miércoles, 19 de julio de 2017

Rescatados de la extinción

Huemul (Hippocamelus bisulcus) uno de los mayores íconos de la conservación en el país (foto de Bernardo Segura).

Hace tiempo escribí una entrada acerca de las especies extintas en Chile en tiempos históricos. Casos lamentables que se dieron en nuestro país y que significan una pérdida irrecuperable. Hoy en día, y cada vez más, se toma conciencia acerca de la importancia de mantener la biodiversidad y evitar la extinción de las especies tanto por un valor intrínseco que poseen, como por su relevancia para el normal funcionamiento de los ecosistemas, lo cuál repercute en nuestras vidas.

Pero en un ambiente de pesimismo general muchas personas dan por sentado que la extinción de animales y plantas es una consecuencia del "progreso" y que es poco o nada lo que se puede hacer para evitarlo. Pues bien, les mostraré casos en que una gestión adecuada y fuerza de voluntad pueden revertir la situación crítica de algunas especies que estuvieron a punto de extinguirse.

Uno de los ejemplos más conocidos es el del oso panda (Ailuropoda melanoleuca), especie carismática que estuvo a punto de desaparecer si no es por el esfuerzo de entidades de varios países que aunaron fuerzas para el desarrollo de planes de reproducción en cautiverio que ayudaron a aumentar su reducido número. Incluso se creó un algoritmo para reproducirlos entre ejemplares de tal manera que tuviera la mayor diversidad genética posible y así disminuir el riesgo de enfermedades congénitas. Años de esfuerzo han dado frutos y el 2016 esta especie pasó de considerarse En Peligro de Extinción a Vulnerable según la UICN ¡Incluso se han liberado ejemplares en sus antiguos bosques! Todo el trabajo realizado por tanta gente durante tanto tiempo seguramente harán volver este bello animal a sus bosques primigenios en China, Birmania y Vietnam.


Otra especie que estuvo a punto de desaparecer fue el orix árabe (Oryx leucoryx), nativa los desiertos de la Península Arábiga. La caza excesiva hizo desaparecer esta especie de gran parte de su territorio natural llegando a quedar 8 ejemplares en libertad, siendo necesaria la reproducción en cautiverio a partir de ejemplares de zoológicos. Nuevamente el trabajo dio frutos y actualmente mas de 500 ejemplares vuelven a vagar en los desiertos árabes en busca de pastos entre las arenas del desierto, como hicieron desde siempre.

Manada de oryxes en libertad (fotocaptura de la serie "Arabia salvaje" de la BBC, episodio 1).

El caballo de przewalski (Equus ferus prxewalskii) también se salvo gracias al trabajo en conjunto de diversos zoológicos que los reprodujeron en cautiverio. Este equino nativo de las estepas de Asia central tiene la particularidad de ser el único caballo 100% salvaje, diferenciándose de aquellos caballos como los encontrados en libertad en Norteamérica que descienden de caballos domésticos.
El caballo de przewalski llegó a extinguirse por completo en estado salvaje, pero actualmente existen algunos cientos de ejemplares bien adaptados a las estepas luego de su reintroducción, llegando incluso a reproducirse en libertad.


Ni las aves se salvan: producto del envenenamiento por comer cadaveres de animales cazados con balas de plomo, así como el choque eléctrico con cables de luz casi hacen desaparecer al cçondor de california (Gymnogys californianus), el ave voladora más grande de Norteamérica y muy importante en el folclore de pueblos nativos de su zona de distribución, en California y Baja California. En un momento se capturaron y reprodujeron en cautiverio los últimos ejemplares silvestres, aumentando su población, siendo en ocasiones asistidos por veterinarios quienes alimentaban a los polluelos usando títeres, para que las aves no terminaran "creyéndose" humanos. Actualmente ya ha sido reintroducido en Estados Unidos y México.

Polluelo de cóndor de California (foto sacada de www.wikipedia.org).

Los ecosistemas insulares son proclives a generar especies nuevas, y muchas veces las especies que surgen no desarrollan medios para defenderse de predadores foráneos, pues en las islas no suele haber muchos predadores. Fue así como la petroica de la Chatham (Petroica traversi) estuvo al borde de la extinción, llegando a contar con solo 5 individuos. Nativo de las islas Chatham, en Nueva Zelanda, libres de predadores naturales, esta pequeña ave nunca se enfrentó a los predadores foráneos que introdujera el ser humano en su hábitat. Sumado a eso se talaron los bosques donde esta especie habitaba para habilitar terrenos agrícolas. Esta especie tenía un inconveniente: se reproducía muy lento. A algún ingenioso se le ocurrió asistir a las petroicas robando sus huevos y colocándolos al cuidado de otras aves. Las petroicas hembras al ver su nido sin huevos colocaba mas de modo que se aumentó al doble su tasa reproductiva. Actualmente hay cerca de 250 individuos.

Foto sacada de www.wikipedia.org

Lamentablemente Chile también tiene historias de especies al borde de la extinción. ¡Pero hay esperanza! Del mismo modo que en los casos anteriores se logró salvar a aquellas especies, en Chile hemos tenido grandes éxitos. ¡Incluso hemos ayudado a otros países a hacerlo! En Ecuador la vicuña (Vicugna vicugna) se vio extinguida producto de la actividad humana. Para traerla de vuelta, Perú y Chile aportaron con 1600 ejemplares que fueron reintroducidos a su hábitat y hoy la especie está completamente reinserta en dicho país.

Foto de Bernardo Segura.

Otro ejemplo notable es el de los guanacos del Parque Nacional Torres del Paine. Poco después de creado este parque se realizó el primer censo de guanacos, que contabilizó 280 ejemplares. Siete años después, en 1983, más tarde su numero alcanzó los 812. En agosto del año 1994 se contabilizaron 2645 guanacos, y en el censo de 2010 realizado para la COMUNA (no el parque) Torres del Payne se contabilizaron cerca de ¡4 mil guanacos! Ciertamente esto se debe a la creación del parque, en donde estos animales no deben temer al hombre pues adentro su caza está prohibida.

Guanacos en Torres del Paine (foto de Bernardo Segura).

Otro gran animal nativo que se está luchando por proteger es el huemul, uno de los tres ciervos nativos el cual ha sido criado y reproducido en cautiverio por la Fundación Huilo Huilo, y el año 2016 fueron liberados en la Reserva Huilo Huilo dos ejemplares machos jóvenes. La especie llevaba 30 años ausente en la zona, hasta ese momento. La elección de aquellos ejemplares se debe a que al ser jóvenes debiesen tener mayor capacidad para adaptarse que individuos viejos que han pasado toda su vida en cautiverio. Además, es mejor que hayan sido machos pues las hembras son muy valiosas ya que son ellas quienes tienen a las crías. Se le está haciendo un seguimiento a estos huemules para evaluar que tan bien se adaptan a la vida silvestre, en espera de futuras reintroducciones.


Quizá el ejemplo más notable de una especie chilena rescatada de la extinción total no es de un animal, si no de una planta...el último árbol nativo de Rapa Nui, el toromiro (Sophora toromiro). La deforestación continuada y durante siglos que sufrió la isla, primero por parte de los rapa nui y luego por los afuerinos, llevó a la especie a la extinción en estado silvestre, llegando a quedar un solo ejemplar creciendo en una de las laderas del volcán Rano Kau, el cuál fue eventualmente talado. De manera independiente y sin conocimiento del otro, dos personas extrajeron semillas de este último ejemplar y se las llevaron a Europa en donde fueron reproducidos. Actualmente diversas entidades, entre ellas el Jardín Botánico Nacional y CONAF, se han dedicado a reproducir este singular árbol que incluso se ha vuelto a plantar en la isla.

Excelente documental sobre el toromiro realizado por CONAF Rapa Nui.

A pesar de estos esfuerzos aún queda muchísimo por hacer. En todo Chile los perros asilvestrados son una seria amenaza para el guanaco y el huemul, así como para nuestra fauna en general, al darles caza y matarlos, muchas veces sin siquiera alimentarse de ellos. El toromiro por su parte parece no poder adaptarse bien a los suelos de la isla, y se piensa que quizá había alguna especie de hongo o bacteria simbiótica de la que dependía y que ahora podría estar extinta en la isla.

En todo el mundo diversas organizaciones están luchando continuamente por salvar especies al borde de la extinción. Todos podemos aportar con un granito de arena ya sea donando a dichas organizaciones, o combatiendo los factores que las afectan. Estos ejemplos nos demuestran que con voluntad y acción podemos salvar el preciado patrimonio natural que tenemos ¡El que quiere, puede!

lunes, 10 de julio de 2017

Las aves cantoras de Chile

Siete colores (Tachuris rubrigastra) (foto de Benito Rosende).

Las aves canoras o cantoras son todas aquellas pertenecientes al Orden de los Passeriformes, que involucra muchas familias y especies diferentes. Por decirlo de una forma menos técnica, son casi todos los "pajaritos" que andan volando por allí, en bosques, el campo o la ciudad, aunque la verdad es que han logrado llegar a una gran variedad de hábitats. Para la gente de ciudad, son las aves canoras los animales silvestres que más frecuentemente pueden ver y, por lo mismo, aquellos que suelen quedar en el olvido y despertar poco interés por la cotidianidad con que los vemos. La verdad, es que la diversidad de estas avecillas y sus particulares formas de vida los vuelven dignos de interés y, créanlo o no, me atrevo a presumir que son las pequeñas aves canoras quienes ayudaron a inspirar las sociedad como la vivimos hoy en día.

El nombre "aves cantoras" se debe a su peculiar costumbre de cantar para entregarse mensajes entre sí. Quizá para nosotros parezca cotidiano, pero si se fijan, los animales en general son muy callados. Quizá los únicos igual de parlanchines, además de ellas y nosotros, sean los anfibios. Pero estos cantan solo en época de reproducción. Los pajarillos cantan por esto y más: delimitar territorios, advertir la presencia de un predador, etc.
En Chile es bien conocido el canto del chincol (Zonotrichia capensis), cuyo canto territorial se asemeja a la frase "¿Dónde está mi tío Agustín?", o el ruidoso canto de los tordos (Curaeus curaeus), cuya diversidad de cantos, que además realizan en parvadas, es un verdadero deleite. Las tencas (Mimus thenca) no se quedan atrás y son capaces de imitar el canto de otras aves para complementar el propio. De hecho la tenca pertenece al Género Mimus (como "mímica"), que se llama así por su costumbre de imitar otras aves.
El canto del chincol es un canto territorial que advierte a otros chincoles de su presencia, de modo que debe ser notorio y fuerte. Otros cantos, como el que se emite en presencia de un depredador, son cortos y agudos, de modo que resulta difícil detectar el lugar de donde proviene, a la vez que advierte a otros pájaros de la zona. Por el contrario, cantos estruendosos le hacen saber al depredador que los pájaros lo han descubierto, o buscan distraer a atención de este para que no encuentre las nidadas.
¿Se han fijado que durante las mañanas las aves suelen cantar mucho más? Existen distintas posibles explicaciones a este fenómeno, que no son excluyentes. Algunos dicen que se debe a que en ese momento los insectos aún no están activos y es difíciles detectarlos, de modo que es un buen momento para otras actividades como cantar. Otros a que la contaminación acústica suele ser menor, por lo que se escucharían mejor, sumado a que en el aire frío de la mañana se transmite mejor el sonido.

Chincol cantando.

Habiendo tantos pajaritos por ahí ¿Como diferenciarlos? La mayoría de ellos son pequeños y se mueven rápido. ¿Como se diferencian entre ellos? Se sabe que en la naturaleza a veces las especies se confunden y se cruzan creando híbridos, ¿cómo evitar esto? La respuesta está en el color. Aves como el cometocino (Phrygilus gayi y P. patagonicus) presentan cabeza gris azulada, alas y cola oscura y cuerpo amarillento, mientras que el yal (P. fruticeti), pariente cercano del cometocino, presenta un marcado dimorfismo sexual, es decir, diferente apariencia entre macho y hembra, siendo el primero de tonos grisáceos y oscuros con el pico amarillo y la hembra de color pajizo con el pico pardo oscuro.
¿Y que pasa con aquellas aves que lucen todas de un mismo color? Tordos (Curaeus curaeus), mirlos (Molothrus bonariensis), runrun (Hymenops perspicillatus), triles (Agelasticus thilius), etc. son todos de un color negro, pero se diferencian en detalles como el color de sus ojos, patas, pico, etc. Seguramente entre ellos no se ven completamente negros en plumaje debido a que las aves ¡pueden ver la luz ultravioleta! Y seguro que parte de su plumaje tiene este color.

Der: tordo; Izq: Trile (fotos de Alejandro Aguilar).

La forma del pico nos permite diferenciarlos también, pero no a nivel de especie, si no de Familia. Las avecillas de Icteridae, por ejemplo los tordos, triles y loicas (Sturnella loyca), poseen picos similares a la punta de una flecha. La familia Tyraniidae, donde están el diucón (Xolmis pyrope) y el fifío (Elaenia albiceps) también tiene un pico característico de forma similar en todas las especies y que se acomoda a su dieta insectívora. La excepción de la familia es el mero (Agriornis sp.) cuyo pico termina en un gancho, similar a las aves rapaces, y que ha surgido producto de su alimentación. El mero busca presas más grandes que simples insectos, comiendo arañas pollito y lagartijas. Muchas familias comparten picos cortos y gruesos que sirven por lo general para comer semillas.
El rol en la dispersión de semillas es sumamente importante en las aves cantoras. La mayoría de frutos nativos son pequeños, ideales para estos animales, que los engullen y diseminan luego las semillas en sus excrementos. Las aves son muy buenas dispersoras ya que suelen recorrer mayores distancias más rápido en vuelo que lo que recorren por tierra los mamíferos u otros animales terrestres. Esta labor la desempeñan incluso en las ciudades, donde ayudan a la dispersión de especies ornamentales foráneas como el ligustro (Ligustrum sp.).

Diuca (Diuca diuca), un ave típicamente granívora (foto de Benito Rosende).

Fiofío comiendo frutos de litre (Lithraea caustica) (foto de Paula Vásquez).

Las aves canoras se cuentan entre los animales más adaptables, y muchas especies han probado suerte en campos y ciudades, donde la presencia de depredadores es escasa, contándose entre ellos halcones peregrinos (Falco peregrinus), chunchos (Glaucidium nanum) y peucos (Parabuteo unicinctus) por ejemplo, y por supuesto los gatos domésticos (Felis silvestris catus). Pese a su presencia, que es escasa, las aves canoras medran con mucho éxito en nuestras ciudades, donde muchas especies viven de manera permanente, como los zorzales o las tórtolas, que llegan a nidificar en la ciudad. Estas y otras especies han aprendido a sacar provecho del ordenamiento territorial que ha hecho el ser humano, aprendiendo donde obtener agua para beber y alimento. Muchos se habrán percatado que en jardines inundados al regarlos dan cita a zorzales. Estos han aprendido que en los terrenos inundados es posible obtener alimento, que seguramente consiste en lombrices.
Otras aves visitan las ciudades en ciertas épocas del año, como los cachuditos (Anairetes parulus) que bajan de la precordillera al valle central y en lugares como santiago encuentran comida y refugio.
Puede que haya otros razones menos obvias del por qué los pajaritos se vienen a la ciudad. Resulta que el concreto que cubre gran parte de nuestras ciudades emite el calor absorbido durante el día, generando una isla de calor en medio a los parajes naturales y campos, cuyas variaciones de temperatura son mas abruptas. En Roma, Italia, los estorninos acuden en bandadas de cientos o quizá miles para pasar el invierno por esta razón y es posible que el fenómeno se repita aquí.

Halcón peregrino llevándose a su presa, en Santiago. La presa, sin embargo, no es un ave canora, si no una paloma (Columba livia) (foto de Francisco Lira Cuadra).

Estorninos en Roma.

Sin duda las ciudades pueden ser refugio para avecillas, para deleite nuestro, y quizá les vaya mucho mejor que en la naturaleza. ¿Por qué no ordenar nuestra ciudades para hacerlas más amigables a esta y otra fauna? ¡Que las ciudades sean refugio de vida silvestre! Para ello seguramente habrá que tomar ciertas medidas, como el uso de flora nativa cuyos frutos sean apetecidos por las avecillas, como el maqui (Aristotelia chilensis), el arrayán (Luma apiculata) o el chequén (Luma chequen). Estos árboles tienen en común su follaje perenne que brinda sombra y limpia el aire todo el año, y sus frutos pequeños y morados, apetecidos por las avecillas. Quizá zonas en donde la contaminación acústica sea menor pueda aprovecharse el espacio para llamar a las aves silvestres. Su canto nos recuerda la conexión con la naturaleza que muchos intentamos recuperar y es mucho más fácil hacerlo sin ruidos de fondo. Se sabe que esto afecta incluso a las aves que, al vivir en ciudades ruidosas, han aprendido a cantar más fuerte para poder escucharse entre sí.
Las luces de la ciudad también afectan a las avecillas, y el exceso de esta genera cambios conductuales: ¡Las aves duermen menos!
Aún así hay que considerar que las distintas especies tienen requerimientos distintos e importantes. Por ejemplo, muchas aves consumen hojas o frutos que pueden tener sustancias tóxicas y deben automedicarse consumiendo arcillas que neutralizan los venenos de su dieta, las cuales serían difíciles de conseguir en la ciudad, como hacen al parecer los cometocinos en la siguiente foto:

Foto de Cesar Antonio Martinez Martinez.

La cercanía con estas aves en nuestro diario vivir puede generar un desinterés en algunos, pero lo cierto es que su cercanía ha permeado en la cultura y folclore popular, estando presentes en multitud de mitos y leyendas, como aquellas que asocian al diucón con el mandao, ave leal a los brujos del sur de Chile que es enviado a espiar a la gente. O la historia del por qué la loica tiene  su pecho rojo, ya que se manchó con sangre. ¡Incluso se ve su importancia al llamarle diuca al pene! En la música encontramos referencias a nuestras aves canoras también y necesaria es la mención de Lorenzo Aillapán, miembro del pueblo mapuche y destacado en diversas áreas como la antropología, las artes y, quizá más que por lo anterior, por ser declarado "hombre pájaro" dentro de su cultura al interpretar y rescatar el canto de las aves otorgándoles un significado dentro de su cosmovisión. Búsquedas rápidas en www.google.cl o www.youtube.com permiten ver parte de su obra y entrevistas.

"Cuando fui para la pampa llevaba mi corazón contento como un chirigüe pero allá se me murió. Primero perdí las plumas y luego perdí la voz ¡y arriba quemando el sol!" parte de la letra de "Arriba quemando el sol" de la cantautora Violeta Parra.

Chirihue o chirigüe (Sicalis luteola) (foto sacada de www.avesdechile.cl).

El alcance de las aves canoras va incluso mas allá. Seguramente quienes están leyendo esto están conscientes de la lucha por el medioambiente. Pues bien, parte importante de esta lucha se empezó en Estados Unidos, en los siglos XVIII y XIX con gente como John James Audubon, artista y ornitólogo que recorrió su país pintando la fauna nativa. Él pintó las aves nativas de su tierra en su hábitat natural. La creciente destrucción de los bosques vivida en su época lo llevó a percatarse de que las aves ya no estaban presentes y con ello se sentaron las bases para entender que la destrucción del hábitat traía aparejada la desaparición de la fauna y, con ello, a la larga el estudio de los ecosistemas y la conservación.
Hasta la tierra que pisamos podría deber su nombre a un pájaro. El nombre de "Chile" tiene un uso prehispánico, y muchos piensan que una pequeña avecilla que pasa desapercibida entre los totorales de los cuerpos de agua puede haber originado con su canto el nombre del país. Esa ave es el Trile.

Trile hembra (foto de Alejando Aguilar).

miércoles, 14 de junio de 2017

La Flor de la Perdiz (Oxalis perdicaria)

Foto de Juan Pablo Salgado

Se trata de una pequeña hierba, muy común en la zona central de Chile (presente también en otros países como Brasil y Argentina), pero que por su pequeño tamaño suele pasar desapercibida. Crece a ras de suelo en zonas abiertas del bosque esclerófilo, como los espinales, en donde el espino (Acacia caven) es el árbol dominante y tanto su follaje abierto como el distanciamiento entre árboles permiten la abundancia de flor de la perdiz*.
Como el resto de las plantas del género Oxalis, la flor de la perdiz cuenta con un bulbo que le permite sobrevivir bajo tierra los períodos de vacas flacas, que en la zona central viene a ser el verano, creciendo en invierno y primavera con las lluvias.
Posee una conspicua flor amarilla que se abre en invierno y representa en esta época una de las escasas fuentes de néctar en el bosque esclerófilo y que se encuentra disponible tanto para polinizadores nativos como para la exótica abeja de miel (Apis mellifera).

Ejemplares creciendo en torno a un excremento de zoro (Lycalopex sp.), son las hojas tiernas que parecen de trébol (foto de Juan Pablo Salgado).

Algunas variedades de flor de la perdiz son cultivadas por horticultores debido a la belleza de sus flores, con ejemplares de flores más grandes y con otros tonos de amarillo.
En Bangladesh, India, son usados extractos de esta planta para combatir la diarrea en niños, acorde a lo leído en el link que dejo a continuación. Resulta curioso que se reporte su uso en medicina tradicional en un lugar tan alejado como la India, y quizá corresponda a un error de clasificación de otros Oxalis que pueda ser nativo de allá, o bien que se haya propagado allá a través del cultivo de variedades ornamentales.


*Observación personal

domingo, 23 de abril de 2017

Documental: "Oro chilote"

Dejo este muy buen documental que nos cuenta sobre la problemática en Chiloé de la extracción del ponpón (Sphagnum sp.), musgo nativo muy importante para el ciclo del agua en la Chiloé.


miércoles, 19 de abril de 2017

Monumento Natural El Morado


Muchas personas tienden a sinonimizar los conceptos conservación y preservación, si bien corresponden a cosas diferentes y los alcances de su definición pueden determinar de manera tajante la conformación de un territorio en la medida de que se preserva o conserva. Mientras que la preservación se refiere a la administración de un lugar, objeto, ente o fenómeno lo más intacto posible, sin realizar extracción de recursos de él, ni usarlo de tal manera que se altere, la conservación se refiere a la administración de un lugar, objeto, ente o fenómeno de al manera que podamos extraer sus recursos o proveernos de sus servicios de manera sustentable y sostenible en el tiempo, es decir, que no comprometa la integridad de lo que se conserva, y buscando su restauración.
Bajo estas definiciones surgen las Reservas Nacionales, Parques Nacionales y Monumentos naturales, administrados en Chile por la Corporación Nacional Forestal.
Las Reservas Nacionales tienen fines de conservación del patrimonio natural del país, encontrándose en su interior tanto zonas de bosque nativo, como plantaciones con fines productivos de especies exóticas como pino insigne (Pinus radiata) o eucalipto (Eucalyptus sp.), reflejando su carácter conservativo. Un ejemplo es la Reserva Nacional Lago Peñuelas, ubicada en la V Región.
Los Parques Nacionales tienen un fin preservativo y comprenden grandes superficies, buscando englobar ecosistemas particularmente diversos que muestren gran biodiversidad de modo de dejarlos amparados bajo su protección. Un ejemplo es el Parque Nacional Archipiélago Juan Fernández, ubicado en el archipiélago homónimo y que presenta altísimos niveles de endemismos a nivel de flora y fauna.
Los Monumentos Naturales, al igual que los parques, tienen fines de preservación, sin embargo se diferencian en la superficie que abarcan que es menor y en que buscan proteger un ente o fenómeno natural en particular en vez de una gama de ecosistemas, tanto por su valor ecológico como por su valor cultural.

Bajo el alero de Monumento Natural, el 19 de julio año 1974 se establece el Monumento Natural El Morado el cuál pretende proteger el fenómeno de avance del glaciar colgante San Francisco. Ubicado a 93 kilómetros de Santiago, el área comprende 3009 hectáreas de cordillera que abarcan formaciones vegetacionales como el matorral esclerófilo andino y la estepa altoandina, emplazado en un circo glaciar formado por el San Francisco. Su cumbre más alta es el cerro el Morado, con mas de 5000 metros sobre el nivel del mar y que le da el nombre al lugar, si bien el cerro quizá mas importante sea el cerro San Francisco, donde se ubica el glaciar homónimo, y a cuyos faldeos se encuentra la laguna Morales. Como es de esperarse en la zona, el deshielo de las nieves y el glaciar alimenta numerosos afluentes que finalmente tributan al río Morales.

Posee especies vegetales endémicas como el frangel (Kageneckia angustifolia) especie que marca el límite de la vegetación arbórea, o el cactus Austrocactus spiniflorus endémico de la cordillera de la Región Metropolitana. En total hay alrededor de 300 especies de flora, entre nativa y exótica.


Austrocactus spiniflorus (foto de Juan Pablo Salgado).

En cuanto a la fauna nativa, esta se caracteriza por su pequeño tamaño y por sus altos niveles de endemismo. Un ejemplo es el cururo (Spalacopus cyanus), roedor de color negro que habita en colonias bajo tierra, endémico de Chile, o aves como el picaflor cordillerano (Oreotrochilus leucopleurus) que también se encuentra en Bolivia y Argentina. Si bien la fauna suele ser pequeña, destaca de entre ellas el cóndor (Vultur gryphus), ave carroñera de hasta 2,5 metros de envergadura emblemática de la cordillera y quizá la más fácil de reconocer de entre la avifauna nativa.

Existe evidencia de que el ser humano ha visitado el área desde hace miles de años. El pueblo chiquillán, actualmente extinto y del que no queda ningún descendiente directo, ocupó la zona estacionalmente en busca de piezas de caza tales como el guanaco, que ya no está presente en el Morado, y vegetales comestibles. Es probable que la zona fuese también ocupada de manera esporádica por picunches, rama nortina del pueblo mapuche y actualmente también extinta culturalmente, debido a que se anexó al imperio Inca. Dicho imperio, que ocupó el valle de Santiago, realizaba incursiones en la cordillera, al encontrar en ella sitios ceremoniales sagrados para adorar tanto a las montañas mismas como a Inti, el dios sol, y para lo cuál requería de yanaconas (indios de servicio) pertenecientes a las etnias anexadas al imperio. Recodemos el hallazgo de el Niño de El Plomo, niño dado en ofrenda humana a los dioses en un rito Inca, y que se encontró en el cerro El Plomo, fuera del cajón del maipo.

Si bien actualmente no quedan chiquillanes, picunches o incas que ocupen estos territorios, se pueden ver reminiscencias de su cultura en los huasos del lugar: sus rutas de transhumancia en las que arrean el ganado de una pastura a otra, el folclore e historias relatadas de una generación  a otra o en el uso de hierbas medicinales o para consumo, etc.

Para poder llegar desde Santiago se debe tomar la ruta G-25, de modo que se puede pasar por el sector de Las Vizcachas, El Manzano y San José de Maipo, todos lugares icónicos del cajón. Luego de algunos kilómetros después de cruzar el Puente San Gabriel se encuentra una bifurcación. Se debe seguir el camino de la izquierda de modo que se llega a la localidad de Baños Morales, villorrio cercano a la confluencia del río Morales y el río el Volcán. Si se viaja en vehículo particular, este debe dejarse en el villorrio y caminar hacia el acceso al monumento, que se encuentra en el mismo, y que solo se puede acceder a pie ya que no cuenta con estacionamiento para turistas.


La alameda subre las casa de Baños Morales, visto desde el Morado (foto de Juan Pablo Salgado).

Al ser Monumento está prohibido acampar, si bien cuenta con un sendero que parte desde la administración hasta el glaciar San Francisco y que durante el invierno solo está funcionando los tres primeros kilómetros ya que la nieve del sector vuelve peligroso el tránsito el resto del tramo. Este se debe realizar a pie, quedando prohibido el ingreso de caballos al Monumento, así como cualquier otro tipo de ganado o mascotas. Durante la temporada estival el horario de ingreso del público es de 08:00 a 13:00 hrs, mientras que en temporada de invierno es de 08:00 a 12:30 hrs, de modo que se garantice que las últimas personas en entrar tengan tiempo para llegar al glaciar y volver antes del cierre.

Todas estas medidas son necesarias para la preservación del lugar, evitando que los visitantes consuman leña y haya riesgo de incendios, o que se permita el ingreso e animales que puedan transmitir enfermedades o depreden a la fauna y flora nativa alterando la composición de su ecosistema, y obviamente para la misma seguridad de los visitantes. La preservación del glaciar San Francisco ha traído aparejado un aumento en el desarrollo de la vegetación nativa al excluir total o parcialmente el ingreso de ganado, ofreciendo una vista similar a la que se tenía la vegetación original en la cordillera de la Región Metropolitana. Aún así, ocasionalmente se puede ver ganado caballar o caprino en el interior, debido a que los lugareños los dejan pastando a pesar de la prohibición existente. Según me comentó un funcionario, el ganado caprino es fácil de fiscalizar debido a que son pocas las personas dueñas de esas cabras, pero en el caso de los caballos es más difícil debido a que casi todos los lugareños poseen estos animales. La misma comunidad se ha adaptado a la administración de El Morado y dejan su ganado por la tarde, de modo que pueden pastar toda la tarde y durante la noche dormir allí, ya que los funcionarios sacarán a los animales a la mañana del día siguiente.

Pero no todas las relaciones con la comunidad vienen a generar conflicto: para poder acceder al Monumento se debe llegar y pasar por Baños Morales, poblado que recibe sus nombre de las aguas termales que allí afloran, y que le ha dado la oportunidad de desarrollarse económicamente en base al turismo de aquellas personas que buscan en sus aguas un momento de relajo en tono a la naturaleza. Esta situación se ha visto favorecida por la declaración del Monumento Natural El Morado, al agregarse el afluente de gente que pasa por Baños Morales para llegar a la zona protegida. Así, el poblado no solo se vale de las aguas termales, si no también de su comida tradicional, hospedaje, visitas guiadas a caballo, etc. para desarrollarse económicamente.
Curiosamente, dentro del Monumento está emplazada una cruz de madera en un mirador natural desde donde se puede ver el río, el sector Las Amarillas, el camino que lleva a Baños Morales y el paisaje en general. Dicha Cruz, según se me comentó, ya se encontraba en dicho lugar cuándo se declaró Monumento Natural, y no está claro ni su origen, ni quién le pasa una nueva mano de pintura año a año. En conversaciones con los lugareños, estos han relatado diferentes versiones de su origen: un accidente aéreo en las cercanías, un derrumbe que mató estudiantes más adentro en el sector, entre otros hechos lamentables y que podrían haber motivado a alguien a emplazar la cruz, aunque su origen sigue incierto.

Foto de Camila Torres

No solo las comunidades aledañas tienen un impacto en El Morado: en todo el Cajón del Maipo se vive una tensa situación desde la aprobación e implementación del proyecto Hidroeléctrico Alto Maipo, el cuál involucra la remoción de material rocoso para la instalación de acueductos y otras instalaciones, sin mencionar el uso no consuntivo de las aguas de algunos afluentes en el sector. Las consecuencias ecológicas de semejantes alteraciones se verán en los próximos años, pero socialmente tuvieron un efecto aún antes de su aprobación, generando disputas intestinas por los efectos que traerá a la comunidad. La mayor parte de la energía eléctrica generada en Alto Maipo no está destinada a los poblados del cajón, ni a la población creciente de Santiago, si no a la minera Los Pelambres, que la requiere para sus faenas productivas.
Incluso más allá de las fronteras nacionales, las actividades de la sociedad globalizada surten efecto en los parajes naturales aparentemente imperturbables. El cambio climático global ha generado un aumento en las temperaturas medias anuales, así como una disminución en las precipitaciones, y una mayor concentración de estas en menos eventos al año. Todo ello ha causado que el glaciar San Francisco haya disminuido su volumen y se encuentre actualmente en un proceso de retroceso. Así, el avance continuo de los glaciares desde hace mas de 10.000 años en la ultima glaciación se ha empezado a detener e incluso a retroceder en casos como este.

lunes, 17 de abril de 2017

El pequeño gran universo de los ácaros

Ácaro atrapado en una telaraña (foto de Bernardo Segura).

Más allá de lo que aprecia el común de la gente existe un universo completo a diminuta escala habitado por miles de millones de animales de pequeñísimas dimensiones, tan interesantes como las criaturas que vemos en los documentales del Serengeti africano.
Es el universo de los ácaros: arácnidos de diminutas dimensiones que representan quizá uno de los grupos animales más exitosos, ocupando casi todos los nichos que pudiesen imaginar. De hecho podríamos decir que no es un solo pequeño gran universo de los ácaros, si no muchos, pues cada hábitat que conciban probablemente tenga al menos una especie de ácaro: materia orgánica en descomposición, flores, el subsuelo, entre las plumas, escamas y pelos de diferentes animales, charcos, e incluso en los orificios y dentro del cuerpo de otros animales.
¿Qué son los ácaros? Pues bien, los ácaros son todas aquellas especies que pertenezcan a la Subclase Acari o Acarina, una clasificación taxonómica de las especies. Esta Subclase se divide a su vez en otras clasificaciones pero no viene al caso detallarlas todas.

Estos invertebrados poseen los más variados estilos de vida y adaptaciones que les permiten desenvolverse en su pequeño gran universo. Ciclos de vida acelerados, endogamia forzada, piezas bucales especializadas, garras, generar hilos de seda, ventosas etc., se cuentan entre estas adaptaciones. 
El animal más rápido del mundo es, de hecho, un ácaro. La especie es Paratarsotomus macropalpis, endémico de California, es capaz de recorrer una distancia equivalente a 171 veces la longitud de su cuerpo en un segundo.
Incluso en nuestro rostro viven al menos tres especies de ácaros, Demodex folliculorum es una de ellas. Estos animalillos, que ni siquiera se parecen a los ácaros mostrados en las fotos de este post, viven en el rostro de Homo sapiens, donde descansan en nuestros folículos capilares y salen por la noche para aparearse bajo nuestras narices (y a los lados, y arriba).

El primer par de patas de este ácaro, tan largo, seguramente sirve para percibir su entorno que para caminar (foto de Bernardo Segura).

Estos arácnidos pueden estar muchos mas presentes en nuestras vidas de lo que uno podría imaginar. Por ejemplo, no muchos saben que las garrapatas son en realidad ácaros parásitos. En Chile tenemos especies introducidas como la garrapata del perro (Rhicephalus sanguineus) que parasita a nuestras mascotas y es un chupador de sangre de cuidado. Por supuesto que tenemos garrapatas parásitas nativas, por ejemplo Amblyomma tigrinum encontrada tanto en perros como en zorros o A. parvitarsum, que parasita camélidos como la llama (Lama glama) y la alpaca (Vicugna pacos), ambas encontradas también en ganado doméstico. Incluso el amenazado monito del monte (Dromiciops sp.) es parasitado por Ixodes neuquenensis.
Como ya se comentó, los ácaros han ocupado todos los nichos imaginables y existen ácaros chupasangre en aves, lagartijas y otros invertebrados como la escolopendra chilena (Akymnopellis chilensis) o incluso otros arácnidos como los opiliones.

Izq: Lagartija Liolaemus monticola con dos ácaros sobre su párpado, quizá alimentándose de su sangre; Der: opilión con ácaros color naranja sobre él (fotos de Bernardo Segura).

Además de ser una molestia para otros animales, algunas especies pueden causar dolores de cabeza en la agricultura. En Chile contamos con diferentes ácaros de interés agronómico pues se alimentan de nuestros cultivos. De hecho hay una grupo de ácaros rojos pequeños como un punto que se denominan genéricamente "arañitas rojas", de las cuales comentaré sobre la "falsa arañita roja de la vid" (Brevipalpus chilensis), por ser nativa. La falsa arañita roja es capaz de vivir de diferentes cultivos: vid, cítricos, kiwis, almendros, etc., en donde se ocultan las hembras en otoño, en las partes leñosas como bajo la corteza. En primavera, con los brotes nuevos de las plantas, despiertan y van hacia los brotes para alimentarse. Al alimentarse de los brotes nuevos generan un daño reduciendo el vigor de la planta y disminuyendo su capacidad productiva. Se ha calculado que el rendimiento de los cultivos puede  disminuir entre un 30 y un 40% cuando la falsa arañita roja se encuentra en altas densidades.
Para controlarla se recurre a diferentes medios entre ellos un aliado inesperado: ¡otros ácaros! Se usan en el llamado control biológico, método de control de plagas en el cuál se recurre a predadores para mantener a raya las especies que puedan considerarse dañinas, tanto en agricultura como para la salud humana o en otras situaciones. Para este caso se requiere de los servicios de diferentes especies de ácaros, entre las cuales está Chileseius camposi, que también es nativo.


Pero los ácaros van muchísimo mas allá de las garrapatas y las plagas agrícolas, y nuestros ecosistemas albergan especies que desempeñan diferentes roles.
Nuestras playas, por ejemplo, albergan la llamada meiofauna, que son aquellos invertebrados de pequeñísimo tamaño que viven entre los granos de arena de la zona intermareal. Dentro de estas especies hay ácaros, los cuales destacan porque, a diferencia del resto de meiofauna, éstos tienen un origen terrestre y no marino.

Ácaro en la playa, pasando cerca de un caracol de la zona intermareal (foto de Fernando Medrano).

En tierra firme los ácaros están presentes en el suelo y la hojarasca de los bosques. En los bosques esclerófilos de la zona central puede que los ácaros jueguen un papel importante en el ciclo de los nutrientes. Resulta que en los bosques de la cuenca del mar mediterráneo existen muchas especies vegetales cuyos cuerpos están llenos de aceites esenciales y otros compuestos, muchas veces aromáticos, y al morir las plantas o caer sus hojas, los organismos que generalmente realizan la descomposición no toleran la alta concentración de estas sustancias químicas. Son entonces los ácaros quienes consumen esta materia orgánica y la reintegran a la red trófica. Los bosques esclerófilos de la zona central son muy parecidos a los del mediterráneo porque tenemos el mismo clima y las plantas se adaptan de maneras similares. Haciendo esta comparación podríamos esperar que los ácaros de aquí desempeñen la misma función.

Ácaro aterciopelado del bosque esclerófilo (foto de Bernardo Segura)

¿Recuerdan cuándo les dije que los ácaros estaban en todas partes? En Chile se han encontrado especies incluso dentro de los tallos del junquillo (Juncus procerus), una planta acuática que crece en humedales. El descubrimiento de estos ácaros es llamativo no solo porque se encontraban dentro del parénquima de los tallos, o sea de los tejidos dentro del tallo, si no porque se descubrieron especies que no se sabía que estaban presentes en Chile, ni siquiera que vivían en estos ambientes acuáticos. Dentro del junquillo se encontraron ¡9 Géneros de ácaros! Es decir: por lo menos 9 especies. Dentro de los Géneros encontrados se pueden mencionar Holoparasitus, Cyta y Balaustium, de los cuales no se tenía registro previo en Chile. También se encontraron ácaros del Género Eupodes, el cuál se supone que se encuentra también en la Antártida Chilena con la especie E. wisei. Arrenurus fue otro ácaro encontrado, el cuál pertenece a la familia de los hidracnidos (Hydrachnidae), una familia de ácaros de vida acuática, y que en Chile se cuenta con las especies A. valdiviensis, A. solitarius, A. tenuicollis A. boettgeri.

Junquillo (foto sacada del siguiente link: https://www.flickr.com/photos/fjbn/5500593589).

Dentro del parénquima de las plantas, o dentro las narices de los picaflores, incluso. Por curioso que suene, cuándo los picaflores visitan una flor, pequeñas tropas de ácaros que esperan en la flor se suben a su pico y caminan raudos hacia los orificios nasales del ave, alojándose en su interior. Cuándo el picaflor visite otra flor, los ácaros se bajarán igual de rápidos. Los ácaros podrán alimentarse de néctar o polen que tengan las flores y al hacerlo sus cuerpos podrían verse cubiertos de polen que llevarán a otra planta y contribuir así a la polinización.

Ácaros sobre la flor de una Euphorbia (foto de Bernardo Segura).

Con las diversidad de hábitats que tenemos en Chile: desiertos, bosques mediterráneos, templados, savanas, matorrales, playas de todo tipo, etc., es de esperar que cada hábitat posea sus ácaros específicos, y estos alcancen una gran diversidad. No solo eso, sabemos también que los parásitos muchas veces son específicos para una especie de hospedero (a la que parasitan), y tomando en cuenta que Chile cuenta con un gran porcentaje de especies endémicas, podría esperarse algo similar para sus ácaros parásitos. Pues bien, la respuesta es: no lo sabemos. 
Pasa que la diversidad de ácaros nativos está escasamente estudiada, sobre todo si la comparamos a la asociada a cultivos agrícolas. Urgen especialistas y estudios que nos revelen y clarifiquen la que seguramente es una acarofauna riquísima en endemismos adaptados a nuestras únicas condiciones como país. Esto podría beneficiar tanto a la agricultura como a los proyectos de restauración de ecosistemas, así como la salubridad humana. Tenemos mucho trabajo por hacer.

Foto de Bernardo Segura.

jueves, 23 de marzo de 2017

La Araucaria o Pehuén (Araucaria araucana)

Foto de Juan Pablo Salgado.

Mucho se puede hablar de la araucaria o pehuén, sabiendo la importancia que tiene para muchos chilenos al ser uno de los árboles más fáciles de reconocer, y de los más icónicos del país. Las araucarias, sin embargo, poseen una historia que se remonta a millones de años en el pasado, cuando los continentes se encontraban unidos en un solo gran continente llamado Pangea, hace 180 millones de años. Pangea fue fragmentándose en los continentes Laurasia y Gondwana, desplazándose el primero al norte del Ecuador y el segundo al sur. Gondwana conservó sus bosques de araucarias primitivas y al fragmentarse posteriormente para dar origen a Sudamérica, Australia, África, la Antártida y la India. Es esta la razón por la que las araucarias pueden encontrarse también en Australia, Nueva Zelanda y Nueva Caledonia (estas dos últimas provienen de Australia), si bien se extinguieron en el resto de tierras que formaron parte de Gondwana.
Las araucarias, o al menos miembros de su antigua familia, llegaron también a Laurasia, aunque posteriormente se extinguieron. Esto se explica pues su origen sería previo a la división de Pangea.
En Sudamérica viven aún dos clases de araucarias: la Araucaria angustifolia y Araucaria araucana. La primera vive en Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, y en Chile es ampliamente usada en el arbolado urbano de las ciudades de la zona central, llegando mucha gente a pensar erróneamente que corresponde a la nativa Araucaria araucana.

Fotocaptura del episodio 6 de "Caminando con dinosaurios", de la BBC. Se ven Tyrannosaurus rex rugiendo con araucarias en el fondo. Esta escena fue grabada en Parque Nacional Conguillio, en Chile y, posteriormente con softwares fueron añadidos los dinosaurios digitalmente, obviamente.

En Chile, la especie Araucaria araucana es llamada simplemente araucaria o, en el caso de los mapuches, pehuén o pewén. Crece desde la Región del Biobío hasta la Región de los Ríos, principalmente en la cordillera andina, si bien en la cordillera de Nahuelbuta, parte de la cordillera de la costa, se encuentra una población importante de araucarias que, según algunos científicos, podría corresponder a una subespecie diferente. De forma natural crece entre los 600 y los 1700 msnm (metros sobre el nivel del mar) en suelos volcánicos o arcillosos. Debido a que su hábitat se encuentran a altitud y en el sur del país, durante una parte del año deben afrontar la nieve, que se acumula en sus ramas y follaje. La forma de sus ramas evita que se acumule demasiada nieve que pueda romperlas. Algunos árboles con los que comparte el hábitat pierden sus hojas en invierno, como la lenga (Nothofagus pumilio), para que la nieve no mate su follaje. Las araucarias, en cambio, no necesitan desprenderse de sus hojas, que son coriáceas y están adaptadas a la nieve.

Foto de Bernardo Segura.

Estos árboles poseen un lento crecimiento desde que germinan los piñones, que son las semillas de la araucaria, por las agrestes condiciones de su entorno, como la aridez del terreno donde germinan, las nieves que cubren los brotes, etc. Además, los piñones deben germinar y crecer en sitios abiertos con abundante luz solar, y no bajo el dosel denso de las araucarias maduras y otros árboles o si no la falta de luz los mata.
Una vez establecidos, los jóvenes arbolitos pueden llegar a vivir más de mil años, alcanzando 50 metros de alto y más de 2 metros de diámetro. Su tronco es rugoso y el follaje se concentra en el extremo superior, de modo que recuerda a un paraguas.  El tronco está cubierto de una serie de rugosidades que parecieran "encajar" entre sí y que tiene la particularidad de ser difícil de inflamar, algo muy útil en su hábitat dominado por volcanes activos que pueden generan incendios forestales cuando hacen erupción.

A menudo los troncos de araucarias se cubren de líquenes (foto de Juan Pablo Salgado).

Los árboles, a medida que van creciendo, van cambiando su forma. Las araucarias jóvenes van adoptando una forma similar a un pino, y luego van adquiriendo la forma de paraguas característica. Cuándo están listos para reproducirse se pueden diferenciar los árboles machos de las hembras. Los primeros dan conos alargados que desprenden su polen al viento. Aquellos granos de polen que lleguen a los conos femeninos los fecundarán y darán origen a un estróbilo ("fruto") de forma esférica compuesto de piñones. Entre que el polen llega al cono femenino, hasta que las semillas maduran pueden pasar ¡de 16 a 18 meses!

No es de extrañar que siendo un árbol dominante en sus bosques y por su historia antediluviana, exista fauna íntimamente ligada al pehuén. Existe, por ejemplo, el gorgojo de la araucaria (Calvertius  tuberosus), un insecto cuyo ciclo vital dependen del pehuén: las larvas se alimentan solo en los troncos caídos de estos árboles, bajo su corteza.

Gorgojo de la araucaria (foto de Manuel Cristóbal Gedda Ortiz). 

Los choroy (Enicognathus leptorhynchus) y cahañas (E. ferrugineus) son dos loros nativos que se alimentan de diferentes elementos, entre ellos los piñones de las araucarias, y cuando los pehuenes tienen sus semillas maduras llegan en enormes bandadas a darse un festín, separando las semillas entre si, que vienen compactadas en una gran bola, manipulando algunos piñones para llevárselos al pico. En este proceso caen muchísimos al suelo, donde son consumidos por otros animales que no pueden subir a los árboles a buscarlos. Esto ocurre con el pudú (Pudu puda) y el tunduco (Aconaemys fuscus) que recolecta las semillas y las almacena en sus galerías subterráneas para tiempos de carestía. Muchas de estas semillas no son consumidas y terminan germinando, por lo que el tunduco contribuye a su dispersión.

El ser humano también acude a la bonanza. Y lo viene haciendo desde hace siglos, quizá miles de años. Existe todo un grupo étnico cuya relación con este árbol es tan estrecha que se autodenominan pueblo "pehuenche", que traducido desde su idioma significa "gente del pehuén". Este árbol forma parte de su cultura e identidad y durante mucho tiempo los piñones han sido su principal sustento, cocinándolo de diferentes maneras y guardándolo para momentos de carestía, tal como el tunduco.

Extracto de la serie "Pueblos originarios", transmitido por TVN el año 2010, del episodio "Pehuenches".

Juan Carlos Bodoque, junto a Huachimingo y la machi Fresia nos contaron la historia del pehuén en una "Nota verde".

Los piñones son ahora usados no solo por los pehuenches como alimento. En restaurantes se ven platillos que los incluyen, y cada año se ha hecho más fácil ver este producto a la venta en ciudades como Santiago. Los principales colectores siguen siendo los pehuenches, pero ya no solo es para autoconsumo y ha pasado a formar parte de su sustento monetario. Al parecer esta actividad se ha realizado de manera descontrolada y según especialistas, ésta sería la principal razón por la que ya prácticamente no existe regeneración (arbolitos nuevos) de esta especie.
Sumado a este problema está el hecho de que las araucarias están muriendo y las razones no están del todo claras. El proceso se vuelve visible cuando las ramas inferiores se secan y, paulatinamente, las superiores también, hasta que el proceso mata al árbol. La CONAF se encuentra evaluando la situación para saber qué es lo que le está pasando al pehuén y poder actuar oportunamente para salvarlo. Al parecer la causa de todo estos serían las sequía prolongadas a las que se han afrontado las araucarias. Frente a condiciones de estrés hídrico como la sequía, las plantas suelen cerrar sus estomas para evitar la pérdida de agua. Cuándo esto ocurre no son capaces de realizar la fotosíntesis y generar azúcares, por lo que deben vivir de sus reservas energéticas, y en períodos prolongados esto podría comprometer la vida de la planta.
La araucaria es uno de los árboles más llamativos de nuestro país, y su importancia no se queda en las comunidades que interactúan constantemente con ella. Desde 1976 su tala está prohibida, considerándose Monumento Natural, y su encanto ha tocado incluso a quienes no viven a su lado. Pablo Neruda nos dejó su "Oda a la Araucaria araucana", en honor no solo del árbol, si no del pueblo que sustentó por tanto tiempo:

Alta sobre la tierra te pusieron
dura, hermosa araucaria de los australes montes,
torre de Chile, punta del territorio verde, pabellón del invierno, nave de la fragancia.

Ahora, sin embargo, no por bella te canto,
sino por el racimo de tu especie, por tu fruta cerrada, por tu piñón abierto.

Antaño, antaño fue cuando sobre los indios 
se abrió como una rosa de madera el colosal puñado de tu puño,
y dejó sobre la tierra mojada los piñones:
harina, pan silvestre del indomable Arauco.

Ved a la guerra: armados los guerreros de Castilla y sus caballos de galvánicas crines
y frente a ellos el grito de los desnudos héroes,
voz de fuego, cuchillo de dura piedra parda, lanzas enloquecidas por el bosque,
tambor, tambor sagrado y dentro de la selva el silencio,
la muerte replegándose, la guerra.

Entonces, en el último bastión verde, dispersas por la fuga
las lanzas de la selva se reunieron bajo las araucarias espinosas.

La cruz, la espada, el hambre iban diezmando la familia salvaje.
Terror, terror de un golpe de herraduras,
el latido de una hoja, viento, dolor y lluvia.
De pronto se estremeció allá arriba la Araucaria araucana,
sus ilustres raíces, las espinas hirsutas del poderoso pabellón
tuvieron un movimiento negro de batalla:

Rugió como una ola de leones todo el follaje de la selva dura,
y entonces cayó una marejada de piñones.
Los anchos estuches se rompieron contra la tierra, contra la piedra defendida
y desgranaron su fruta, el pan postrero de la patria.

Así la lanza recompuso sus lanzas de agua y oro,
zozobraron los bosques bajo el silbido del valor resurrecto,
y avanzaron las cinturas violentas como rachas,
las plumas incendiarias del cacique.
Piedra quemada y flecha voladora atajaron al invasor de hierro en el camino.

La araucaria, follaje de bronce con espinas,
 gracias te dio la sagrada estirpe
gracias te dio la tierra defendida.
Gracias, pan de valientes,
alimento escondido en la mojada aurora de la patria.
Corona verde, pura madre de los espacios,
lámpara del frío territorio,
hoy dame tu luz sombría
la imponente seguridad enarbolada sobre tus raíces
y abandona en mi canto la herencia
y el silbido del viento que te toca
del antiguo y huracanado viento de mi patria.

Dejar caer en mi alma tus granadas
para que las legiones se alimenten de tu especie en mi canto.
Árbol nutricio, entrégame la terrenal argolla que te amarra
a la entraña lluviosa de la tierra.
Entrégame tu resistencia, el rostro y las raíces firmes contra la envidia,
la invasión, la codicia, el desacato.
Tus armas deja y vela sobre mi corazón,
sorbe los míos, sobre los hombros de los valerosos,
porque a la misma luz de hojas y aurora, arenas y follajes
yo voy con las banderas al llamado profundo de mi pueblo.
Araucaria araucana, aquí me tienes.

Foto de Pedro Vargas.