jueves, 23 de marzo de 2017

La Araucaria o Pehuén (Araucaria araucana)

Foto de Juan Pablo Salgado.

Mucho se puede hablar de la araucaria o pehuén, sabiendo la importancia que tiene para muchos chilenos al ser uno de los árboles más fáciles de reconocer, y de los más icónicos del país. Las araucarias, sin embargo, poseen una historia que se remonta a millones de años en el pasado, cuando los continentes se encontraban unidos en un solo gran continente llamado Pangea, hace 180 millones de años. Pangea fue fragmentándose en los continentes Laurasia y Gondwana, desplazándose el primero al norte del Ecuador y el segundo al sur. Gondwana conservó sus bosques de araucarias primitivas y al fragmentarse posteriormente para dar origen a Sudamérica, Australia, África, la Antártida y la India. Es esta la razón por la que las araucarias pueden encontrarse también en Australia, Nueva Zelanda y Nueva Caledonia (estas dos últimas provienen de Australia), si bien se extinguieron en el resto de tierras que formaron parte de Gondwana.
Las araucarias, o al menos miembros de su antigua familia, llegaron también a Laurasia, aunque posteriormente se extinguieron. Esto se explica pues su origen sería previo a la división de Pangea.
En Sudamérica viven aún dos clases de araucarias: la Araucaria angustifolia y Araucaria araucana. La primera vive en Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, y en Chile es ampliamente usada en el arbolado urbano de las ciudades de la zona central, llegando mucha gente a pensar erróneamente que corresponde a la nativa Araucaria araucana.

Fotocaptura del episodio 6 de "Caminando con dinosaurios", de la BBC. Se ven Tyrannosaurus rex rugiendo con araucarias en el fondo. Esta escena fue grabada en Parque Nacional Conguillio, en Chile y, posteriormente con softwares fueron añadidos los dinosaurios digitalmente, obviamente.

En Chile, la especie Araucaria araucana es llamada simplemente araucaria o, en el caso de los mapuches, pehuén o pewén. Crece desde la Región del Biobío hasta la Región de los Ríos, principalmente en la cordillera andina, si bien en la cordillera de Nahuelbuta, parte de la cordillera de la costa, se encuentra una población importante de araucarias que, según algunos científicos, podría corresponder a una subespecie diferente. De forma natural crece entre los 600 y los 1700 msnm (metros sobre el nivel del mar) en suelos volcánicos o arcillosos. Debido a que su hábitat se encuentran a altitud y en el sur del país, durante una parte del año deben afrontar la nieve, que se acumula en sus ramas y follaje. La forma de sus ramas evita que se acumule demasiada nieve que pueda romperlas. Algunos árboles con los que comparte el hábitat pierden sus hojas en invierno, como la lenga (Nothofagus pumilio), para que la nieve no mate su follaje. Las araucarias, en cambio, no necesitan desprenderse de sus hojas, que son coriáceas y están adaptadas a la nieve.

Foto de Bernardo Segura.

Estos árboles poseen un lento crecimiento desde que germinan los piñones, que son las semillas de la araucaria, por las agrestes condiciones de su entorno, como la aridez del terreno donde germinan, las nieves que cubren los brotes, etc. Además, los piñones deben germinar y crecer en sitios abiertos con abundante luz solar, y no bajo el dosel denso de las araucarias maduras y otros árboles o si no la falta de luz los mata.
Una vez establecidos, los jóvenes arbolitos pueden llegar a vivir más de mil años, alcanzando 50 metros de alto y más de 2 metros de diámetro. Su tronco es rugoso y el follaje se concentra en el extremo superior, de modo que recuerda a un paraguas.  El tronco está cubierto de una serie de rugosidades que parecieran "encajar" entre sí y que tiene la particularidad de ser difícil de inflamar, algo muy útil en su hábitat dominado por volcanes activos que pueden generan incendios forestales cuando hacen erupción.

A menudo los troncos de araucarias se cubren de líquenes (foto de Juan Pablo Salgado).

Los árboles, a medida que van creciendo, van cambiando su forma. Las araucarias jóvenes van adoptando una forma similar a un pino, y luego van adquiriendo la forma de paraguas característica. Cuándo están listos para reproducirse se pueden diferenciar los árboles machos de las hembras. Los primeros dan conos alargados que desprenden su polen al viento. Aquellos granos de polen que lleguen a los conos femeninos los fecundarán y darán origen a un estróbilo ("fruto") de forma esférica compuesto de piñones. Entre que el polen llega al cono femenino, hasta que las semillas maduran pueden pasar ¡de 16 a 18 meses!

No es de extrañar que siendo un árbol dominante en sus bosques y por su historia antediluviana, exista fauna íntimamente ligada al pehuén. Existe, por ejemplo, el gorgojo de la araucaria (Calvertius  tuberosus), un insecto cuyo ciclo vital dependen del pehuén: las larvas se alimentan solo en los troncos caídos de estos árboles, bajo su corteza.

Gorgojo de la araucaria (foto de Manuel Cristóbal Gedda Ortiz). 

Los choroy (Enicognathus leptorhynchus) y cahañas (E. ferrugineus) son dos loros nativos que se alimentan de diferentes elementos, entre ellos los piñones de las araucarias, y cuando los pehuenes tienen sus semillas maduras llegan en enormes bandadas a darse un festín, separando las semillas entre si, que vienen compactadas en una gran bola, manipulando algunos piñones para llevárselos al pico. En este proceso caen muchísimos al suelo, donde son consumidos por otros animales que no pueden subir a los árboles a buscarlos. Esto ocurre con el pudú (Pudu puda) y el tunduco (Aconaemys fuscus) que recolecta las semillas y las almacena en sus galerías subterráneas para tiempos de carestía. Muchas de estas semillas no son consumidas y terminan germinando, por lo que el tunduco contribuye a su dispersión.

El ser humano también acude a la bonanza. Y lo viene haciendo desde hace siglos, quizá miles de años. Existe todo un grupo étnico cuya relación con este árbol es tan estrecha que se autodenominan pueblo "pehuenche", que traducido desde su idioma significa "gente del pehuén". Este árbol forma parte de su cultura e identidad y durante mucho tiempo los piñones han sido su principal sustento, cocinándolo de diferentes maneras y guardándolo para momentos de carestía, tal como el tunduco.

Extracto de la serie "Pueblos originarios", transmitido por TVN el año 2010, del episodio "Pehuenches".

Juan Carlos Bodoque, junto a Huachimingo y la machi Fresia nos contaron la historia del pehuén en una "Nota verde".

Los piñones son ahora usados no solo por los pehuenches como alimento. En restaurantes se ven platillos que los incluyen, y cada año se ha hecho más fácil ver este producto a la venta en ciudades como Santiago. Los principales colectores siguen siendo los pehuenches, pero ya no solo es para autoconsumo y ha pasado a formar parte de su sustento monetario. Al parecer esta actividad se ha realizado de manera descontrolada y según especialistas, ésta sería la principal razón por la que ya prácticamente no existe regeneración (arbolitos nuevos) de esta especie.
Sumado a este problema está el hecho de que las araucarias están muriendo y las razones no están del todo claras. El proceso se vuelve visible cuando las ramas inferiores se secan y, paulatinamente, las superiores también, hasta que el proceso mata al árbol. La CONAF se encuentra evaluando la situación para saber qué es lo que le está pasando al pehuén y poder actuar oportunamente para salvarlo. Al parecer la causa de todo estos serían las sequía prolongadas a las que se han afrontado las araucarias. Frente a condiciones de estrés hídrico como la sequía, las plantas suelen cerrar sus estomas para evitar la pérdida de agua. Cuándo esto ocurre no son capaces de realizar la fotosíntesis y generar azúcares, por lo que deben vivir de sus reservas energéticas, y en períodos prolongados esto podría comprometer la vida de la planta.
La araucaria es uno de los árboles más llamativos de nuestro país, y su importancia no se queda en las comunidades que interactúan constantemente con ella. Desde 1976 su tala está prohibida, considerándose Monumento Natural, y su encanto ha tocado incluso a quienes no viven a su lado. Pablo Neruda nos dejó su "Oda a la Araucaria araucana", en honor no solo del árbol, si no del pueblo que sustentó por tanto tiempo:

Alta sobre la tierra te pusieron
dura, hermosa araucaria de los australes montes,
torre de Chile, punta del territorio verde, pabellón del invierno, nave de la fragancia.

Ahora, sin embargo, no por bella te canto,
sino por el racimo de tu especie, por tu fruta cerrada, por tu piñón abierto.

Antaño, antaño fue cuando sobre los indios 
se abrió como una rosa de madera el colosal puñado de tu puño,
y dejó sobre la tierra mojada los piñones:
harina, pan silvestre del indomable Arauco.

Ved a la guerra: armados los guerreros de Castilla y sus caballos de galvánicas crines
y frente a ellos el grito de los desnudos héroes,
voz de fuego, cuchillo de dura piedra parda, lanzas enloquecidas por el bosque,
tambor, tambor sagrado y dentro de la selva el silencio,
la muerte replegándose, la guerra.

Entonces, en el último bastión verde, dispersas por la fuga
las lanzas de la selva se reunieron bajo las araucarias espinosas.

La cruz, la espada, el hambre iban diezmando la familia salvaje.
Terror, terror de un golpe de herraduras,
el latido de una hoja, viento, dolor y lluvia.
De pronto se estremeció allá arriba la Araucaria araucana,
sus ilustres raíces, las espinas hirsutas del poderoso pabellón
tuvieron un movimiento negro de batalla:

Rugió como una ola de leones todo el follaje de la selva dura,
y entonces cayó una marejada de piñones.
Los anchos estuches se rompieron contra la tierra, contra la piedra defendida
y desgranaron su fruta, el pan postrero de la patria.

Así la lanza recompuso sus lanzas de agua y oro,
zozobraron los bosques bajo el silbido del valor resurrecto,
y avanzaron las cinturas violentas como rachas,
las plumas incendiarias del cacique.
Piedra quemada y flecha voladora atajaron al invasor de hierro en el camino.

La araucaria, follaje de bronce con espinas,
 gracias te dio la sagrada estirpe
gracias te dio la tierra defendida.
Gracias, pan de valientes,
alimento escondido en la mojada aurora de la patria.
Corona verde, pura madre de los espacios,
lámpara del frío territorio,
hoy dame tu luz sombría
la imponente seguridad enarbolada sobre tus raíces
y abandona en mi canto la herencia
y el silbido del viento que te toca
del antiguo y huracanado viento de mi patria.

Dejar caer en mi alma tus granadas
para que las legiones se alimenten de tu especie en mi canto.
Árbol nutricio, entrégame la terrenal argolla que te amarra
a la entraña lluviosa de la tierra.
Entrégame tu resistencia, el rostro y las raíces firmes contra la envidia,
la invasión, la codicia, el desacato.
Tus armas deja y vela sobre mi corazón,
sorbe los míos, sobre los hombros de los valerosos,
porque a la misma luz de hojas y aurora, arenas y follajes
yo voy con las banderas al llamado profundo de mi pueblo.
Araucaria araucana, aquí me tienes.

Foto de Pedro Vargas.

sábado, 11 de marzo de 2017

Hormigas de Chile

Dorymyrmex goeschi en la entrada de su nido (foto de Bernardo Segura).

Todas las personas conocen a las hormigas. Son de los pocos insectos que nos acompañan prácticamente en el día a día. Sin embargo, y a pesar de su aparente cotidianidad, albergan historias fascinantes. Las hormigas son un bicho muy parecido al ser humano por un hecho poco común en los insectos: son sociales, organizados y crean sociedades casi tan complejas como las nuestras. Existen hormigas que son activas cazadoras-nómadas, otras recolectoras, las hay granjeras: ganaderas o agricultoras. Existen también hormigas ladronas, esclavistas de otras hormigas o cooperadoras entre sí.
Existen otros insectos que viven en comunidades organizadas tales como el moscardón o abejorro chileno (Bombus dahlbomii) que forma colmenas. Pero estos insectos forman colmenas cuya existencia solo dura una temporada, luego de lo cuál todos los individuos mueren con excepción de aquellos que fundarán colonias al año siguiente. En las hormigas, en cambio, ocurre que sus colonias pueden durar varios años. Esto, sumado a que en una colonia se traslapan las generaciones y al hecho de que existen divisiones en el trabajo de los individuos de la colonia, hace que se les considere eusociales, comportamiento que comparten con la abeja melífera (Apis mellifera) y, curiosamente, con el crustáceo de la especie Synalpheus regalis y las ratas topo desnudas (Heterocephalus glaber).

Cámarones eusociales en la serie de la BBC "Planeta Azul".

¿De dónde vienen las hormigas? Pues bien, las hormigas descienden de avispas primitivas, ya sociales, que hace millones de años adoptaron un modo de vida subterráneo, elaborando sus avisperos bajo tierra. Con el transcurso de la evolución perdieron sus alas, que pueden ser una molestia mientras se desplazan por túneles en el subsuelo.

Bajo tierra siguieron con su modo de vida social, dividido en castas altamente organizadas y especializadas que trabajan en conjunto para mantener a la colonia. Dentro de las castas tenemos a las obreras, individuos más numerosos y que realizan las distintas labores: limpiar el hormiguero, salir a buscar comida, atender a las otras castas, organizar las cámaras de sus colonias, etc. Algunas especies poseen diferentes tipos de obreras que realizan una u otra de estas tareas, como la nativa Brachymyrmex giardii que posee obreras de distintos tamaños, siendo las más grandes cosechadoras de néctar, el cuál almacenan en su abdomen expansible.
Algunas especies cuentan con una casta de soldados, cuya única función es la defender al hormiguero frente a predadores u otras hormigas. En Chile los hormigones (Camponotus sp.) cuentan con la casta de soldados que se distinguen por sus grandes cabezas.
La casta mas importante es la casta reproductora, que muchas veces tiene la apariencia de hormigas obreras con la diferencia de que presentan alas, como sus ancestros avispas. Esta casta es mimada por las obreras en el hormiguero hasta que se desata, en ciertas épocas del año, el vuelo nupcial en el cual los machos y hembras alados salen de su hogar para volar y reproducirse con el fin de fundar nuevas colonias. Los machos mueren después de este proceso y también muchas hembras, pero algunas, fertilizadas, empiezan a construir sus hormigueros y fundan así una nueva colonia. En algunas especies un nido puede tener mayor proporción de machos en su casta reproductora mientras que el nido vecino puede tener mayor proporción de hembras, de modo que existe mas probabilidad de que se crucen entre sí que con sus hermanas.

Vuelo nupcial de hormigón dorado (quizá C. chilensis C. spinolae) (video de Juan Pablo Salgado).

En muchas especies las hembras fecundadas empiezan su nido y sellan la entrada mientras crían a su prole, sobreviviendo las reinas al metabolizar los músculos de sus alas y alimentando a sus primeras larvas con huevos tróficos, que son estériles y cumplen la función de alimento. Cuándo ya poseen sus primeras obreras, son estas las que abren la entrada del nido.
Luego de criar a sus primeras obreras dejan de trabajar y solo se dedican a poner huevos mientras sus hijas la atienden. Así surge la reina, que puede gobernar su hormiguero en solitario o en conjunto con otras reinas que cooperen entre sí al momento de fundar el nido, como ocurre con los hormigones. Las reinas son de mayor tamaño que el resto de las castas y viven  mimadas por sus hijas obreras en sus hormigueros. No pareciera que las reinas lleven vidas muy agitadas pero en algunas especies, cuándo varias hembras reproductoras han empezado juntas una colonia, con el paso del tiempo la reina dominante toma el poder por la fuerza matando a sus compañeras.

Reina de hormiga de fuego de la especie Solenopsis gayi (Foto Asiel Olivares).

Entre tantas hormigas, castas y labores necesarias para mantener sus colonias ¿Cómo se organizan entre sí? La respuesta es: comunicación química. Estos insectos son capaces de producir sustancias químicas que codifican mensajes de modo que pueden alertar a sus compañeras de un peligro, marcar rutas de escape o hacia fuentes de alimento, o avisar de que se requiere ayuda para reparar algunas partes del hormiguero.
La comunicación química se realiza a través de feromonas volátiles (quedan en el aire) o sustancias no volátiles. Son compuestos químicos de diferentes tipos que son generados y almacenados en ciertas glándulas en el cuerpo de la hormigas y que los va liberando de manera controlada para comunicarse. Las distintas combinaciones de compuestos, y sus proporciones, codifican mensajes específicos que la hormiga es capaz de percibir a través de sus antenas.

Si bien se comentó en un inicio que las hormigas evolucionaron al hacer sus colonias bajo tierra, actualmente las  distintas especies han ocupado diferentes lugares para establecerse. Mientras que los hormigones negros (C. morosus) pueden hacer sus hogares bajo tierra o piedras, los hormigones dorados pueden usar troncos caídos y en proceso de descomposición, y la hormiga arborícola (Pseudomyrmex lynceus) ocupa huecos en ramas secas de los árboles para construir sus nidos, razón por la cuál se encuentra incluso en las dunas de Concón, donde anida en los arbustos de gran tamaño que se encuentran entre las dunas. Existen especies capaces de vivir en hormigueros de otras especies y coexistir en relativa armonía y, en las selvas tropicales, existen los llamados "jardines de hormigas", compuestos por plantas de determinadas especies que albergan una o varias especies de hormigas especializadas en vivir solo en ese tipo de plantas. Esto último quizá ocurra en Chile, en los bosques del sur o aún en los de la zona central, pero desconozco si es así.
Incluso dentro de las especies que construyen sus nidos bajo tierra hay diferencias, y algunas prefieren suelos arenosos, mientras que otras los prefieren suelos mas compactos y así.

Hormigas nativas en el Cajón del Maipo, con hormigueros bajo tierra cuyas entradas parecen volcanes en miniatura (fotos de Daniel Hinojosa).

 
Izq: hormiga arborícola en espino; Der: hormiga arborícola asomándose de su nido en una rama (fotos de Bernardo Segura y Pedro Vargas respectivamente).

En sus hormigueros hay galerías específicas para la casta reproductora, desechos del hormiguero, despensas de comida, huevos y larvas. Los nidos se ordenan de maneras acorde a los hábitos de las diferentes especies. Las hormigas ortiga, del Género Pogonomyrmex que en Chile cuenta con 5 especies, poseen "basureros" donde dejan restos de comida y que sirven a otros insectos como fuente de alimento, incluyendo otras especies de hormigas. 
Se vuelve necesaria la mención de las hormigas cortadoras de hojas, de los Géneros Atta y Acromyrmex, que cosechan hojas y en sus hormigueros subterráneos poseen cámaras destinadas a formar jardines de hongos que alimentan con estas hojas. Los hongos solo se encuentran en estos jardines, donde tienen las condiciones necesarias para su crecimiento. Las hormigas los cultivan pues se alimentan de ellos.

Las hormigas ortiga, llamadas en inglés harvester ants (hormigas cosechadoras), usan y transforman el terreno mejorando su estructura al construir sus hormigueros y, una vez abandonados, facilitar el establecimiento de nuevas plantas. Sus efectos van mas allá. Estas hormigas que se alimentan preferentemente de semillas y otros alimentos vegetales, dispersan con éxito e inintencionadamente algunas plantas al recolectar sus semillas, transportarlas y luego, por azar, no consumirlas, ayudados por una estructura de pelos alrededor de sus mandíbulas llamado psamóforo y que le ayuda a acarrear semillas. Es debido a su dieta granívora que las hormigas ortiga poseen cabezas tan grandes que les permiten acarrear y trozar las semillas que componen su dieta, razón por la cuál otros Géneros con los mismos hábitos poseen también cabezas grandes.

Pogonomyrmex bispinosus (foto de Pedro Vargas).

Las diferentes especies suelen estar enfocadas en un tipo diferente de hábitat y alimento, para no competir entre sí. Dentro de los alimentos que son capaces de consumir hay una gama casi infinita de posibilidades. A veces visitan las flores para beber su néctar y de paso su cuerpo puede quedar cubierto de polen, contribuyendo a la polinización como ocurre con las hormigas arborícolas. También ayudan a diseminar las semillas en algunos frutos: los quiscos (Trichocereus chiloensis) abren sus frutos al madurar y las hormigas acuden de inmediato a recolectar la pulpa dulce cargada de semillas.

Otras especies gustan más de la carne y buscan animales muertos para llevarlos a sus hogares, donde serán despedazados y repartidos entre la colonia, aunque si el animal es demasiado grande lo trozarán en terreno para facilitar su transporte. Si bien mucho de su alimento seguramente serán invertebrados muertos por otras causas, algunas especies han de cazar activamente como aquellas pertenecientes al Género Dorymyrmex que, luego de limpiar sus nidos por la mañana, salen en busca de carroña e insectos susceptibles de depredar. No solo la carne de otros animales: se piensa que el hormigón negro se alimenta, entre muchas otras cosas, de excrementos de aves y reptiles que llevan a sus nidos según un estudio. Quizá sea para alimentar a sus larvas que requieren alimentos ricos en Nitrógeno para así sintetizar proteínas y poder alcanzar el tamaño necesario para realizar su metamorfósis y convertirse en hormigas adultas pues, una vez alcanzado este estado no siguen creciendo (en especies donde las castas alcanzan diferentes tamaños, esto se alcanza en el estado de larva). Quizá sea por ello que las hormigas adultas sean tan asiduas a los alimentos azucarados, ya que requieren principalmente fuentes de energía química para echar a andar sus cuerpos más que elementos estructurales.

Izq: Dorymyrmex llevando trozos de hormigón; Der: Dorymyrmex faenando en terreno un coleóptero muerto (fotos de Pedro Va y Bernardo Segura respectivamente).

Hormigones dorados carneando una araña pollito (video de Bernardo Segura).

Las hormigas han logrado algo que muy poco animales pueden ostentar: han domesticado otras especies. Muchos insectos chupadores de savia se nutren de este alimento, enterrando sus aparatos bucales en las plantas. Estas sustancias suelen ser muy azucaradas y el excedente debe ser eliminado en la forma de ligamasa. Esto ocurre con los áfidos o pulgones que, junto a otras especies, son pastoreadas por las hormigas, quienes las protegen de sus predadores y las arrean de un sitio de alimentación a otro. Sus cuidadores reciben a cambio las secreciones azucaradas de los áfidos. En Chile se ha visto hormigas Dorymyrmex y hormigones cuidando pulgones, aunque su relación no está clara.

Dorymyrmex sp. visitando continuamente áfidos en la cima del cerro Minillas, Región Metropolitana (video de Juan Pablo Salgado).

Pero no todas las relaciones con otras especies vienen a beneficio de las hormigas. Si bien no muchos animales se atreven a meterse con ellas pues muerden o pican fuerte, como la hormiga de fuego (Solenopsis sp.), existen organismos que subsisten a expensas de estos insectos. Las moscas de la Familia Phoridae, por ejemplo, son insectos parasitoides que colocan sus huevos en los cuerpos de ciertas especies de hormigas. Sus larvas se nutren del cuerpo del hospedero hasta matarlo. Se ha planteado que las moscas perciben las sustancias químicas que las hormigas emiten cuándo están en guerra entre hormigueros. De esta manera no solo encontrarían a su hospedero si no que podrían colocar sus huevos mientras éstos están distraídos luchando. Las hormigas de fuego, por ejemplo, son parasitadas por la mosca phórida Pseudacteon obtusus que insertan un huevo en el tórax de las obreras y la larva, al eclosionar, se desplaza a la cabeza del hospedero, donde se alimenta de sus tejidos. El macabro proceso concluye cuando la larva decapita a la hormiga de fuego y termina su desarrollo para salir como mosca de las mandíbulas de la desafortunada hormiga.

Cortometraje realizado por Bernardo Segura de una pelea entre dos colonias de hormigones negros soldado (C. morosus) y una mosca Phoridae que se aprovecha de la situación.

Incluso otras hormigas pueden ser una amenaza y como se mencionó anteriormente, existen hormigas ladronas ("thief antes" en inglés), y Chile no es la excepción. Dos especies de hormigas de fuego: Solenopsis helena y S. latastei llevan este estilo de vida y construyen sus nidos subterráneos cerca de los nidos de otras especies de hormigas. Esto les facilita incursionar en los nidos vecinos y robar de ellos alimento recolectado por las víctimas, así como sus huevos y larvas.

Existen en Chile "falsas hormigas" cuyo parecido con las hormigas verdaderas llevan a otras especies a confundirse. Tal es el caso de la hormiga panda (Euspinolia militaris) que es en realidad una avispa cuyas hembras carecen de alas y son de un color blanco alternado con negro, origen de su nombre.
Otra especie es la araña imitadora del hormigón dorado (Atomosphyrus tristiculus) que, como su nombre indica, imita a esta hormiga con su abdomen dorado y resto del cuerpo negro, seguramente para que los depredadores la eviten.


La relación entre el ser humano y las hormigas es también muy diversa: asociadas con la mugre por algunos, admiradas por otros. Incluso en lugares como Australia las hormigas mieleras (Camponotus inflatus) han sido fuente de alimento para los aborígenes desde tiempos inmemoriales.
En Chile las hormigas están presente en el imaginario popular (¿cómo no? si están en todos lados), y existe incluso la creencia de que cuándo las hormigas están muy activas durante el verano, el invierno sería particularmente crudo. Aún así esto, en opinión del Doctor Joaquín Ipinza Regla veterinario chileno experto en hormigas, no sería cierto.
Las hormigas en las ciudades suelen ser una molestia dentro de los hogares, al encontrarse robándonos comida en las cocinas. En lugares muy antropizados (muy intervenidos por el hombre), como son las grandes ciudades, las especies nativas no han sabido adaptarse lo suficientemente bien como la foránea hormiga argentina (Linepithema humile), que es la hormiga común que los Santiaguinos vemos en nuestros jardines y casas, y que ha sabido sobrevivir en nuestros jardines soportando las inundaciones que se pueden generar al regar, pastoreando a los áfidos y cochinillas blancas en las plantas, tomando su parte en las sobras en los basureros y, curiosamente, en los caracoles de jardín (Helix sp.) que algunas personas pisan en cuánto ven en sus jardines.

Pero así como hay personas que ven a las hormigas como alimañas, hay quienes las encuentran seres fascinantes al punto de criarlas en cautiverio en sus propios hogares. Para tener una idea más clara de lo que esto trata, próximamente subiré una entrevista con Cristofer Canipane, criador de hormigas desde hace muchos años, y que nos contará de esa fantástica práctica que es la crianza de estos animales.

jueves, 23 de febrero de 2017

"Descubrimiento de América", poema de Raúl González Labbé

Habría que empezar de nuevo.
Partir de la raíz del indio.
Ir al origen puro sin conceptos ya hechos.
Sólo así encontraremos la América no descubierta,
la América del vientre claro y los jocundos pechos,
la América con su propio idioma cantador,
galopando su libertad de yegua joven bajo el cielo.

Araucarias en la niebla (foto de Bernardo Segura).

Tenemos cuatro siglos de invasiones.
No saber usar nuestros ojos.
Pies extraños caminan por nuestras heredades.
Extranjeras palabras definen gesto nuestros.
Oro, cobre y sudor americanos
-amalgama de gritos y protestas-
surcan el mar en barcos de incomprensibles nombres.

"Alacalufes cazando huemules" de Eduardo Armstrong.

América. Digo: América de los bananos,
de los cafetales, y las caucheras  los minerales.
La América que pare abundancia.
La América de los grandes ríos y las montañas grandes.
El Nuevo Mundo que amamanta al mundo viejo.
La tierra en que mis hermanos los parias tienen hambre.
La América, si, la América que no necesita nodrizas,
porque bebe leche del cielo en la cumbre del Aconcagua.

Aconcagua, en Argentina (foto sacada de ww.wikipedia.org).

No la escolar América sabida por los mapas:
tierra tatuada de nombres y colores,
partida en Panamá por un canal de fierro
y comida en el sur por los hielos australes,
sino ésta otra, ésta que nace
en el pétreo filo de los Andes
y cae como un poncho verde a dos mares azules.
Esta que va en mi canto americano,
resonando en el galope del charro,
del huaso, del llanero, del indio y del gaucho.
Esta que va en la espalda del cargador de muelles,
y en la espuela grandona, y en el sombrero floreado,

"Huaso y lavandera" de Mauricio Rugendas.

Y en la ojota besada por aguas y tierras,
y en el olor del mate amargo,
y en el lamento de la quena y la trutruca,
y en el aroma de la piña madura,
y en el maíz que ríe con risa de sátiro,
y en el coco y la jícara que recibe su jugo.
Esa es la América, hermanos.
Es pura la mañana. Cantan los pájaros.
Canta el sinsonte y el quetzal es un relámpago.
Vamos a descubrir la América nuestra.
El día agita sus banderas anchas.
Es hora de partir y amanecer.
Partamos.

Tenca (Mimus thenca), una especie de sinsonte (foto sacada de www.avesdechile.cl).

lunes, 20 de febrero de 2017

"Abejas...¡Mucho más que las productoras de miel!"

Abeja nativa (foto de Juan Pablo Salgado).

Estimados lectores, en vista de la toma de conciencia de la situación que viven las abejas melíferas (Apis mellifera), es importante aclarar ciertos puntos respecto de lo que les está ocurriendo y ver qué relación tiene con nuestras abejas nativas, razón por la cuál les comparto el siguiente link a un interesante artículo escrito por Patricia Henríquez, Constanza Schapheer y Cristian A. Villagra:

sábado, 21 de enero de 2017

Frutos y dispersores



Se considera, según la botánica, que el fruto es el producto del ovario desarrollado luego de la fecundación, en la flor. Por lo tanto el concepto fruto no incluye solo la fruta carnosa y dulce que solemos comer, también incluye las vainas llenas de semillas de algunas plantas o inclusive las "semillas" que son arrastradas por el viento como las del diente de león (Taraxacum officinale) o las "semillas" (en realidad frutos) del pasto.

Las diversas clases de dispersión de los frutos pueden ser por medio del viento (anemocora), gravedad (geocora) o por animales (zoocora). En el último caso se puede hacer la distinción si el dispersor es un ave (ornitocora), hormigas (mirmecocora), etc. También pueden clasificarse según si el animal se traga la semilla (endozoocoria) o si la transporta pegada a su cuerpo (epizoocoria).

Las plantas anemócoras se valen de estructuras en sus frutos que les permitan ser elevados por los aires. El laurel (Laurelia sempervirens) y la tepa (Laureliopsis philippiana) abren sus frutos al madurar y dejan al descubierto semillas con filamentos finos que les ayudan a ser arrastradas por el viento. El quillay (Quillaja saponaria), el bollén (Kageneckia oblonga) y el frangel (K. angustifolia), en cambio, abren sus frutos y liberan semillas que poseen un "ala" que facilita que el viento se las lleve.
Esta estrategia de dispersión tiene la ventaja de que puede llevar las semillas sumamente lejos del árbol madre, llegando a colonizar sitios aislados solo con la ayuda del viento. Algunas especies incluso han colonizado islas lejanas gracias a este método y han derivado en especies nuevas, como es el caso de los Dendroseris del archipiélago Juan Fernández. Pero por cada semilla que coloniza una isla lejana, miles o incluso millones murieron al caer al mar, de este modo, la desventaja de esta estrategia viene a ser lo azaroso de caer en un lugar propicio para germinar y desarrollarse o incluso que simplemente no sople viento suficiente como para alejar las semillas del árbol madre y crezcan compitiendo con este por los recursos agua, nutrientes y luz.

Fruto abierto de bollén, luego de haber dispersado sus semillas (foto de Benito Rosende).

La geocoria es una estrategia bastante simple que consiste en dejar caer los frutos o semillas y que la gravedad se encargue de diseminarlos. Para semillas y frutos de pequeño tamaño eso no parecería ser un problema: luego de caer o mientras caen el viento puede ayudar también a alejarse del árbol madre. En frutos grandes, en cambio, esta parece no ser una buena estrategia. De hecho, muchos de los frutos de gran tamaño que supuestamente se dispersan por geocoría, en realidad lo hacen por medio de animales que juntan estas semillas en despensas o las entierran para épocas de carestía, como suele ser el invierno. Luego, durante la primavera, aquellas semillas que no fueron consumidas germinan. Es el clásico caso de las ardillas que guardan bellotas. Mención honrosa podemos hacer del tunduco (Aconaemys fuscus) y la araucaria o pehuén (Araucaria araucana), que no es una planta con flor, ni da verdaderos frutos. El tunduco es un roedor que almacena los piñones de la araucaria para el invierno en despensas subterráneas. No siempre se come todas las semillas guardadas y algunas llegan a germinar.

Pingo-pingo (Ephedra chilensis) es una gimnosperma, no una planta con flor, pero recubre sus semillas con arilos carnosos y dulces diseñados para atraer animales que dispersen las semillas (foto de Benito Rosende).

El belloto del norte (Beilschmiedia miersii) da un gran fruto que cae y ahí queda. Es un caso notable de dispersión por geocoría pues al parecer no posee animales que lo dispersen o almacenen en galerías. Los frutos caen a cursos de agua (en cuyo caso pueden llegar mas lejos) o al suelo, donde quedan expuestos a roedores o ganado hambriento. A su pariente el belloto del sur (B. berteroana) le pasa algo similar, con la diferencia de que su fruto está cubierto de una pulpa de sabor dulce. La producción de azúcares tiene un costo metabólico importante, por lo tanto no tiene mucho sentido para un árbol recubrir las semillas con pulpa azucarada solo para que ésta se pudra en el suelo y de paso pueda ser un foco infeccioso que mate a la semilla misma. Es mas: muchos (si no todos) frutos carnosos poseen en su pulpa sustancias que inhiben la germinación de las semillas. ¿Será que que estos árboles, como le pasa a otras especies nativas, están esperando que animales de gran tamaño consuman sus frutos y los diseminen? ¿Quizá animales de gran tamaño ahora extintos como perezosos terrestres, caballos americanos o gonfoterios?

 
Así como en África los elefantes diseminan frutos como los de las acacias (der), los gonfoterios (izq) pudieron haber diseminado los frutos de palma chilena, espinos, algarrobos, etc. (imágenes sacadas de www.wikipedia.org).

Quizá la palma chilena (Jubaea chilensis) también espera a alguno de estos grandes animales a juzgar por el gran tamaño del fruto, que recubre con pulpa una semilla también de tamaño considerable, aunque en la actualidad sus semillas son almacenadas en galerías por el degú (Octodon degu), y algunas de estas germinan. Hace miles o quizá millones de años una palma chilena situada en una quebrada pudo haberse visto sacudida por el viento, dejando caer unos cuantos frutos directo en un estero que, con su corriente, los arrastraría grandes distancias. Dicho estero habría de tributar a un río, con sus semillas naufragas, para llegar al mar y desde ahí, arrastrado por las potentes corrientes marinas, y contra todo pronostico, haber llegado hasta la isla mas apartada del planeta: Rapa Nui. Aquí habrían de germinar y crecer las semillas viajeras, colonizando y poblando la isla y derivando en una nueva especie: Paschalococos disperta, endémica de la isla.
La palma de isla de pascua habría de extinguirse, quizá producto de la acción humana, aunque hace algunos años se llevaron ejemplares de palma chilena en un intento por llenar el nicho ecológico que quedó vació luego de la extinción de P. disperta.

Cuando los frutos maduros del colliguay (Colliguaja odorifera) son expuestas a las altas temperaturas del verano se revientan expulsando las semillas a distancia.

Pero en general los frutos carnosos están diseñados para ser consumidos enteros, con semilla y todo, y no solo la pulpa. Para ello los frutos desarrollan una serie de adaptaciones tanto para atraer al dispersor correcto, como para sobrevivir a la ingesta por parte de estos. Así, vemos que los frutos para las aves suelen ser de colores llamativos como el rojo o amarillo, ya que la mayoría de las aves ven en colores, del mismo modo, no suelen tener olores penetrantes ya que las aves no suelen tener buen olfato y son de un tamaño adecuado para poder ser consumidas. En Chile contamos con una multitud de aves que se alimentan de frutos y dispersan las semillas a través de sus excrementos: tencas (Mimus thenca), cometocinos (Phyrgilus sp.), tordos (Curaeus curaeus), etc. El zorzal es un conocido pájaro que vive en la naturaleza y en urbes, cerca de plazas y en jardines. Es un consumidor de fruta, entre otras cosas, y consume en jardines los frutos del nativo maqui (Aristotelia chilensis) y el exótico ligustrino (Ligustrum sp.). En Juan Fernández, donde se piensa que fue introducido accidentalmente, su alimentación frugívora ha favorecido la colonizacion en la isla de especies foráneas como la zarzamora o murra (Rubus ulmifolius), que crece rápidamente y cubre las plantas nativas en su intento por alcanzar la luz. También se alimenta de la murta continental (Ugni molinae), que ha adoptado un carácter invasivo y ha desplazado a la murta endémica del archipiélago Ugni selkirkii.

Frutos del maqui, antaño muy consumidos por la población indígena en Chile. Actualmente es un fruto muy apetecido por la cantidad de antioxidantes que tiene (foto sacada de www.wikipedia.org).

Fío-fío (Elaenia albiceps) consumiendo los frutos del litre (Lithraea caustica), un árbol endémico (foto de Paula Vásquez).

Habiendo tanta abundancia de pequeños frutos en los bosques chilenos, no es de extrañar que el peumo (Cryptocarya alba) fructifique en mitad del invierno, de modo que no tiene competencia y las aves frugívoras lo tienen como única opción para nutrirse de su pulpa.

Por el contrario, los frutos especializados en mamíferos no suelen ser de colores llamativos. Incluso algunos siguen verdes o se tornan café al madurar, ya que muchos mamíferos no ven en colores, o distinguen pocos colores, lo que se ve compensado por su olfato, razón por la cuál estos frutos tienen un aroma penetrante al madurar. Esto es para generalizar, de hecho, los primates vemos en colores y los frutos "para primates" suelen tener colores vistosos al madurar al mismo tiempo que tienen dulces fragancias o derechamente apestan.

Así como las plantas tienen estrategias para atraer dispersores, tienen adaptaciones para sobrevivir a la ingesta. Es por eso que algunas semillas tienen un sabor amargo o poseen toxinas, así el animal que ingiere entero el fruto no daña la semilla pues evita masticarla. La semilla puede estar cubierta de un endocarpio leñoso, lo que llamamos comúnmente "cuesco", que poseen guindas y duraznos. También puede ser que la superficie de la semilla, llamada testa, sea muy dura y gruesa: así evita el daño mecánico en la masticación y la acción de los jugos gástricos en el estómago de los herbívoros. Tal es el caso del espino (Acacia caven), cuyas semillas están cubiertas de una testa tan dura que les cuesta mucho más germinar cuándo se siembran de forma directa, que cuándo han pasado por el cuerpo de un caballo, una vaca o un guanaco (Lama guanicoe), que algunos piensan fue el animal que trajo a nuestro país este árbol, importándolo en forma de semillas en su tracto digestivo.
El guanaco es uno de los animales nativos que forma parte de la fauna mayor. Su rol en la dispersión de nuestra flora nativa no parece haber sido muy estudiado, como pasa con la vicuña (Vicugna vicugna), el huemul (Hippocamelus bisulcus) o la taruca (H. antisensis), nuestros otros grandes herbívoros nativos.
Quizá sean los guanacos quienes mejor dispersen o hayan dispersado los frutos de distintos cactus y árboles del Género Prosopis en el norte y centro de Chile.
En los excrementos la semillas pueden encontrar una dósis de abono que les facilite la obtención de nutrientes cuándo crezcan, también puede constituir una barrera mecánica frente a depredadores de semillas como roedores o insectos. Un ejemplo es el gorgojo del espino (Pseudopachymerina spinipes), que ataca toda semilla de espino que pase el tiempo suficiente en la vaina como para que sea detectado por el insecto.

Híbrido de guanaco y llama en el espinal de la Reserva Nacional Lago Peñuelas, en donde habitan manadas de estos camélidos, rellenando el nicho ecológico que quedó vacío luego de que en la zona extinguiesen los guanacos salvajes hace tanto tiempo (foto de Juan Pablo Salgado).

No solo herbívoros comen frutos, los omnívoros también, incluso algunos que pensamos que solo comen carne, como los zorros (Lycalopex sp.). En Chile viven tres especies de zorros: el culpeo (L. culpaeus), el chilla (L. griseus) y el de Darwin (L. fulvipes), también llamado de Chiloé o "zorro azúl" traducido desde el mapudungún. En la zona central, al culpeo y al chilla se le adjudica la dispersión del litre, pues se sabe que consumen sus frutos y sus fecas, en ocasiones, vienen repletas de sus semillas. Sin embargo, un estudio realizado en el Parque Nacional Fray Jorge parece indicar que al pasar por el cuerpo del zorro culpeo las semillas de litre demoran más en germinar, no así las semillas del pimiento (Schinus molle), cuyos frutos rojos y rosados también sirven de alimento a estos cánidos.

Excremento de zorro, fácil de identificar por las abundantes semillas de litre (foto de Juan Pablo Salgado).

El monito del monte (Dromiciops sp.) es un marsupial, también omnívoro, que goza alimentándose de los frutos de distintas mirtáceas, maqui y del quintral (Tristerix sp.), un arbusto nativo que parasita los árboles. El quintral posee un fruto de pulpa muy pegajosa que al pasar por el tracto digestivo del monito del monte queda pegado a las ramas de los árboles, pues el monito, haciendo honor a su nombre, es arborícola.

Monito del monte defecando una semilla de quintral, que es tan pegajosa que deja un hilo de caca (fotocaptura de la serie documental "Patagonia salvaje", episodio 1: "Montañas de Fuego" de la BBC).

Existe también la llamada mirmecocoría, en la cuál las hormigas son agentes dispersores. Estos animales son conocidos por tener una gran gama de alimentos y algunas especies almacenan semillas de pastos en galerías especiales que usan como despensas para tiempos de carestía. Eventualmente algunas de estas semillas pueden no ser consumidas y así germinar. En las siguientes fotos el autor, Bernardo Segura, me comenta que en el proceso de recolección de las semillas las hormigas le cortaban un filamento al fruto para transportarlo con mayor facilidad.
El quisco (Echinopsis chiloensis) posee unos frutos de pulpa blanca dulce comestibles para el ser humano, que se abren al madurar y son aprovechados tanto por aves como por hormigas que colectan la pulpa y con ella las pequeñas semillas.

Fotos de Bernardo Segura.


¿Y cómo lo hacen las plantas para evitar que sus semillas sean ingeridas por los depredadores de semillas, aquellos que las destruyen? Como se mencionó antes, los frutos llaman a tipos específicos de animales, y en sus excrementos hay una barrera frente a ciertos insectos, pero quizá en Chile ocurra algo más. Se sabe que en Europa los árboles alternan períodos de abundancia de semillas con años de muy poca fructificación. De esta manera los años de carestía reducen las poblaciones de animales como roedores, predadores de semillas más que dispersores. Al año siguiente, ante la disminución de estos predadores, los árboles generan muchos frutos que tienen mas probabilidades de sobrevivir. Esto a su vez aumenta con el tiempo la población de predadores, y el árbol nuevamente tendrá períodos de poca producción para acabar con esta abundancia de animales. Es posible que el mismo fenómeno ocurra en Chile. Quizá eso explica la "ratada", que es un fenómeno que ocurre cada varios años, cuando las plantas del Género Chusquea como la quila (Ch. quila y Ch. cumingii) o el colihue (Ch. culeu) florecen y dan frutos. Todos los miembros de la especie lo hacen a la vez, después de haber esperado años. Generan una sobreabundancia de semillas tal, que las poblaciones de roedores nativos aumentan hasta formar hordas voraces. Acaban prácticamente con todo su alimento y realizan migraciones en busca de algo que comer, por lo que a veces llegan a las zonas de cultivo y causan estragos entre los agricultores. Según testimonios recogidos en la X y XIV Regiones, los cuerpos de agua quedan con una "nata" de cadáveres flotantes de ratas. Muertas de inanición o ahogadas al tratar de cruzar ríos en busca de algo de alimento.

Roedores muertos en la orilla de cuerpos de agua en una ratada que tuvo lugar en 2001 (foto sacada del siguiente link: http://www.medwave.cl/link.cgi/Medwave/Reuniones/1/2568?ver=sindiseno).

Aunque extraño, otros grupos de seres vivos han empleado estrategias similares para reproducirse: animales y hongos. Primero veamos los animales: algunas especies de insectos palo, llamados en Chile "palotes" (Orden Phasmida), colocan huevos similares a semillas, imitando a las especies que son recolectadas por hormigas. Las semillas verdaderas poseen en su superficie una bolita con nutrientes (eleosoma) que es lo que atrae a las hormigas y las recolectan llevándolas bajo tierra a sus hormigueros. Los huevos de palote poseen también una estructura que imita a la de las semillas y las hormigas, engañadas, los llevan también bajo la superficie donde se desarrollan a salvo de depredadores pues luego las hormigas evitan consumirlos.
En cuanto a los hongos, es tema para toda una entrada mas adelante: las trufas. Existen muchísimas especies de trufas las cuales para reproducirse, a diferencia de otros hongos cuyas esporas son dispersadas por el viento, requieren de los servicios de animales. De forma análoga al fruto en las plantas, las trufas desarrollan una estructura subterránea nutritiva y repleta de esporas. Dicha estructura despide moléculas de olor que ayudan a los animales a detectarlas, así escarban en la tierra para encontrarlas y consumirlas, repartiendo las esporas en sus excrementos, cuán semillas.

Aunque las semillas en los excrementos vienen con una dosis de abono, en ocasiones su viaje no termina ahí. Los escarabajos estercoleros, que cuentan con varias especies nativas de Chile, disgregan las fecas para comer y para reproducirse: algunas especies hacen bolas de excremento que ruedan hacia un lugar propicio para enterrarla mientras que otros hacen túneles bajo la misma bosta para enterrar un poco de esta, de modo que indirectamente siembran estas semillas.

Homocopris torulosus (foto de Andrés Ramirez Cuadros).

A veces la dispersión de semillas puede se un tanto incómoda, como pasa con las plantas del Género Acaena, cuyo fruto cuenta con ganchos que se adhieren a los zapatos de las personas y seguramente también al ganado y, antaño, principalmente a zorros, guanacos y huemules. La planta introducida Ambrosia chamissonis crece en las dunas costeras del litoral central y sus frutos consisten en una cubierta con espinas que recubre la semilla. Para talones y plantas suaves puede ser muy doloroso pisar una de estas semillas. Seguramente la planta espera no una pisada humana si no la de algún ave playera que esté anidando entre sus matas o que pase caminando por allí.

Nido de pilpilén (Haematopus palliatus) entre Ambrosia chamissonis (foto de Benito Rosende).

Por último quisiera hablar del más grande dispersor de semillas de todo el mundo: el ser humano (Homo sapiens). Nuestra especie desde sus inicios ha propagado diferentes plantas, ya sea por nuestros excrementos o por la agricultura. Transportamos conscientemente hortalizas y árboles frutales en la forma de vástagos, tubérculos y también como semillas hacia nuevos rincones del planeta. Así han llegado a Chile árboles como el peral (Pyrus communis) o el manzano (Malus domestica) y en Europa llegó el choclo (Zea mays) o el tomate (Solanum lycopersicum). Hemos transportado semillas involuntariamente, como las malezas que salen en terrenos baldíos o aquellas que se han asilvestrado.
Para las especies nativas de Chile el ser humano ha tenido variados roles. Los primeros habitantes de nuestro territorio seguramente fueron dispersores de frutos pequeños a través de sus excrementos, y seguramente mas de algún fruto de peumo o de belloto del norte se cayó de las canastas donde los transportaban desde el bosque hacia sus poblados y campamentos, y el cuesco de los frutos del keule (Gomortega keule) debió ser lanzado lejos de la misma manera que uno lanza el cuesco del durazno cuando se ha comido la pulpa.
Actualmente nuestro rol es mucho mas consciente: multiplicamos plantas para adornar nuestras casas, calles y plazas. Mas importante: reproducimos plantas en peligro de extinción porque hemos comprendido el valor intrínseco de estas especies. Nos hemos convertido en una especie que puede, y debe, entender este valor y ejercer nuestra facultad de ayudar a aquellas que, gracias a nuestra imprudencia, podrían desaparecer.

Siembra de bellotos del norte, peumos y palma chilena (foto de Juan Pablo Salgado).

miércoles, 18 de enero de 2017

Las faenas del Cóndor (Vultur gryphus)

Foto de Bernardo Segura.

Hace 14.000 años, en la última era glaciar, Chile era, como el resto del mundo, un paraíso para la fauna salvaje. Un lugar de cordilleras, glaciares, bosques y estepas. Un lugar en que los cóndores circunvolaban los cielos chilenos en los mismos menesteres que hoy en día: hallar comida, refugio y pareja con quien formar familia. Pero es la búsqueda de alimento, quizá, el aspecto mas llamativo en la vida de estos animales.

Hace 14.000 años los cóndores buscaban los cadáveres de animales salvajes, grandes animales como nuestros ciervos y camélidos nativos. Estos animales, que muchas veces vivían cerca de riscos o en montañas, podían caer de las cornisas y hallar la muerte. Acudían entonces los cóndores a cobrar su parte en el festín que proporcionaba el cadáver.
Pero mas frecuentemente eran ayudados por el puma (Puma concolor), habitante antaño de todo el territorio nacional, que con sigilo tendía emboscadas a los grandes ungulados nativos y, una vez saciado su apetito, dejaba los despojos al cóndor.

Puma devorando guanaco (foto de Bernardo Segura).

Hace 14.000 años, en lo que hoy es Monteverde, una especie singular se alimentó de los restos de animales cazados en manada. Cacería librada con el ingenio que caracteriza a esta especie, la nuestra. Seguramente luego de sacar toda la carne posible del cuerpo de estos animales, para llevarla de vuelta a su tribu, el ser humano primitivo dejaba gran parte del cadáver para los cóndores.

Pero para encontrar su alimento, y a diferencia de lo que podría creerse, no se guían por el olfato, si no por la vista. Los cóndores vuelan manteniendo contacto visual unos con otros y cuándo uno ha detectado un cadáver y empieza a bajar, es detectado por sus vecinos que vuelan en su dirección, y estos a su vez son vistos por cóndores mas lejanos y así hasta que todos llegan a comer. El olfato de los cóndores no es muy bueno, como el de las aves en general, y quizá esto explique por qué el águila (Geranoaetus melanoleucus) es casi el único depredador del chingue (Conepatus sp.).
¿Cómo es de potente la vista del cóndor? ¿Será que simplemente otea el terreno en busca de algún cuerpo muerto? En España el buitre leonado (Gyps fulvus), que es análogo al cóndor andino, no solo busca cadáveres  en el suelo a la vez que ve a sus congéneres a la distancia. También está pendiente de otras aves de rapiña, de menor tamaño, que con su vuelo mas ágil y rápido detectan quizá mas fácilmente el alimento. Se ha descubierto que suele haber un orden, llegándo primero una especie, y luego otra y así hasta llegar los buitres. Quizá en Chile ocurra lo mismo. Quizá primero sean aves como el carancho cordillerano (Phalcoboenus sp.) o el traro (Caracara plancus) quienes le avisen involuntariamente al cóndor que la cena está servida.

Pero los cóndores no bajan de inmediato al festín. Su gran tamaño los vuelve torpes en tierra y les cuesta remontar el vuelo, por lo que solo bajarán si se han cerciorado de que sea seguro, por ejemplo, si los cazadores, sean humanos o el puma, ya se han ido. Una vez que han verificado la seguridad, bajan a tierra y se abalanzan en orden por el cadáver: la edad y el tamaño marcan la pauta de quién come primero, aunque ocasionalmente algún zorro (Lycalopex sp.) llega a perturbar el orden, suele ser espantado por el tamaño de los grandes cóndores. Primero comen los grandes machos, luego las hembras adultas y finalmente los jóvenes.

Comiendo guanaco (foto sacada del siguiente link: http://www.arkive.org/guanaco/lama-guanicoe/image-G43785.html)

Miles de años después de que el primer ser humano pisara lo que hoy es Chile, ya en el período colonial, los huasos y arrieros conocían bien al cóndor, seguramente gracias a conocimientos heredados de nuestros antepasados indígenas. Los arrieros en la cordillera lo ven en el cielo mientras guían los rebaño entre pasturas y bofedales. Lo ven también alimentándose de los restos de sus animales, cuándo los carnean en plena cordillera para comer, hacer charqui o cualquier otro plato. Bajan entonces las aves a alimentarse de lo que quede. Ya no es la carne del guanaco la que alimenta a las aves en la Región Metropolitana, si no la de vacunos , caballos y otros tipos de ganado.
Pero este conocimiento del entorno no era, ni es, infalible: existía la creencia de que el cóndor es capaz de llevarse un cabrito u oveja en sus garras para alimentarse de él. Esto no es cierto: los cóndores no poseen la fuerza suficiente para alzar un animal de ese tamaño en vuelo. De hecho apenas si pueden volar cuándo han comido.

Lo que si es cierto es que los cóndores ocasionalmente matan y devoran las crías recién nacidas del ganado, ya que aún son incapaces de pararse y correr. Quizá pierdan los indígenas del norte algunas crías de llama o vicuña en las fauces del cóndor. En Chile central los arrieros tenían una forma de eliminar al cóndor, a quien veían en ocasiones como una alimaña, precisamente por la creencia errónea de que se llevaba a los animales en vuelo. Para ello dejaban un cadáver de animal y un recipiente con agua dentro de un cerco de ramas. Al cuerpo del animal se le echaba mucha sal de modo que el cóndor al bajar y alimentarse de él, tomara luego mucha agua. El peso extra de la carne más el agua le dificultaban al ave volar de modo que debía hacer una carrera para obtener el impulso necesario para despegar, pero dentro del cerco le era imposible y quedaba atrapado. Entonces llegaba el arriero y lo mataba.


Fotos que tomé de la historieta chilena Mampato en "El cruce de los Andes".

¡No apto para gente sensible! En el video podemos ver un cóndor macho adulto comiéndose vivo un ternero.

Si bien en el extremo sur, en lugares como Torres del Paine o Tierra del fuego los cóndores siguen alimentándose como antaño, en la zona central el ser humano está abandonando el mundo rural para irse a la ciudad. Del mismo modo, cada vez son menos los arrieros que cruzan la cordillera, y menos las ocasiones para alimentar al cóndor. ¿Qué ha pasado con la ancestral relación entre el cóndor y el ser humano en lugares como Santiago y alrededores? La ciudad ha dado nuevas oportunidades al cóndor: miles de toneladas de basura llegan a vertederos, en dónde los plumíferos llegan a buscar restos de carne ¡Pero cuidado! Pueden comer accidentalmente sustancias tóxicas o indigestas como el plástico, lo que les amenaza de muerte. Ya se han rescatado cóndores por tener bolsas plásticas y otras basuras en su cuerpo.


Respecto a esto, el relleno sanitario Loma Los Colorados de la firma KDM tiene notables historias. Ubicado en Til-Til, recibe miles de toneladas de basura diariamente. Del mismo modo, recibe varios cientos de toneladas de cadáveres animales mensualmente producto de desechos de mataderos y del hipódromo, nada mal para alimentar a un ave carroñera. El problema, como ya se comentó, es que al estar mezclados entre la basura plástica y de otros tipos, los cóndores comen junto con la carne otras sustancias, lo que provocó que en 2005 desde KDM se contactaran con el SAG y trasladaran a 5 cóndores en mal estado al Zoológico Metropolitano. Esta situación se repetiría dos días después.
Soluciones para evitar esta situación han sido desde hacer sonar un cañonazo que los espante, hasta corretearlos. Incluso se instaló un comedero a algunos kilómetros del vertedero, para que los carroñeros vayan a faenar allá en vez de al vertedero, pero esto supone otro problema: los cóndores se acostumbrarán a comer en ciertos puntos limitados, perdiendo su costumbre de errar buscando cadáveres.

 Cóndores en comedero, en Chile, seguramente en el comedero instalado por KMD. Fotocaptura del documental "La tierra desde el cielo", episodio "Sudamérica".

¿Qué les pasará a los cóndores a medida que el ser humano urbaniza más y más? No podemos permitirnos perder esta magnífica especie, que forma parte de nuestra identidad. En Santiago, el cerro Manquehue se traduce desde el mapudungun como "el lugar del cóndor". Quizá sea momento de que, desde sus alturas, vuelva a deleitarnos con su avistamiento. Quizá así mas gente tome conciencia del problema.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Entrevista a Constanza Schapheer, de Molukia pequeños guardianes del litoral

Trabajos en terreno en Curacaví (foto sacada de su fanpage en Facebook).

Constanza Schapheer es entomóloga de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la educación. Trabaja en el área de entomología de la universidad estudiando, entre otras especies, a las molukias, cucarachas nativas. Junto a Cristián Villagra y Alejandro Vera llevan el proyecto Molukia pequeños guardianes del litoral para dar a conocer estos animales y promover así su conservación. Los invitamos entonces a darle Me Gusta a su página en Facebook, del mismo nombre, y a visitar su página web:


Constanza, cuéntanos en que consiste Molukia ¿Qué es lo que investiga? ¿Quienes forman parte de este proyecto?

El proyecto Molukia lo componemos 2 académicos de la UMCE (Cristian Villagra y Alejandro Vera) y yo que soy Magister en Entomología de la UMCE. El proyecto nace de la necesidad de recabar datos sobre este grupo de insectos (las cucarachas o baratas) que está tan poco estudiado. De hecho desde los años 30 que no se publica nada, y nosotros decidimos abordarlo desde la conservación porque el hábitat de las molukias está en grave peligro por el avance de las empresas inmobiliarias.

Hábitat de las molukias (foto sacada de su fanpage en Facebook).

Suele pasar que los insectos nativos son poco estudiados en el país. Estos insectos, las molukias ¿Es el nombre indígena para "barata" o "cucaracha"?

No exactamente, el autor de este Género James Rehn dice en la descripción que quiso hacerle un homenaje a los "araucanian indians" y que por eso le puso "Moluchia" sin embargo yo pienso que andaba un poco perdido porque ni por si acaso suena a "mapuche".

Errar es humano dicen. Curioso que un científico quisiera rendir culto a un pueblo indígena pues asumo por el apellido y su error que ni siquiera era chileno ¿no?

De hecho lo más probable es que ni siquiera haya visitado Chile y que el material le haya llegado de una tercera persona. Pero de todas formas me parece es importante conservar la idea del homenaje a los mapuches y es por eso que en la gráfica del Proyecto Molukia utilizamos algunos elementos que hacen referencia a ellos.

Foto sacada de su fanpage en Facebook.

Respecto a las molukias, suele asociarse a las baratas con la inmundicia y enfermedades ¿Es tan así?

Un poco para derrumbar mitos, a la fecha existen al rededor de 4700 especies de cucarachas descritas en todo el mundo y menos de 50 causan problemas para la actividad humana. De hecho en Chile hay 5 especies plaga y todas son introducidas y de distribución cosmopolita. Por otro lado las molukias son endémicas de nuestro país y habitan en sectores con poca perturbación antrópica y en asociación con plantas nativas. Querer comparar a las cucarachas plaga con las molukias es equivalente a querer comparar un guarén con un degú.

Importante aclararlo. Entonces las molukias no parecen representar un riesgo para el ser humano. ¿Estos insectos que rol desempeñan en sus ecosistemas ? Como diría el común de la gente ¿Para qué sirven?

Ahhhh no te respondí lo de las enfermedades. Hay evidencia que algunas especies cosmopolitas transmiten enfermedades, como es el caso de Blatta orientalis, que estudios demostraron que transmite paratuberculosis. Por otra parte las molukias al preferir ambientes silvestres interactúan muy poco con los humanos por lo que sería muy difícil que se transformaran en vectores. Con respecto al rol ecosistémico que cumplen, es algo que estamos recién explorando, una de nuestras hipótesis es que podrían ser formadores de suelo.

Foto sacada de www.molukia.cl

¿Qué es un formador de suelo?

es un agente que participa de la degradación de la materia orgánica vegetal y su acción tiene como efecto la formación de suelo. Por ejemplo un formador de suelo conocido por todos son las lombrices de tierra.

Estos insectos ¿dónde viven? ¿Están a lo largo del país haciendo suelo?

Lo del suelo es por el momento una hipótesis no más. La distribución de las molukias va desde el sur de los vilos hasta Chiloé aproximadamente. Hay 5 especies descritas para Chile (a la fecha) y es posible encontrarlas en el Matorral Mediterráneo y Bosque esclerófilo. No descartamos que su distribución pueda ser más amplia, pero a la fecha en base a observaciones de campo y revisión de colecciones entomológicas esa sería su distribución.

Se discute también el posible rol de polinizadores en su hábitat (fotos sacada de www.molukia.cl).

¿Hablamos entonces de especies exclusivas de nuestro país?

Si, hay 5 especies del Género Moluchia en Chile y 1 para Brasil pero conversando con especialistas brasileños ellos piensan que fue una error en la asignación del Género. Por lo que es muy probable que incluso el género sea endémico.

¿Las molukias se encuentran amenazadas? ¿O son abundantes?

En general son abundantes en los ecosistemas silvestres (Matorral Mediterráneo y Bosque esclerófilo), sin embargo son muy sensibles a la perturbación antrópica. Por ejemplo ahora está en proceso de clasificación Moluchia brevipennis que es una especie del borde costero que preliminarmente está siendo categorizada como Vulnerable por la destrucción del hábitat.

Moluchia brevipennis (foto sacada de www.molukia.cl).

¿Cuales son las causas de esta destrucción de su hábitat?

Principalmente la construcción de casas y edificios de veraneo. Que no solo se contentan con construir sino que también reemplazan las especies de plantas nativas por especies exóticas. Tal ves si se construyera pero se mantuvieran los jardines con especies de plantas nativas no sería tan dañino.

Estoy completamente de acuerdo. Imagino que estos insectos no están en la conciencia colectiva del chileno, por lo que hablábamos de que son asociados a enfermedades. ¿La gente siente empatía por estos animales cuándo les hablas de ellos?

Eso pasa en general con toda la fauna nativa , las personas conocen más a los animales africanos que a los que tenemos acá (eso ya es una barrera). ¡Ahora imagínate cuando hablamos de insectos que no son abejas y que más encima las personas asocian con suciedad! Es muy difícil que las personas generen empatía, de hecho no buscamos esa empatía que generan los mamíferos, por ejemplo, que es un sentimiento. Nosotros apelamos a lo que llamamos un "amor racional", es decir, que las personas comprendan que todos los elementos dentro de un ecosistema cumplen un rol en su mantenimiento.

Cucaracha de Hualpén (Epilampra hualpensis), un pariente de las molukias que vive en los bosques del sur de Chile (foto de Josef Dvorak, tomada de Informe Tierra).

Es una visión mucho mas holista. Para concluir ¿Hay algo que le quieras decir a los queridos lectores de este blog?

Si llegaron a este blog es porque les interesa la biodiversidad de nuestro país por lo que sigan así y que ojalá le transmitan ese interés a sus cercanos.
Y obviamente muchas gracias por darme la oportunidad de hablar de mis cucas.

Gracias a ti Constanza por la entrevista


Pienso que la extensión y divulgación científica es muy importante. Nadie se acerca a ciencia leyendo papers.

A continuación les dejamos un par de microdocumentales realizados por Molukia, muy recomendados para entender mejor a estos incomprendidos bichos: