de grandes mamíferos comos los perezosos gigantes (Megatherium medinae y Mylodon darwini), caballos americanos (Hippidion sp. y Equus sp.), macrauquenias (Macrauchenia sp.) y gonfoterios (Cuvieronius hyodon y Stegomastodon platensis). Estos grandes animales pudieron haber hecho el rol de dispersores de estas semillas, del mismo modo que grandes animales como búfalos, elefantes o hippopotamos desempeñan la misma función en otros lados del mundo. La ausencia de estos animales ha dejado sin dispersores a estas plantas y como resultado su dispersión es casi nula y se han visto recluidos en su mayoría a la cordillera de la costa.

Representaciones de gonfoterios en el Parque pleistocénico, en Osorno (foto sacada del siguiente link: http://www.latercera.com/noticia/municipio-de-osorno-inicia-construccion-de-museo-prehistorico/).

Hoy en día quedan en Chile pocos grandes mamíferos nativos: camélidos (Lama sp. y Vicugna sp.) y ciervos (Hippocamelus sp.) que no son lo suficientemente grandes como para comerse entero con semilla y todo uno de los frutos que mencioné. Quizá el guanaco (Lama guanicoe) haya sido uno de los mas importantes diseminadores de algunas semillas, considerando que antaño habitó casi todo el territorio chileno. Actualmente existe un equipo de científicos del Instituto de Ecología y Biodiversidad de Chile que ha estudiado el rol que estos animales en el espinal. Actualmente se encuentran recaudando fondos para trasladar los guanacos desde su área de estudio, con condiciones más controladas, al Santuario de la Naturaleza Cascada de las Ánimas, en el Cajón del río Maipo, Región Metropolitana, con el fin de ver sus efectos en el bosque nativo. Dejo un link respecto al proyecto a continuación:


Guanacos y llamas (Lama glama) silvestres en la Reserva Nacional Lago Peñuelas (foto de Daniel Cuevas).

Hoy en día el cambio climático puede significar una nueva amenaza para estas y otras especies. Desde hace mas o menos 2 millones de años que la tierra ha pasado por procesos de glaciaciones intermitentes: la tierra se enfría y calienta en ciclos que duran miles de años. A medida que se pasa de glaciación a período interglaciar el clima cambia y la vegetación se desplaza paulatinamente de un lado a otro gracias a sus dispersores. Esa es la razón por la que en el norte chico pueden encontrarse remanentes de bosques similares a los del sur del país como es el bosque de niebla del Parque Nacional Fray Jorge que posee especies más propias de la selva valdiviana y que perduraron allí por la camanchaca que les provee de humedad, mientras que en los alrededores el clima se desertizó.
Sin los grandes animales, ya sea por extinguirse hace miles de años o por ser cazados casi hasta la extinción en tiempos históricos, muchas plantas podían verse en aprietos. Incluso si reintrodujeramos los grandes dispersores ¿Cómo se desplazarían en un Chile altamente intervenido? Lleno de ciudades, carreteras, poblados y zonas con depredadores foráneos como son los perros vagos y asilvestrados. Si nos vamos a replantear la forma como intervenimos el paisaje, como mencioné más arriba, debemos también considerar este proceso. Posibles soluciones son la implementación de corredores biológicos que unan poblaciones animales separadas por carreteras, además de la creación de contínuos de hábitats nativos que permitan también el intercambio genético. Otra solución, muy polémica, es erradicar los perros asilvestrados que predan la fauna nativa y en eso a mi juicio, aunque le duela a los biólogos, los grupos animalistas tienen mucho que aportar al promover continuamente la tenencia responsable, con la creación de centros de rescate de animales abandonados y promoviendo la esterilización de las mascotas. Bueno, entonces ¡A replantearnos todo con tal de conservar la polinización y dispersión de nuestras especies nativas!

domingo, 20 de agosto de 2017

Bioluminiscencia

Medusa peine Beroe gracilis, una especie que se puede encontrar en aguas marinas de Chile central (foto sacada del siguiente link: https://www.scubaboard.com/community/threads/el-no-vis-has-not-left-the-building.453231/)

La bioluminiscencia consiste en la capacidad de algunos seres vivos de generar luz propia. Sorprende la diversidad de especies que pueden generar luz, aunque no está del todo claro para que la usan en algunos casos y, aunque no muchos lo saben, en Chile también están presentes estas singulares criaturas.
¿Cómo se genera la bioluminiscencia? Deben estar presentes tres moléculas: luciferina, luciferasa y oxígeno. La primera es oxidada gracias al oxígeno, reacción acelerada por medio de la luciferasa y ¡Voila!: Se genera luz. Los órganos encargados de generar luz son llamados fotóforos y puede generarla el organismo mismo o bacterias que vivan en su interior.

Partamos por los hongos: sabemos que algunos generan luz en sus cuerpos fructíferos (callampas), y se piensa que pueden estar ligados a la reproducción al atraer insectos que se posan sobre ellos y quedan cubiertos de sus esporas, las cuales transportarán luego a otros lados. Los hongos saben cuando brillar gracias al ritmo circadiano que les permite percibir luz y temperatura y saber cuando es de noche y así brillar.


En los bosques del sur de Chile se han encontrado también hongos luminosos creciendo en la hojarasca de meli (Amomyrtus meli), un árbol nativo. Lo curioso es que este hongo no brilla a través de sus cuerpos fructíferos, si no a través de su micelio, su tejido que se alimenta descomponiendo la hojarasca. El biólogo Benito Rosende, quien colabora con fotografías para este blog, tuvo la oportunidad de ver dichos hongos brillando, aunque previamente debió estar varios minutos contemplando el suelo del bosque de noche, en plena oscuridad pues la sola vista de la luz de las estrellas opacaban la luz de los hongos y volvía difícil encontrarlos. ¿Existirán otras especies chilenas cuyo brillo sea demasiado tenue como para detectarlas a simple vista? ¿Podrán otros animales detectarlas más fácilmente y contribuir a su reproducción? Quizá incluso sirvan a los hongos para espantar predadores. Queda mucho por investigar. 

Los mismos insectos pueden usar la luz para la reproducción. Chile cuenta con diversas especies de luciérnagas o candelillas, como las de los Géneros Nyctophyxix y Pyrophorus, de la familia Elateridae, y varias especies de la familia Lampyridae, las luciérnagas "verdaderas". Dentro de esta familia cada especie posee un brillo característico, así como su propio código de comunicación basado en la intermitencia con que encienden sus luces, la altura a la que vuelan y la trayectoria que describen. Las luces de las luciérnagas Lampyridade provienen de su abdomen y se ven reflejadas por cristales de ácido úrico que las intensifican. Si bien en Chile las especies solo generan luz cuando son larvas, en Norteamérica existen incluso especies capaces de imitar las señales de otras especies para atraerlas y devorarlas.

Fotografía de ejemplares de la colección del naturalista y periodista chileno Sergio Castro Martínez, expuesta en el Pueblito de los Dominicos (foto de Juan Pablo Salgado).

Larva de Lampyridae (foto de Bernardo Segura).

Vesta cincticollis, luciérnaga nativa (foto de Bernardo Segura).

El dominio indiscutido de las criaturas luminosas son las profundidades del océano. Allí la luz solar no penetra y sus habitantes viven en una noche perpetua. Es un ambiente extremo y pocas especies pueden vivir en él, pero sorprendentemente la mayoría de las que si lo hacen generan luz propia, estimando algunos científicos que entre un 80 y 90% de ellos son capaces de hacerlo. No es solo la oscuridad la limitante para la vida: también las altas presiones a las que se ve sometida, por lo que la vida aquí es escasa. Estos tres factores han propiciado la aparición de predadores que utilizan la luz para atraer a sus presas en vez de gastar energía en buscarlas. Algunos de los mas conocidos son los rapes o pejesapos, de cuerpo compacto y con una aleta en su frente similar a una antena con un señuelo en su extremo que contiene bacterias luminosas que el rape enciende  a voluntad. Solo las hembras brillan y sus señuelos varían en forma según la especie. Antaño se creía que la forma buscaba atraer presas diferentes pero análisis del contenido en los estómagos de estos peces muestra que comen mas o menos lo mismo, por lo que se ha postulado que la forma del señuelo le ayuda a ser identificada por el macho de la especie correcta, el cual no brilla y necesita a la hembra para sobrevivir. El macho es mucho más pequeño y no posee fotóforos. Se la pasa buscando una hembra y al encontrarla la muerde y queda fijo a ella. Con el tiempo su cuerpo se funde al de ella e incluso sus sistemas circulatorios se unen. Así la hembra obtendrá del macho esperma cada vez que lo requiera.
Existen muchas especies de rape, y en Chile contamos con Melanocetus johnsonii, en el norte del país*, especie en la cual el macho no se funde a la hembra y luego de fertilizarla se desprende, no sabiendose que es lo que hace luego para sobrevivir

Melanocetus johnsonii frente a las costas de Norteamérica.

Los peces víbora o peces diablo (Chauliodus sloani y Ch. vasnetzovi) también son predadores que se valen de la bioluminiscencia para cazar en las profundidades en el norte de Chile. Estos peces poseen fotóforos a lo largo de su cuerpo que le ayudan a cazar. Pertenecen al Orden de los Stomiiformes, al cuál pertenecen diferentes especies bioluminiscentes presentes en Chile, como los peces hacha de plata, con especies como las del Género Argyropelecus o Sternoptyx que usan la luz no para cazar, si no para esconderse. En las profundidades, a medio camino entre la superficie y el fondo marino, no existen lugares donde esconderse y los peces que nadan en estas aguas pueden ser vistos desde a bajo por predadores que ven su silueta a contraluz con el débil brillo que llega desde arriba. Los peces hacha de plata han solucionado este problema adoptando una silueta esbelta y por si fuera poco, poseen fotóforos en su vientre que emiten luz idéntica a la que llega desde la superficie.


Ejemplos de anzuelos bioluminiscentes, todos tienen en común el color azúl (fotocapturas de la serie "Planeta Azul", de la BBC, episodio 2).

La mayoría de las luces de estos animales son azules, ya que son más visibles en las oscuras aguas. Por lo mismo la única luz que perciben es la azul. Por lo mismo también  muchos animales son de color rojo, el cuál no es visible para muchos predadores y así evitan ser descubiertos. Un predador nativo, sin embargo, es capaz de verla e incluso posee fotóforos que emiten luz roja. Se trata de Pachystomias microdon, cuyos fotóforos se encuentran cerca de sus ojos y con ellos busca iluminar criaturas rojizas que, ignorando que son visibles al predador, ni siquiera intentan huir.


Existen especies marinas que usan la luz como defensa:  algas microscópicas que brillan cuando las captura un predador, copépodos que emiten sustancias que brillan después de algunos segundos y confunden al predador o que brillan para comunicarse, camarones, ostrácodos y peces que segregan mucosas luminosas que confunden a su predador e incluso lo dejan visible a sus propios predadores. Pero al parecer ninguno de ellos está presente en Chile**... ¿O sí? Chile cuenta con miles de kilómetros cuadrados de Océano, dentro de los cuales está la Fosa de Atacama, con hasta 5.560 metros de profundidad, y la Triple Unión, donde convergen las placas de Nazca, Sudamericana y Antártica. Solo es cuestión de tiempo para que los investigadores encuentren más de estas maravillosas criaturas luminosas.

* Esta información la obtuve del libro "Océano", de la editorial Cosar.
**Por lo que pude investigar