domingo, 18 de marzo de 2018

La doca o dedos de ángel (Carpobrotus chilensis)

Foto sacada del siguiente link: http://eol.org/pages/480604/overview

Muchos conocen a la doca, una planta común en las dunas y playas de arena de nuestro país, desde la Región de Arica y Parinacota hasta la Región de Los Lagos. Es una planta rastrera con hojas suculentas, es decir, que almacenan agua lo que les da un aspecto carnoso, y que cubren los suelos arenosos, estabilizándolos al tiempo que incorporan materia orgánica a través de sus hojas y ramas secas, todo lo cual favorece la llegada de otras plantas a las playas y dunas que puedan ser mas exigentes con las condiciones del suelo. Tienen cierta plasticidad al poder trepar por las ramas de arbustos con los que se topan mientras crecen.

Foto de Juan Pablo Salgado.

Poseen flores rosadas con abundantes pétalos y polen que proveen alimento a distintos invertebrados, además de refugio. Distintos insectos usan flores para guarecerse del frío durante la noche ya que estas cierran sus pétalos generando cierta protección contra las bajas temperaturas. La flor polinizada da origen a un fruto llamado frutilla de arena, comestible y con un sabor ligeramente salado repleto de semillas pequeñas. En California los frutos de ésta y otra especie de doca, Carpobrotus edulis, son consumidos por el ciervo mulo (Odocoileus hemionus) y la liebre de California (Lepus californicus), entre otro animales, dispersando las semillas con sus excrementos. Es posible que antaño la doca fuese dispersada por roedores nativos de  la costa y guanacos (Lama guanicoe), y actualmente sea dispersada más que nada por conejos (Oryctolagus cuniculus) y ganado doméstico.

Insectos guareciéndose en una flor de doca cerrando sus pétalos (foto de Juan Pablo Salgado).

Resulta curioso, sin embargo, que no se sabe a ciencia cierta el origen de esta planta: algunos autores plantean que puede ser originaria de Chile, otros que de Chile y la costa del Pacífico de Norteamérica, algunos que es de Chile y Sudáfrica o solo de Sudáfrica. Actualmente es considerada una planta nativa, aunque esta poca claridad podría generar en una falta de interés por su conservación. Esto toma importancia cuando tomamos en cuenta que se han registrado dos especies de docas emparentadas con la nativa, pero que vienen de Sudáfrica. Estas dos especies son Carpobrotus edulis y Carpobrotus aequilaterus, ambas muy similares entre sí y con un carácter invasivo que preocupa, además de que pueden hibridizar con la nativa C. chilensis lo que es mucho peor. Las flores de C. edulis son de  6 a 10 cm de largo color blanco, amarillo o purpúreo con matices blancos, con hojas de 7-10 cm de largo, mientras que la nativa tiene flores purpúreas de 3 a 5 cm de diámetro y hojas de 3 a 5 cm de largo. Estudios realizados en las costas de California han mostrado que las C. edulis hibridizan con C. chilensis y los animales son dispersores más efectivos de la primera y los híbridos, que de la segunda. Si algo similar ocurre en Chile podríamos ser testigos de una extinción silenciosa pero a la vista de todos de la doca nativa, por el gran parecido entre estas dos plantas.

A: flor de doca nativa; B: flor de C. edulis; C: flor de C. edulis a la izquierda y C. chilensis a la derecha; D: hoja de doca nativa a la izquierda y de C. edulis a la derecha (Fotos sacadas de la investigación que dejó constancia de la presencia de la doca invasora en Chile, disponible en el siguiente link: http://www.gayanabotanica.cl/pdfs/2015/1/18-Sotes_etal_2015.pdf).

jueves, 15 de marzo de 2018

Litoral chileno: bosques de algas o huirales


Bosque de huiros (foto sacada del siguiente link: https://reeflifesurvey.com/surveying-southern-chile/)

Chile es mar, de eso no hay duda, y nuestros mares albergan diversos ecosistemas, cada uno con sus particularidades pero conectados entre sí por sus especies y por cómo uno influye en el otro. Los bosques de algas de los mares chilenos son un gran ejemplo de esa interconexión pues no solo albergan vida exclusiva de estos bosques, si no que son zonas de cría para peces de alta mar y fuente de alimento para predadores costeros.

Bosques de algas (foto de Fabián Norambuena).

Los bosques de algas o huirales, surgen en mares fríos con abundancia de nutrientes como son los mares de Chile gracias a la corriente de Deriva del Oeste que choca con las costas chilenas a la altura de Chiloé y se divide en la Corriente de Humboldt que se dirige por la costa hacia el norte, y la Corriente de Cabo de Hornos que se dirige hacia el sur, transportando masas de agua fría por nuestras costas, levantando nutrientes desde el fondo marino que alimentan a las algas como el cochayuyo (Durvillaea antartica) y el huiro palo o lesonia (Lessonia nigrescens), aunque destaca el huiro (Macrocystis pyrifera)  por ser capaz de crecer hasta 30 metros y elevarse en dirección al sol para realizar la fotosíntesis por medio de unas bollas llenas de gas que empujan la planta hacia arriba llamadas aerocistos. Los nutrientes de las frías aguas son absorbidos desde el agua directamente a través de los tejidos del alga, ya que no poseen ni necesitan raíces como las plantas en tierra. En la base de estas algas hay estructuras similares a raíces llamadas grampones, pero que solo le sirven al alga para anclarse a las rocas y no ser transportada por la corriente.

Buzos adentrándose en un bosque de algas (foto cortesía de Fabián Norambuena).

Se manera similar a lo que ocurre en un bosque en tierra donde los animales se distribuyen según la altura, en los bosques de algas los animales se distribuyen según la profundidad. En "las alturas", que vendría a ser la zona superficial del mar y las masas de follaje de los bosques de algas, se encuentran animales como Gaimardia trapesina, una especie de almeja miniatura, que se adhiere a las hojas del alga, llamadas formalmente frondas. Allí también vive el anfípodo dobla-huiro (Peramphithoe femorata), un curioso crustáceo similar a un camarón que se alimenta de las frondas e incluso las utiliza para construir su hogar: dobla una sobre sí misma y la mantiene fija con seda. Este animalito incluso coloca sus huevos y cuida de sus crías en su refugio, algo poco común en invertebrados. Otra especie que podría utilizar el huiro como refugio y alimento sería el gusano poliqueto Platynereis australis, cuyos ejemplares juveniles y no reproductores viven en las bases de las algas y cuando les llega la hora de reproducirse migran por el huiro hacia arriba donde se refugian en sus frondas y nadan para encontrarse y reproducirse.

Platynereis australis en fronda de huiro (foto sacada del siguiente link: https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-560X2013000100015)

A medio camino entre el fondo marino y la superficie otra fauna vive en los tallos de los huiros. Algunos incluso adoptan formas y colores similares a los de estas algas, como el panchote (Taliepus  dentatus), tal y como algunos insectos lo hacen en los bosques terrestres. Los briozoos son otro tipo de animales que viven a lo largo de los tallos de los huiros. Hay muchas especies de briozoos, que son pequeños organismos cuyas larvas se adhieren al alga y crecen hasta formar un organismo que filtra el agua para obtener su alimento. Este animalito crece y se divide, generando así una colonia de briozoos que crecen adosados al alga.

Panchote (foto sacada del siguiente link: https://reeflifesurvey.com/surveying-southern-chile/).

Potos de mar adheridos al tallo de algas (fotocaptura de la serie "Chile, mundos sumergidos", episodio "Bosques sumergidos").

En la base de los huiros, los grampones, vive gran cantidad de fauna asociada: estudios realizados en huirales de la Región de Magallanes revelaron la presencia de 114 especies animales que viven asociados a la base de estas algas, incluyendo gusanos poliquetos, crustáceos, esponjas de mar, peces, estrellas de mar, erizos, etc.

Izq: esponjas asociadas a la base de las algas; Der: pez y picoroco usando las esponjas como refugio (fotocapturas de la serie "Chile, mundos sumergidos", episodio "Bosques sumergidos").

En los bosques de algas de todo el mundo hay un animal que adquiere suma importancia debido a u voracidad a la hora de comerse los huiros, cochayuyos y otras algas. Son los erizos, un tipo de animal que engloba varas especies presentes en Chile, incluyendo el comestible Loxechinus albus. Estos animales pueden avanzar en hordas por el bosque alimentándose de las bases de los huiros lo que deja a la deriva el resto del alga que se va flotando gracias a sus boyas llenas de gas. Aunque en principio esto puede sonar malo, permite el transporte de invertebrados que estén sujetos al alga al momento de que se desprende, permitiéndoles colonizar otros bosques siempre y cuando el alga llegue hasta uno.

Distintos depredadores dependen de los huirales para obtener su alimento: caracoles de mar de la especie Fusitriton magellanicus o la estrella de mar Cosmasterias lurida que se desplazan lentamente consumiendo organismos que no puedan escapar, y la tonina (Lagenorhynchus australis) pescan en estos bosques. De hecho, la tonina o delfín austral, parece estar íntimamente ligado a los bosques de algas de los canales y fiordos de la zona sur y austral de Chile y se ha planteado incluso que la conservación de este delfín implica la conservación de estos ecosistemas.

Tonina (foto sacada de www.wikipedia.org).

Otros depredadores pescan en estos ambientes, y esa es una manera que tienen los bosques de algas de conectar distintos hábitats: los quetrus (Tachyeres sp.) pescan y se alimentan de mariscos, las gaviotas (Larus dominicanus) comen pequeñas almejas adosadas a las frondas, siendo todos habitantes de la costa. El mamífero marino más pequeño del mundo, el chungungo (Lontra felina), caza en estos ambientes, buceando para capturar crustáceos, peces y moluscos que puede comer tanto en la orilla como en el mar mismo, flotando sobre su espalda y disfrutando de la presa capturada. Su pequeño cuerpo pierde el calor rápido en las frías aguas de Chile de modo que no pueden estar mas de 20 minutos seguidos buceando y han de comer un cuarto de su peso al día para tener reservas para generar calor suficiente. Su pelaje también ayuda: al mantenerlo aireado le aísla del frío. Este mismo pelaje tan fino lo volvió blanco de una caza indiscriminada que por poco y acaba con la especie.

Chungungos (fotos de Nicolás Muñoz Echeverría y Benito Rosende respectivamente).

El ser humano obtiene múltiples beneficios de los bosques de algas. Algunas de ellas son comestibles, como el cochayuyo, y son el sitio de cría de distintas especies de altamar de interés comercial por lo que recargan sus poblaciones, además de contar con especies propias de estos ecosistemas que son fuente de alimento: el bilagay o pintacha (Cheilodactylus variegatus) y el pejeperro (Semicossyphus darwini), entre otros peces. Estas dos especies también pueden encontrarse en fondos rocosos. El bilagay es una especie relativamente común, no muy consumida por gente que no sea pescadores. El pejeperro, por su parte, es una especie no muy estudiada en Chile, aunque las otras especies de género: la vieja de California (S. pulcher) (no confundir con la nativa vieja Graus nigra) y el asiático S. reticulatus tienen características reproductivas bien extrañas. Los peces nacen siendo hembras y a medida que crecen o si el macho dominante del cardumen envejece o muere, se transforman en machos. Es muy probable que esto también ocurra en el pejeperro, dado el parentesco con las otras dos especies.

Bilagay (foto de Luis Vega).

Pejeperro macho (foto sacada del siguiente link: http://www.subpesca.cl/sitioprensa/614/w3-article-92818.html).

Hoy en día ocurre a la destrucción de estos bosques por parte de una industria creciente de extracción de algas destinadas a la obtención de alginatos, una sustancia que contienen y que se usa con distintos propósitos, entre ellos la elaboración de cosméticos y cápsulas de medicamentos. Algunas comunidades del norte de Chile se dedican a la recolección de algas varadas en franjas de costa denominadas áreas de manejo, registradas en SERNAPESCA, actividad que impacta infinitamente menos en estos bosques que la extracción  que hacen algunas comunidades directamente de ejemplares arrancados de la roca en el llamado barreteo. Algunos extractores realizan cortas selectivas, eligiendo los ejemplares a extraer y procurando arrancar también la base del alga, que no vuelve a crecer y que deja el espacio libre para que otra alga recolonice la roca. Muchas comunidades, sin embargo, realizan una "tala rasa" de los bosques de algas lo cuál altera significativamente estos ecosistemas. Peor aún en el caso de los ilegales, no inscritos en SERNAPESCA, que en ocasiones roban el producto de la cosecha de los huireros inscritos. Los huireros legales incluso están dispuestos a barretear en demasía para que lo que quede no se lo roben los ilegales, todo lo cuál ha generado la destrucción de grandes extensiones de bosques marinos, y dejando atrás suelos rocosos donde difícilmente pueden volver a crecer por la voraz herbivoría de los erizos de mar. Las autoridades deben  tomar cartas en el asunto, y las comunidades huireras deben entender que agotar su recurso es pan para hoy y hambre para mañana.

lunes, 12 de febrero de 2018

Un vistazo a las relaciones de Comensalismo en Chile

Homocopris torulosus, una especie comensalista nativa (foto de Benjamín Diaz Núñez).

Ya se habló en este blog sobre el parasitismo y el mutualismo en especies chilenas, ahora llegó el turno del comensalismo, que es un tipo de relación interespecífica (entre diferentes especies) en el que una especie se beneficia de otra sin generarle ningún daño. El ejemplo clásico es el de la rémora y los tiburones. En Chile contamos con las especies Remora crachyptera, Echeneis australis y Echeneis remora. Las remoras poseen en la parte superior de sus cabezas un disco que les permite adherirse a distintas superficies. Estos peces se pegan a tortugas marinas, rayas, tiburones, etc., para desplazarse con facilidad por largas distancias y, en el caso de que los transporte un predador, obtienen alimento de las sobras de la comida de este. Es un claro ejemplo en que un animal se beneficia de otro sin dañarlo. Otro ejemplo clásico es el de las garzas boyeras (Bubulcus ibis), que se acercan al ganado que pasta. Cuando los animales se mueven a través de los campos espantan bichos que escapan de sus pisadas o sus mandíbulas y son detectados y atrapados por las garzas. 

Remoras pegadas a un cetáceo (foto sacada del siguiente link: http://doris.ffessm.fr/Especes/Remora-australis-Remora-des-cetaces-4450)

Un caso similar al de la rémora es el de diversos ácaros que se transportan de flor en flor, donde obtienen su alimento, gracias a los picaflores. Cuando un picaflor visita una flor, entran y salen de sus orificios nasales multitud de ácaros. Algunas especies de pseudoescorpiones hacen algo parecido: con sus pinzas se afirman a una mosca que se pose cerca y la usan para transportarse de un lugar a otro. Estas dos interacciones no están estudiadas en Chile, pero es muy probable que ocurran. Después de todo, no es que en Chile no tengamos especies interesantes, lo que pasa es que falta investigarlas para develar estos y otros comportamientos. A estas formas de comensalismo, en el que una especie usa a otra para transportarse, se le llama foresis.

Pseudoescorpión (foto de Bernardo Segura).

Las plantas también pueden tener relaciones de comensalismo: numerosas especies se han adaptado a crecer sobre plantas de mayor tamaño sin causarle, aparentemente, un daño. Muchos árboles crecen hasta alcanzar grandes tallas, lo que permite la acumulación de hojarasca y tierra en sus ramas, lo que crea un suelo en donde pueden echar raíces otras plantas, que son conocidas como epífitas. Los musgos podrían ser muy importantes en este proceso. Estas plantas no poseen raíces "verdaderas", y en botánica se les llaman "rizoides", y no absorben por ahí los nutrientes. En vez de eso, los absorben a través de sus tejidos verdes: absorben por allí el agua con los nutrientes que vengan disueltos en ella. Como los rizoides solo les sirven para anclarse a un sustrato, pueden crecer directamente sobre la roca u otras plantas, y a medida que mueren se descomponen y llega más musgo, creando suelos que permiten establecerse a plantas más exigentes. En los bosques sureños se puede encontrar multitud de musgos, helechos y planta con flor epifitas que le dan verde al bosque en todas sus alturas. Esto es muy importante pues, de hecho, ahora se sabe que los bosques, principalmente los tropicales eso si, albergan su mayor biodiversidad en las alturas, ya que se aprovecha mejor el espacio disponible y brindan cobijo y alimento a mayor cantidad de animales.

Musgos sobre tronco, y un carpintero negro (Campephilus magellanicus) (foto de Bernardo Segura).

Al comensalismo que consiste en que una especie le brinde hogar a otra sin sufrir daños se le conoce como inquilinismo, y está presente también en nuestra fauna: el cangrejo de porcelana Allopetrolisthes spinifrons se asocia a anémonas Phymactis clematis y P. papillosa, ya que estas poseen tentáculos venenosos que protegen, involuntariamente, al cangrejo. Al parecer los cangrejos de porcelana tendrían un comportamiento territorial y cada anémona solo tendría un ejemplar adulto que, en ocasiones, toleraría la presencia de uno o dos ejemplares pequeños. Aún así, cuando son pequeños, estos crustáceos viven asociados a estrellas de mar hasta que son suficientemente grandes para conseguirse su propia anémona.


Un tercero tipo de comensalismo es la tanatocresia, en el que una especie se beneficia de los restos de otra: su cadáver, restos de su cuerpo, excrementos, etc. Hay multitud de ejemplos en invertebrados nativos. Los escarabajos estercoleros, por ejemplo, muchas veces llamados "toritos" ya que los machos de muchas especies cuentan con un par de "cuernos", se alimentan de y se reproducen en los excrementos de otros animales. Estos bichos poseen adaptaciones como una cabeza con forma de pala que le permite escarbar en la caca, además de un desarrollado sentido del olfato para encontrarla. Algunas especies, como Megathopa villosa, arman bolitas con la caca con la cuál el macho impresiona a la hembra y entierran la bolita donde ponen sus huevos. Otras especies hacen lo mismo en la bosta misma o bajo esta.


Escarabajos estercoleros, vaquitas o toritos (Homocopris torulosus), hembra a la izquierda y macho a la derecha (fotos de Andrés Ramirez Cuadros y Benjamín Díaz Núñez respectivamente).

Los paguros o cangrejos ermitaños hacen lo propio: usan conchas de caracoles muertos para vivir. El cuerpo del cangrejo está hecho para eso: es alargado para enroscarse en la concha, y es suave ya que esta lo protege. A medida que el paguro crece, la concha le va quedando chica y busca otra más grande, llegando en ocasiones a pelearse con otros por un mismo hogar. En algunas islas tropicales existen cangrejos ermitaños terrestres y se piensa que pudieron evolucionar en un inicio ya que al salir del agua, las conchas retenían lo suficiente como para mantenerse cierto tiempo fuera del agua. El cangrejo cocotero (Bijus latro) es una especie tropical (no presente en Chile) de cangrejo ermitaño gigante, de hasta 1 metro de largo con las patas estiradas que se adaptó lo suficiente a la vida terrestre y se volvió un gigante al punto de que ya no usa conchas de caracol. En Chile existen distintas especies, como Pagurus edwarsi, entre otras.

Pagurus edwarsi (foto de Bernardo Segrua).

Una araña aprovechó el exuvia (piel muerta) de una larva de matapiojos que hizo la metamorfosis, para hacer su hogar (foto de Bernardo Segura).

Las hormigas del género Pogonomyrmex son laboriosos insectos coloniales que cosechan semillas y otros alimentos vegetales para alimentar a la colonia. Hasta ahí todo normal para una hormiga, pero lo curioso es que los desechos y restos vegetales son depositados en una suerte de "vertederos" a los cuales asisten otros insectos como escarabajos e incluso otras especies de hormigas para hurgar en busca de alimento. Es notable, a mi parecer, porque es comparable a lo que pasa en vertederos creados por el ser humano que son visitados por palomas, gaviotas e incluso cóndores.

Vídeo de Juan Pablo Salgado.

domingo, 14 de enero de 2018

Litoral chileno: praderas marinas

Pradera marina en Chile (foto sacada del siguiente link: http://www.ed3p.cl/community/news/?locatn=news&action=view_comments&to=76).

Las praderas marinas son ecosistemas poco conocidos que se dan en los litorales de aguas someras en pocos lugares del mundo. Se componen principalmente de plantas con flores, de ancestros terrestres, que han evolucionado para vivir sumergidas en aguas marinas poco profundas. Las hierbas marinas NO son algas. Diferentes especies de "pastos" o "hierbas marinas" crean estos hábitats y para Chile la especie Zoztera chilensis, a veces llamada Heterozoztera chilensis y antaño Heterozostera o Zostera tasmanica, es la responsable de crearlos en unas pocas localidades costeras de las regiones III y IV.

Las praderas marinas alrededor del mundo se componen de especies que se reproducen vegetativamente de forma muy abundante generando rizomas, que son tallos subterráneos, que crecen bajo el sustrato marino, brotando con hojas y raíces y generando así una pradera. Esto tiene dos efectos positivos: anclar la arena y sedimentos del lecho marino con sus raíces, y aprovechar sus nutrientes de manera directa incorporándolos así a la red alimenticia, a diferencia de las algas que no obtienen los nutrientes del suelo marino si no aquellos que están disueltos en el agua. Además, el movimiento ondulante de las hojas de los pastos marinos reduce la potencia de los movimiento de las aguas, volviéndolas más calmas. Estos ecosistemas no solo brindan cobijo a una gran biodiversidad, si no que pueden ser vitales en la lucha contra el cambio climático: estudios en las praderas marinas de Australia han revelado que absorben el doble de dióxido de Carbono disuelto en el mar que la misma superficie de selva tropical, y es posible que ocurra algo similar con las praderas marinas chilenas, tomando en cuenta que las australianas se componen de especies del mismo género, Zostera. Los valores promedio para las praderas marinas son de producción de 1 kg de Carbono en un metro cuadrado al año, es decir, crecen de tal manera que almacenan 1 kg de carbono en los tejidos que generan: raíces, hojas y rizomas.

En Bahía Tiburón, Australia, se extiende una pradera marina de alrededor de 2400 km2 (fotocaptura de la serie de la BBC Planet Earth, episodio Shallow Seas).

De manera paralela a las praderas y sabanas terrestres, las praderas marinas conforman ecosistemas ricos que dan sustento a multitud de animales que se nutren o buscan cobijo en ellas. En el Viejo Mundo los pastos marinos brindan hábitat a grandes rebaños de dugongos (Dungong dugon), y en el Nuevo Mundo grupos de manatíes hacen lo mismo. Estos animales se alimentan casi exclusivamente de hierba marina y son depredados, cuán ñu por un león, por los tiburones que patrullan las praderas.

Izq: dugongo alimetándose; Der: manada de dugongos en Bahía Tiburón (fotocapturas de la película Oceanos, y del episodio Shallow Seas de la serie Planet Earth respectivamente).

Aunque en Chile no tenemos ni manatíes ni dugongos, si contamos con un habitante de las praderas marinas de todo el mundo: la tortuga verde (Chelonia mydas), aunque la subespecie Ch. m. agassizii, del norte de Chile, es llamada tortuga negra por su coloración oscura. Este reptil marino se alimenta de algas, ocasionalmente de pequeños animales marinos y, por supuesto, pasto marino. En nuestro país visitan las praderas de Zostera chilensis los ejemplares juveniles de tortuga negra, mientras que los adultos y subadultos se encuentran en las costas de Norte y Centroamérica según parecen indicar cada vez mas estudios. Estas tortugas provienen de diferentes partes del Océano Pacífico, aunque para Chile y Perú parecen venir aquellas nacidas en el Archipiélago de las Galápagos principalmente. En Isla de Pascua es posible ver a la tortuga verde de la subespecie Ch. m. mydas, llamada localmente "honu", la cual seguramente visita praderas marinas de otras zonas del globo. Quizá fueron estas pasturas las que dieron sustento también al hoy extinto perezoso acuático (Thalassocnus sp.), mamífero cuyos restos fósiles fueron encontrados en Bahía Inglesa.

Tortugas negras en pradera de Zostera chilensis (fotocapturas de la serie Wild Chile, en su episodio "Animalis chilensis", en el siguiente link: https://www.youtube.com/watch?v=D7xEBqIusvI&t=1009s)*

Reconstrucción digital del perezoso acuático (Ilustración sacada del siguiente link: https://alchetron.com/Thalassocnus)

Las praderas marinas constituyen una zona de cría para diferentes peces y mariscos, por lo que tienen una gran importancia al ser las guarderías de especies comerciales como el ostión del norte (Argopecten purpuratus). De hecho, en la localidad de Puerto Aldea las mayores concentraciones de ostión del norte se dan en su pradera marina. Incluso los tallos les sirven de anclaje a algas verdes y rojas que, a su vez, dan sustento a invertebrados marinos como crustáceos caprélidos, jaibas, etc.

Es muy poco lo que sabemos de este ecosistema. De hecho aun no se sabe a ciencia cierta su origen: algunos creen que tiene un origen en Gondwana, el continente prehistórico que contenía a Sudamérica, India, Antártica y Australia, y que eso explicaría por qué en esta última existe una especie similar; otros platean que llegó una semilla de pasto marino de algún otro lugar y que al llegar a Chile se asentó y originó una nueva especie; algunos incluso piensan que puede haber sido introducida accidentalmente por el ser humano producto de sus viajes oceánicos, aunque esta última opción parece la menos fiable al tratarse de una especie endémica y de la relación que tiene con la fauna local.

Pradera marina en el norte de Chile (fotocaptura del siguiente video: https://www.youtube.com/watch?v=8YfwHDbpUbw&t=417s).

Una vez más nos encontramos ante un ecosistema amenazado por la acción humana: a nivel mundial las praderas marinas están sufriendo una disminución en su superficie debido a distintos factores entre los que se encuentran la alteración de su hábitat por un cambio en la temperatura de las aguas o en la turbiedad de estas de modo que dificulta su fotosíntesis. En Chile poco y nada se sabe de estos ecosistemas, y algunas praderas se han visto amenazadas por proyectos energéticos. Destruir estos ecosistemas sería una pérdida por la biodiversidad que albergan, por ser vitales en la renovación de recursos pesqueros, por su ayuda en la lucha contra el cambio climático y seguramente por mucho y mucho más.



*Gente de Wild Chile y de Chilevisión por favor no me maten ni demanden por poner imágenes de su serie documental :(((((((

jueves, 4 de enero de 2018

El litoral chileno: estuarios y lagunas costeras


Los estuarios son ecosistemas que se forman en la desembocadura de los ríos en el mar. Por su localización y la mezcla de aguas dulces y saladas se genera un ecosistema muy rico que contiene elementos de tierra firme y del mar: el embotellamiento de las aguas al desembocar genera una gradiente de salinidad que permite la presencia de peces de agua dulce como diversas especies de pejerreyes o la lamprea de bolsa (Geotria australis) que remonta río arriba desde el mar para reproducirse, o aves marinas como pelícanos (Pelecanus thagus) y muchas especies de gaviotas. Existe mucha vida, razón por la cuál diversas aves migratorias eligen estos lugares como sitios de descanso en sus viajes desde sitios tan lejanos como Norteamérica. Este es el caso de la gaviota de Franklin (Leucophaeus pipixcan) o el zarapito (Numenius phaeopus) que ven en estos lugares sitios de descanso y alimentación. En lugares como la desembocadura del río Aconcagua, entre Concón y Quinteros, se han registrado simultáneamente hasta 30 mil ejemplares de gaviota de Franklin descansando mientras realizan su migración hacia el sur del país.

Cientos de gaviotas de Franklin en el Humedal de Mantagua.

La vegetación puede constar de agrupaciones de totoras (Scoenoplectus californicus) formando totorales, juncos (Juncus sp.) formando juncales, carrizos (Phragmites australis) formando carrizales y vatros (Thypha angustifolia), aunque en su conjunto muchas veces a todas se les llama simplemente totorales. Estas y otras plantas se distribuyen dependiendo de la profundidad del agua, el grado de salinidad o la temporalidad con que están sumergidas y son vitales para mantener estabilizados los bordes del río. Allí anidan multitud de aves como el Siete colores (Tachuris rubrigastra) que es, como dicen algunos, imposible de ver si no es en los totorales. En las lagunas costeras que se forman por barreras físicas que impiden que el río llegue directamente al mar, es posible ver también ver a la tagua común (Fulica armillata), la tagua chica (F. leucoptera) y la tagua de frente roja (F. rufifrons). Estas tres especies pueden tener requerimientos similares, y pueden convivir sin competir eligiendo vivir en zonas diferentes de la laguna: las taguas de frente roja viven en los bordes de las lagunas, las taguas comunes en el centro y las taguas chicas entre medio de estas dos.

Der: taguas comunes; Izq: taguas de frente roja (fotos de Juan Pablo Salgado).

En algunos sitios de los estuarios pueden crecer bosques de sauce chileno (Salix humboldtiana) y diversos matorrales como la chilca (Baccharis salicifolia) que brindan espacios donde las garzas pueden anidar. Un ejemplo notable es el estuario formado por la desembocadura del río Huasco, en la III Región, que alcanza una gran extensión de totorales, praderas inundadas, aguas corrientes y calmas y bosquecillos de sauces. Al encontrarse en una zona desértica, todas las aves acuáticas de la zona se congregan allí, tanto por su gran tamaño como por la escasez de otros humedales. El humedal del río Lluta, en la desembocadura de dicho río, se congrega también mucha fauna y tiene la particularidad de encontrarse prácticamente en el límite Norte de Chile, colindando con Perú, de modo que allí es posible ver aves que no son frecuentes de ver más al sur: habitantes del desierto o ejemplares errantes que llegan de casualidad.

Desembocadura del río Huasco (foto de Juan Pablo Salgado).

Desembocadura del río Lluta (foto sacada de www.wikipedia.org).

Cuando el agua del río se descarga en el mar aporta multitud de nutrientes que enriquecen las aguas y pueden favorecer el crecimiento de bosques de algas que sustentan una variada fauna, e influyen en el crecimiento de plancton: animales o plantas microscópicos que sirven de alimento al krill y otros animales y estos a su vez alimentan a predadores más grandes como las ballenas, incluyendo a las ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae) o la ballena azul (Balaenoptera musculus). Incluso el endémico delfín chileno (Cephalorhynchus eutropia) parece preferir vivir cerca de estuarios, al menos en la zona costera entre Chiloé y Valparaíso.


El ser humano ha venido usando estos espacios naturales desde hace miles de años sin alterarlos de tal manera que se comprometa su calidad de refugio de biodiversidad, pero en los últimos siglos las cosas han cambiado. Al arrastrar todo el material desde río arriba, muchas veces los estuarios vienen cargados con sustancias contaminantes que vierten los asentamientos humanos en los ríos. Estudios realizados en la desembocadura del río Aconcagua han mostrado daños genéticos en el pejerrey de mar (Odontesthes regia) y en la lisa (Mugil cephalus), ambos peces que allí viven y que podrían tener estos daños por las diversas sustancias contaminantes presentes. Además, el continuo desarrollo inmobiliario y cambios en los usos de suelo puede afectar estos ecosistemas al extraer o depositar áridos, desechos de construcciones y basuras varias lo que permite la proliferación de flora exótica invasora capaz de tolerar estas intervenciones en desmedro de la flora nativa. La intervención que se haga aguas arriba puede disminuir el caudal del río o el flujo de nutrientes, afectando las poblaciones de plancton en el mar y con esto, en última instancia, a las ballenas. La destrucción de estuarios dificulta a las aves migratorias realizar sus viajes pues se quedan cada vez con menos sitios de descanso y los que van quedando están mas espaciados entre sí. Es necesario proteger estos importantes enclaves de biodiversidad, que unen la vida marina, terrestre y de agua dulce. Una correcta planificación territorial que contemple estos sitios como prioritarios para la conservación, junto a una efectiva fiscalización para que no sean destruidos de manera ilegal y, por sobre todo, una puesta en valor de estos lugares para el común de la población, son cruciales.

domingo, 24 de septiembre de 2017

El Desierto Florido

Foto de Javier Cruz.

En el norte de Chile se encuentra el desierto de Atacama, el más árido del mundo. Esto quiere decir que es el que posee menos precipitaciones. A consecuencia de esto es también el desierto con menor actividad biológica del mundo, es decir, con menos vida en él.
Cada tantos años ocurre el fenómeno de El Niño: llegan corrientes de aguas cálidas a las costas frente al desierto. Todo esto favorece la evaporación de las aguas superficiales y la formación de nubes, haciendo posible que llueva en el desierto.
El agua que nutre la tierra genera un milagro: el desierto se vuelve una enorme pradera florida con plantas que pueden haber llevado años dormidas. Algunas especies como las patas de guanaco (Cistanthe sp.), y las malvillas (Cristaria sp.) germinan a partir de semillas que permanecían latentes en el suelo, mientras que añañucas (Rhodophiala sp. y Phycella sp.) y huillis (Leucocoryne sp.) poseen estructuras subterráneas desde donde brotan cada vez que hay agua suficiente.

Izq: abeja nativa en flor de malvilla; Der: ácaros en flor de garra de león (Bomarea ovallei) (fotos de Bernardo Segura).

Las plantas son la base de los ecosistemas terrestres y su repentina abundancia en el desierto genera una explosión de vida animal: multitud de insectos se alimentan de las hojas, néctar y polen de las flores; las pajaritos y reptiles se alimentan de estos insectos y son a su vez presa de zorros, aves rapaces y culebras. Algunos de los mayores animales terrestres de Chile: los guanacos (Lama guanicoe), aprovechan también esta sobreoferta de vegetación y se vuelven presa del puma (Puma concolor).

Crías de ratón orejudo (Phyllotis darwini) en su nido (foto de Cristofer Canipane).

Dentro de las especies más características del desierto florido hay que mencionar a las vaquitas del desierto (Gyriosomus sp.), escarabajos endémicos de las zonas áridas de Chile desde la II hasta la V Región. Existen varias especies, todas de color negro con patrones de manchas o rayas blancas que caminan por el suelo, ya que no pueden volar, durante los eventos de floración del desierto, buscando alimento que puede ir desde animales muertos hasta materia vegetal. 

Vaquitas del desierto escondidas en la hojarasca (fotod e Juan Pablo Salgado).

La garra de león es muchas veces cortada por la gente para llevársela a casa, ignorando que impide a la planta reproducirse (foto de Javier Cruz).


Fotos de Juan Pablo Salgado.

Lamentablemente el desierto florido enfrenta varias amenazas. Existe gente que asiste a este espectáculo natural y corta las flores nativas para llevarse un ramo de flores a su casa o solo para tomarse una foto, ignorando el daño que genera al impedir a esas plantas poder reproducirse: es la flor la que da el fruto con sus semillas, al cortarla se interrumpe este proceso. Además, mucha gente pasa en vehículos motorizados por los prados floridos, aplastando, cortando o hasta desenterrando las endebles hierbas. Para el desierto florido del 2017 inclusive se supo de avionetas que aterrizaron en mitad de uno de estos prados, si bien declararon haber tenido fallas técnicas que los obligaron a tal acto. Otro problema lo causan los perros vagos, asilvestrados y domésticos que la gente lleva e incluso abandona en el desierto, y que dan caza a la fauna autóctona, que no sabe como defenderse de estos predadores tan agresivos. A escasa distancia del nido de ratoncitos de la foto de más arriba se encontró una hembra muerta recientemente, con el pelaje babeado, muy seguramente atrapada y muerta por unos perros que andaban en la zona. Un predador como un zorro o un ave rapaz no habría dejado el cuerpo entero tirado.

Ratón orejudo hembra, muerta (foto de Cristofer Canipane).

En otros desiertos también hay floraciones masivas cuando llueve, pero no alcanzan a durar un mes. En el desierto de Atacama, a pesar de ser el desierto más árido del mundo la floración puede durar ¡hasta más de dos meses! Sin duda es un patrimonio que debemos proteger.